MIAMI, Estados Unidos ― El Gobierno cubano volvió a negar este jueves que exista progreso en sus contactos con la Administración Trump. “Es evidente que sin avances”, afirmó el viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío a Prensa Latina, en referencia a las comunicaciones directas y las reuniones presenciales que ambos gobiernos han sostenido en los últimos meses.
El diplomático habló en Nueva York, donde integra la delegación cubana al segmento de alto nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas, un día después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, diera por fracasada la Revolución Cubana y anunciara que Washington volverá a involucrarse en el tema.
“La Revolución Cubana ha fracasado. Ha fracasado durante 60 y tantos años. Es un fracaso ahora”, dijo Rubio el miércoles, en una rueda de prensa en el hotel Palace de Nueva York. El jefe de la diplomacia estadounidense opinó que “dentro del sistema cubano se reconoce que la Revolución ha fracasado” y que sus dirigentes tienen la oportunidad de “empezar a poner a su país en una trayectoria irreversible hacia el progreso y un futuro mejor”, algo que, a su juicio, “implica tanto libertad política como económica”. “Así que vamos a volver a involucrarnos en ese expediente. (…) Estamos abiertos a medidas que, en adelante, den inicio a ese proceso de cambio”, añadió.
Fernández de Cossío argumentó que no puede hablarse de avances cuando el Gobierno de EE.UU. “impone con frecuencia semanal o quincenal nuevas medidas coercitivas de castigo al pueblo cubano y continúa reforzando la brutal guerra económica”. Sobre las reuniones mismas, un asunto sobre el que insisten los medios estadounidenses, se limitó a decir que su gobierno maneja “con discreción”. Recordó que ambos países mantienen relaciones diplomáticas formales y, por tanto, un canal oficial de comunicación.
“Hemos tenido siempre la disposición a conversar seria y responsablemente con Estados Unidos sobre nuestras diferencias y para resolver asuntos de la relación bilateral, sobre bases de respeto y apego al Derecho Internacional”, reiteró, y precisó que La Habana sigue abierta al diálogo, “entre otros motivos por convencimiento de que la razón” está de su parte.
La página del Departamento de Estado dedicada a las sanciones contra el régimen cubano registra nueve rondas de designaciones entre el 7 de mayo y el 20 de agosto, con intervalos de entre una y tres semanas. A ellas se sumaron la del 3 de septiembre, que alcanzó al Banco Exterior de Cuba, a dos empresas del níquel, a dos entidades vinculadas a la Unión Cuba-Petróleo (CUPET) y a Fidel Ernesto Castro Calis, nieto de Raúl Castro, y la del 17 de septiembre, contra cuatro entidades estatales del níquel, cuatro centros militares de investigación y desarrollo y tres oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Rubio fijó también los límites de un eventual entendimiento. “Obviamente, hay algunos individuos en ese régimen con los que nunca podremos trabajar porque tienen las manos manchadas de sangre. Pero hay personas allí con las que creo que se podría trabajar, si están dispuestas a poner al país en un camino hacia la libertad política y económica”, declaró. Reconoció que quienes hablan en nombre del Gobierno cubano se muestran, “al menos públicamente”, “bastante recalcitrantes”, y advirtió que “no se revierten 60 y tantos años de mala gestión, corrupción e incompetencia en seis meses”.
Preguntado si el cambio en la Isla podría pasar por una extracción militar como la ocurrida en Venezuela, el secretario de Estado respondió que, como principio general y no específico para Cuba, el presidente tiene “tanto el poder como la obligación” de actuar ante una amenaza a la seguridad nacional de EE.UU. Precisó, sin embargo, que la preferencia de Washington es resolver estos casos “de forma negociada, de forma política”, mediante cambios sustanciales “que no impliquen el uso de la fuerza militar”. “No voy a especular más allá de eso, y desde luego no voy a amenazar con nada”, dijo.
Las reformas económicas son otro punto de choque. Fernández de Cossío describió la transformación en curso como “un proceso amplio e integral, que conlleva un intenso esfuerzo legislativo y normativo para lograr su implementación”, y aseguró que “ya se ha avanzado considerablemente en ese empeño y la materialización de lo aprobado ya es una realidad que se experimenta progresivamente”. Rubio, en cambio, puso en duda su alcance. “Incluso ahora, mientras anuncian estas reformas, todo el mundo dice ‘Bueno, esto solo está en el papel’”, afirmó, y sostuvo que el régimen carece de credibilidad para cumplir esas condiciones.
Esa desconfianza marcó también su respuesta sobre las inversiones estadounidenses. Rubio recordó que la Ley Helms-Burton impone “limitaciones sustanciales” a lo que cualquier empresa de EE.UU. puede hacer en Cuba y admitió que hay compañías e individuos a los que les encantaría participar en el futuro económico del país, “pero ahora mismo eso no es posible”. “Nadie va a invertir en Cuba bajo su actual modelo de gobierno. Sencillamente no lo van a hacer”, aseguró.
Su diagnóstico contrasta con el de John Kavulich, presidente del Consejo Comercial y Económico EE.UU.-Cuba, quien dijo el 21 de septiembre a The Christian Science Monitor que ya se preparan acuerdos de inversión privada estadounidense en la Isla y que el diálogo entre ambos países no se ha interrumpido. “Los gobiernos, a través de empresas privadas, están hablando todos los días”, afirmó.
El vicecanciller dedicó parte de sus respuestas a la colaboración médica, uno de los frentes de la ofensiva estadounidense. “Estados Unidos ejerce una presión abusiva sobre países en desarrollo que desean prestar servicios de salud a sus respectivas poblaciones, se comprometen políticamente a hacerlo y han solicitado ayuda a Cuba con ese fin”, dijo.
Según Fernández de Cossío, esa presión lleva a algunos de esos gobiernos a renunciar a la ayuda contra su voluntad, lo que calificó de imposición coercitiva sobre naciones soberanas. Washington sostiene lo contrario: al anunciar en agosto de 2025 restricciones de visado contra funcionarios africanos, cubanos y granadinos, Rubio describió las misiones médicas como un esquema en el que los profesionales son “alquilados” por otros países a precios elevados mientras las autoridades cubanas se quedan con la mayor parte de los ingresos, e instó a los gobiernos a pagar directamente a los médicos.
El cruce de declaraciones se produce en la misma semana en que Trump, ante la Asamblea General, afirmó que Rubio “está metido de lleno en negociaciones con Cuba” y pronosticó que el Gobierno de la Isla “caerá”. La delegación cubana abandonó la sala durante el discurso.










