Marco Rubio, ¿el central “Coloso” es inmune a la ley?

¿Son inmunes a la ley las personas que trafican con bienes despojados forzosamente a sus legítimos dueños, como es el caso del otrora central Delicias ahora llamado “Coloso”?
central las tunas
Foto: del autor

PUERTO PADRE, Cuba.-Una felonía nos recuerda este suceso. Sí, por supuesto, por analogía de crímenes comparados nos trae a la memoria la traición de quienes, por lucrar con bienes expropiados a personas de su mismo gremio, se involucran con los enemigos del país que los acoge. Y en este caso _si no es una tapadera_ presuntamente serían empresarios azucareros extranjeros, residentes o visitantes frecuentes y con propiedades en Estados Unidos, quienes bajo la cobertura de una sociedad anónima estarían en negocios con el régimen cubano. Según el glosario de la Ley Libertad, incurren en tráfico quienes negocien con propiedades de ciudadanos estadounidenses forzosamente expropiados, desposeídos contra su voluntad y sin compensación.

Y precisamente este es el caso de la sociedad anónima “dueña” del central ahora llamado “Coloso”, pero que en realidad es el central Delicias, perteneciente a la empresa estadounidense The Cuban American Sugar Mills Company, único ingenio azucarero que junto al Chaparra, propiedad de la misma compañía, fuera expropiado en dos ocasiones. La primera vez fue el 19 de diciembre de 1933 en el llamado Gobierno de los Cien Días, por orden del ministro de Gobernación Antonio Guiteras, pero los estadounidenses fueron restituidos en sus propiedades apenas un año después, por el gobierno del presidente Carlos Mendieta. La segunda expropiación del central Delicias que se mantiene hasta el día de hoy y con el agravante de pasar la intervención de…, “por utilidad pública” a lucro privado como ocurre en la actualidad, recién ocurrió hace 66 años, el 20 de julio de 1960 por la Resolución 195 de Fidel Castro.

Por esas razones y en su justo contexto jurídico, digo que Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, pertinente con preceptos universales de derecho internacional y específicamente de la Ley Helms-Burton, en su jurisdicción y en este caso tiene por presumible infracción de ley un asunto por resolver.

Y al respecto de esos sucesos pendientes de resolución jurídica es pertinente preguntar:

¿Son inmunes a la ley las personas que trafican con bienes despojados forzosamente a sus legítimos dueños, como es el caso del otrora central Delicias ahora llamado “Coloso”?

¿O…, es que acaso los llamados “guatemaltecos”, “el español” o “el biznieto”, _según reseñamos en el artículo anterior_ o quienes en realidad sean, están haciendo negocios en Cuba con el régimen castrocomunista con licencia de la administración Trump?

Hago esas dos preguntas porque lo que sí es vox populi, y no mera hablilla y así me lo confirmó el pasado lunes una fuente oficial _que por razones obvias no revelaré_ es que, efectivamente, hay una sociedad anónima con capital 100 % de procedencia extranjera que desde principios de este año y hasta el día de hoy, mantiene operativo y a título de “dueños” al único central azucarero de propiedad privada en Cuba, que es el otrora Delicias, ahora llamado “Coloso”, o, “Coloso Antonio Guiteras S.A.”

“La dirección (central) del Partido (comunista) y del Estado sí conocen con quién estamos tratando”, me dijo el funcionario, afirmando, “pero al ser una sociedad anónima, esa es una información que no está a nuestro nivel, porque el propietario ya fuere una persona natural o jurídica es alguien desconocido en nuestro entorno, y las personas que están a la vista, puede que sean socios, accionistas o administradores.”

“Sí sabemos porque mantenemos los lógicos contactos con ellos, que hay tres extranjeros dirigiendo y supervisando las operaciones agroindustriales y de economía; dos guatemaltecos que están hospedados ahí mismo, en Delicias, en las que fueron viviendas de técnicos alemanes, y que luego fue la filial universitaria; entiendo que el español radica en Estados Unidos desde donde garantiza los envíos de combustible y demás insumos imprescindibles para el funcionamiento del central.”

Al respecto traigamos ahora una nota de color, periodísticamente hablando, pero que tiene otros panoramas. Resulta que los dos “guatemaltecos” fueron a una tienda improvisada, no lejos del central, en una casa de familia, dedicada a vender toda suerte de géneros, artesanales e industriales, desde herramientas hasta juguetes. Los “guatemaltecos”, que llegaron en un vehículo, pidieron hablar con el dueño, iban a comprar cuatro pares de botas de goma para reponer las que les habían “robado”, pero iban además, a explorar la posible adquisición allí de otros útiles, pues si en el presente el objetivo es la producción de azúcar, en el futuro los planes son la diversificación, y ya han comprado sembrados de frutales con fines industriales.

