MIAMI, Estados Unidos — “En el hotel Don José cobran lo que les da la gana porque se quedan con la diferencia. Hay un descontrol con los precios, tienen habitaciones de 750, de 900, de 2.000 y hasta de 2.500 pesos. A mí intentaron cobrarme 1.000 pesos por una habitación que en realidad costaba 900, solo para quedarse con esos 100 pesos por la izquierda (ilegal). Te roban en tu propia cara. También te obligan a comer en el hotel Turquino, quieras o no. Allí la comida es pésima, la mayoría de las veces lo que hay es arroz amarillo y embutido”, detalla Miguel Suárez, huésped que pasó por dos de los hoteles del centro de la ciudad en semanas recientes.
En la ciudad de Holguín, media docena de hoteles que alguna vez definieron la vida urbana funcionan hoy con habitaciones sin agua corriente, problemas hidrosanitarios y constructivos, equipos rotos y un sistema de precios que varía de un huésped a otro sin explicación.
El deterioro une dos elementos distintos: por un lado, edificaciones que superan el medio siglo sin mantenimiento integral; por otro, prácticas de cobro y gestión que los propios visitantes describen como ilegales. Todo suma una oferta de alojamiento urbano cada vez más reducida.
“El Hotel Turquino es un desastre, el peor de toda la ciudad. En las habitaciones no hay agua, los ventiladores y televisores están de adorno porque están rotos, y los pocos aires acondicionados que quedan hacen un ruido y no enfrían”, denuncia Carlos Mendoza.

El hotel Majestic, en cambio, ofrece mejores condiciones, aunque no ha solucionado el problema del agua. “El Majestic tiene las mejores habitaciones y los aires acondicionados funcionan, pero hay que cargar cubos de agua por las escaleras para poder asearte”, detalla Jorge Ramírez, quien agrega: “En el buró de reservaciones te obligan a que estés solo cuatro o cinco noches. Lo hacen a propósito para forzarte a ir al Turquino, porque como es el peor de todos, nadie quiere ir allí”.

La opinión generalizada es que ha desaparecido la función hotelera en la ciudad. “La tradición hotelera de Holguín está en crisis”, dice tajante Héctor Silva y agrega: “El hotel Praga, que antes era una buena instalación, lleva años cerrado por una supuesta reparación que no avanza; de hecho, ya se han robado hasta las persianas. El hotel Los Ángeles se lo dieron a los trabajadores de comercio para que vivan allí. Los hoteles de la ciudad se han caído a pedazos”.
Un trabajador del sector que pidió anonimato por temor a represalias refiere la explicación técnica detrás de la crisis: “Los hoteles de la ciudad no tuvieron reparaciones sistemáticas en cubiertas, estructuras, carpintería, redes hidráulicas, baños, climatización y electricidad. Siempre se priorizaron los hoteles de la playa para el turismo internacional. Por eso los hoteles de la ciudad se han ido destruyendo”.

De las fondas del siglo XIX al auge republicano
El antecedente documentado de la hotelería holguinera se remonta a 1820, cuando abrió La Viajera, una fonda-hospedaje que ofreció comida y cama a comerciantes y viajeros. Durante el siglo XIX se abrieron mesones, hostales, casas de huéspedes y cafés para militares, funcionarios y visitantes de Cuba y del extranjero.
El apogeo hotelero en la ciudad de Holguín inició en las primeras décadas del siglo XX, gracias a la construcción de la Carretera Central, abierta en 1931, la que facilitó la llegada de visitantes.
Según los registros históricos, en enero de 1959, la ciudad contaba con unos 17 hoteles y alrededor de 200 habitaciones. Los hoteles Tauler, Royal, Patayo y Majestic eran los más representativos.
El Tauler pasó a llamarse Turquino, el Royal se convirtió en el Santiago, el Patayo dio origen al Praga y el Majestic conservó su nombre original.
Desde 1959, todos los hoteles fueron intervenidos y pasaron a ser administrados por el Gobierno, que se encargó de los recursos, la planificación y las inversiones.
Entre 1980 y 1990, el desarrollo turístico provincial pasó hacia los polos turísticos de playa y la hotelería citadina quedó relegada frente a esas nuevas opciones de sol y playa para el turismo internacional.
Frente a ese panorama, la recuperación en el centro de la ciudad del Saratoga, el Caballeriza y el Esmeralda bajo la marca Hoteles E se interpreta como una intención por revertir el daño.
Sin embargo, estos tres hoteles cobran el hospedaje en dólares estadounidenses (USD) según las características de cada habitación: el Caballeriza cobra entre 40 y 50 dólares por noche con desayuno incluido, el Saratoga entre 50 y 60 dólares también solo con desayuno y el Esmeralda no está ofreciendo servicio de habitación.
Frente a esa alternativa de pago en divisas, la red tradicional en moneda nacional muestra una distancia evidente con la realidad que describen huéspedes como los del Turquino, el Don José o el Majestic.
“La mayoría de los cubanos no podemos hospedarnos en los hoteles que cobran en dólares porque aquí solo pagan en pesos cubanos. Tenemos que seguir sufriendo con todos los males de los hoteles en moneda nacional”, finaliza Carlos Mendoza.










