En la encrucijada: el legado de Trump pasa por Cuba

Mientras Washington endurece su discurso contra La Habana, millones de dólares en combustible estadounidense siguen llegando a la Isla. Parte del legado de Donald Trump dependerá de si logra cortar de raíz el castrismo o permite que la dictadura vuelva a retoñar.
Donald Trump en la Casa Blanca
Donald Trump en la Casa Blanca (Foto: Trump White House Archived)

PUETO PADRE.- “Dice él que quiere hacer a Estados Unidos grande de nuevo, y en mi opinión, parte del legado del presidente Donald Trump podría estar en una encrucijada. Porque esa herencia pasa también por Cuba. , y parece que «Trump compró cabeza pero le cogió miedo a los ojos», escuché decir a mi padre en sueños, repitiendo el refrán que solía recordar cuando alguien sin fuerzas o sin voluntad para persistir en el empeño, abandonaba una tarea sin concluir cuando ya la daba por hecha. Y por ahí vamos los cubanos ¿no?

Y, no sería ese sentir pesimista el de muchos, _y en mi caso hasta en sueños_ si la administración Trump hubiera actuado según los hechos. Aunque reconozco que han presionado mucho más que cualquiera de todos los gobiernos estadounidenses en 67 años, hemos escuchado ya tantas veces a Trump, a Rubio, a Hegseth…, decir y redecir sobre el futuro de Cuba para que a fin de cuentas lleguen millones de dólares en combustibles estadounidenses a Cuba. Combustible que se usa desde para rodar automóviles de turismo hasta para que un central privado y nada menos que el llamado “Coloso” produzca azúcar para la dictadura. ¿O me dirán que las tropas especiales toman café amargo o infusiones de yerbas sin azúcar y sus vehículos se mueven con agua? Óiganme, en la encrucijada, sí, en un dilema, se encuentra hoy el legado de Trump, aunque parezca sublimado, increíble o surrealismo.

Pienso que el legado del presidente Donald Trump antes de perpetuarse en Washington pasa primero por Cuba, por la sencillísima razón que Estados Unidos no puede ser grande otra vez con un adversario situado a 90 millas, con la capacidad demostrada de influir en los medios de comunicación, en las universidades, en el poder legislativo, en la sociedad toda, hasta llegar a reclutar agentes de penetración en el Departamento de Estado y en el mismísimo Pentágono.

Sí. En una encrucijada cual en una talanquera está el legado de Trump y pasa por Cuba primero _y no es el mero título de esta columna_ porque es, o será, la toma de decisión de una administración de Estados y por segunda vez en la historia, _ya ocurrió en 1898_ el fundamento para consolidar la seguridad nacional de Estados Unidos. Seguridad que siempre correrá peligro según demuestran los hechos históricos en estos 67 años, mientras Cuba sea una república que todavía y desde el 20 de mayo de 1902 y hasta el día de hoy, no cuaja ni como nación ni como Estado porque es un mero montón de gente.

La razón del problema, el de Cuba y los cubanos pero que incumbe a Estados Unidos y marcadamente desde 1959 y hasta el presente y por efecto bumerán _lo he dicho antes y lo reiteraré siempre_ es por ser un conflicto de origen genético, ramplón, (¿esa razón hará que todavía no lo distingan tal cual es?). Sí, el de una cleptocracia feudal, la de los hermanos Fidel y Raúl Castro devenida en el clan que ahora con más nitidez se aprecia cabalgando sobre los poderes del Estado sin ningún miramiento, como vemos hacer al nieto de Raúl Castro al que apodan “El Cangrejo” _y hasta el mote por acumulación de patas en un caparazón suena a mafia_ pues ese origen tiránico por naturaleza más que por política, lesiona intereses sociales, económicos y jurídicos de millones de personas, ¡pero no como si fuera un país!, sino como en realidad funciona, como un señorío de gleba, que, como lógico es, atañe también a los vecinos geográficos y al panorama geopolítico.

Lo he dicho antes pero es necesario reiterarlo ahora en estos momentos de simulaciones de cambios anunciadas por el Partido Comunista de Cuba (PCC): Las negociaciones de Washington con la cleptocracia de La Habana no terminarán con la dictadura castrocomunista. Y, por supuesto, la administración Trump se encuentra por estos días en una encrucijada. La de cortar de raíz o simular que tala el árbol de la dictadura, pero con un corte alto, para que retoñen hijos feudales nuevos.

El dilema que enfrenta Donald Trump respecto a Cuba es, si pasará a la historia como uno más de los 10 presidentes que le antecedieron _Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush, Clinton, G W. Bush, Obama y Biden_ desde 1959 y que por más de 60 años mantuvieron un modus vivendi con la dictadura de los hermanos Castro. O, si su nombre será inscripto en los anales de la historia de Estados Unidos como el presidente que eliminó el peligro que amenazó y actuó contra los estadounidenses desde que el mismo Fidel Castro lo admitió el 5 de junio de 1958, estando todavía en la Sierra Maestra y refiriéndose a “los americanos” dijo: “Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.

Y ese “destino verdadero” hay que admitir que Fidel Castro lo cumplió. Desde 1959 hizo él y están haciendo _quienes se dicen “somos continuidad”_ de Cuba un régimen totalitario, exportador de revoluciones marxistas hacia Las Américas y África. Y y de paso emplazaron en suelo cubano sirviendo a Moscú, armas nucleares tácticas y estratégicas, apuntando a las principales ciudades de Estados Unidos. Después de ser base nuclear, se consolidaron cual centro de espionaje radioelectrónico y humano, de inteligencia y contrainteligencia ofensiva para beneficio del régimen y de otros Estados hostiles a Estados Unidos, llegando a “sembrar” _como público y notorio es_ con agentes de penetración, de ruta, de influencia, y de tontos útiles, desde la Casa Blanca, el Capitolio, el Pentágono, la CIA, el FBI, las universidades, los periódicos y cuantos objetivos de interés operativo fue y es del régimen castrocomunista en el territorio de Estados Unidos. Sin obviar, claro está, el principal propósito de influencia, que es la familia estadounidense, matriz de opiniones del que luego será empresario, académico, representante, senador, presidente… o, agitador comunista.

¡Sí! Todo eso lo hemos dicho muchas, ¡muchas! veces antes, incluso muchísimo antes que el Departamento de Estado publicara el informe titulado, Cuba, la capital del comunismo del siglo XXI, Pero es necesario recordarlo una vez más. Porque en la encrucijada de hoy, el legado de Trump pasa por Cuba, y con tanta baladronada del lado de acá, no sea que, como decía mi padre, alguien “compró cabeza y le cogió miedo a los ojos”.

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