Ahora caben otras interrogantes más allá de los planes con la pulpa de mango, la cría de vacas o la siembra de arroz, porque un central azucarero no hace zafra en las condiciones de Cuba sin suministros desde el extranjero, y no pocos sino de grandes cantidades de combustibles y lubricantes, piezas de repuesto y otros insumos, y estamos hablando de millones de litros de combustible para mantener operativa la industria, con locomotoras, transportes de personal y en el campo con camiones, tractores y cosechadoras por docenas. Como tampoco es posible mantener operativo un ingenio sin que sus directivos mantengan con los dueños, condueños, socios, o suministradores, una constante comunicación, ya sea telefónica o por otras vías de internet, por lo que pregunto:

¿Desconocen las autoridades estadounidenses que desde Estados Unidos y otros países se están remitiendo embarques multimillonarios con destino al central “Coloso”, sito en el poblado Delicias, del municipio Puerto Padre, en la provincia Las Tunas, Cuba?

Y… ¿En el muy controlado espacio radioelectrónico de Cuba desconocen las autoridades estadounidenses lo que se dice o se enmascara en las conversaciones _aunque fueran cifradas_ entre los “guatemaltecos” desde Delicias, Cuba, con otras personas en Estados Unidos o en cualquier lugar del mundo?

O… ¿Acaso las autoridades estadounidenses no han detectado comunicaciones desde Delicias, que, por sus palabras claves nada tienen que ver con familias hambreadas, desnutridas, como están la mayoría de los cubanos hoy, o, sí, han conocido comunicaciones con la típica jerga, con los modos de hablar, de individuos dedicados a los negocios transnacionales…?  

¡Óiganme, estamos refiriéndonos más que a la chata propiedad de un central!

Nos referimos a la letra y el espíritu de la Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubana, o dicho más simple, tratamos de relatar la destrucción de un pasado que ahora se pretende reconstruir como si para consumar la ruina económica y moral que padecen los cubanos, el régimen totalitario no hubiera cometido un genocidio. Y, por genocidio, entiéndase todos los actos perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, que en este caso no sólo fue el conjunto de bienes y personas integradas en un gremio, sino también una cultura de siglos. La cultura del cultivo de la caña y de la producción de azúcar, que no está exenta de dolor, sí, el de la esclavitud, la deforestación y la de injusticias sociales, pero que tiene meritos que esas manchas no pueden deslucir. Porque azúcar en Cuba fue “sinónimo” de país, y véase sólo este ejemplo, el de la influencia que ejerció el central Delicias en el municipio Puerto Padre.

Lo que hoy llaman el central “Coloso S.A”, cual empollando una idea peregrina de lo que ya fue esplendor y que el genocidio castrocomunista destruyó, es el central Delicias que no fue una mera fábrica de azúcar sino un símbolo, jurídica e históricamente imbricado al desarrollo económico y social del municipio Puerto Padre, sí, de las raíces de nuestro desarrollo y por consiguiente de nuestra cultura, del folklor nuestro.

Hoy Puerto Padre no tiene “padre” ni “padrino”, es un pueblo y un puerto muerto. Pero hasta 1959, nuestra aduana ocupó el sexto lugar en Cuba en la recaudación de impuestos, porque por ella se exportaban las producciones de dos verdaderos colosos azucareros, los centrales Chaparra y Delicias. Hoy no hay luz en Puerto Padre, cuando ya hace mucho más de cien años, en 1914, había luz eléctrica en la ciudad con alumbrado público; hoy, aguas de cloacas infestan las calles que ya en 1918 tuvieron un alcantarillado moderno, financiado… por el central Delicias. Y la energía eléctrica no sólo la suministró la planta del central Delicias a Puerto Padre, sino también a Gibara y a Holguín, que también hoy son ciudades en tinieblas.

Construido en 1912, ya para 1922 el central Delicias estableció un record mundial al producir poco más de un millón de sacos de 325 libras de azúcar equivalente a 157 055 toneladas métricas, record que batiría en 1952 cuando produjo 1 383 653 sacos de 13 arrobas. Pero no resultan sublimadas esas cifras de producción para Cuba y los cubanos cuando vemos que la introducción de la caña de azúcar en esta tierra, _aunque unos dicen que la trajo Colón_ datos fiables la sitúan en 1516, así como el nacimiento de la industria azucarera cubana se remonta a 1595, ocurrido en las márgenes del río La Chorrera, hoy Almendares.

Pero ahora dicen, que dicen los “guatemaltecos”, que van a enseñar a los cubanos cómo sembrar y cultivar caña y hacer azúcar, de lo que no estoy seguro, porque lo que sí está a la vista es una “enseñanza” menos noble, lejos de la buena fe: la de cómo traficar y lucrar con bienes expropiados a personas de su mismo gremio. O, dicho más simple y con una sola palabra, pero de connotación criminal, compréndase, penal: receptar.

Se impone una respuesta jurídica. Que debía ser cubana. Pero la incuria forense en el archipiélago-cárcel que es Cuba también hizo emigrar el foro a Estados Unidos. Esperemos que la jurisdicción estadounidense a la que competente pronunciarse no haga uso del silencio.    

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