MADRID, España.- El Departamento de Estado publicó este lunes un extenso informe que acusa al régimen cubano de haber desarrollado, durante más de seis décadas, una estrategia de espionaje, infiltración política y promoción de movimientos revolucionarios dirigida contra Estados Unidos.
El documento, titulado Cuba: The Capital of 21st Century Communism —Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI—, reúne investigaciones históricas, documentos desclasificados y expedientes judiciales sobre agentes que trabajaron para la inteligencia de La Habana dentro de instituciones estadounidenses.
Según el Departamento de Estado, las actividades atribuidas a Cuba formaron parte de “una campaña sostenida de subversión contra los Estados Unidos”, iniciada después de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959.
El secretario de Estado, Marco Rubio, presentó el informe como un intento de revelar la dimensión histórica de esas operaciones. En un mensaje difundido en redes sociales, calificó al régimen cubano como el “principal patrocinador del izquierdismo radical y del tercermundismo”.
Rubio afirmó además que su departamento está exponiendo “toda la historia del espionaje y la subversión cubanos” y concluyó: “El pueblo estadounidense merece conocer la verdad”.
Infiltración en las instituciones estadounidenses
Una parte importante del informe está dedicada a las operaciones de la Dirección de Inteligencia de Cuba y a su capacidad para reclutar colaboradores con acceso a información sensible.
Entre los casos más recientes figura el del exdiplomático Víctor Manuel Rocha, quien ocupó puestos en el Departamento de Estado, trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional y fue embajador de Estados Unidos en Bolivia.
Rocha admitió ante un tribunal que comenzó a colaborar secretamente con los servicios de inteligencia cubanos en 1973 y que mantuvo esa relación durante décadas. En abril de 2024 fue condenado a 15 años de prisión por actuar ilegalmente como agente de Cuba y defraudar al Gobierno estadounidense.
En mayo de 2026, el Departamento de Justicia inició además un proceso para revocar su ciudadanía estadounidense, al considerar que ocultó sus vínculos con La Habana cuando solicitó la naturalización.
El documento también retoma el caso de Ana Belén Montes, quien fue durante años una de las principales analistas sobre Cuba de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos, conocida como DIA.
Montes fue detenida en septiembre de 2001 y se declaró culpable en 2002 de entregar información clasificada al régimen cubano. Las autoridades estadounidenses determinaron que había revelado datos relacionados con operaciones militares y las identidades de cuatro oficiales de inteligencia que trabajaban de manera encubierta. Fue condenada a 25 años de prisión.
Otro de los episodios recogidos es el de Walter Kendall Myers y su esposa, Gwendolyn Myers. Ambos admitieron haber trabajado clandestinamente para La Habana durante aproximadamente tres décadas.
Kendall Myers ocupó diferentes cargos relacionados con el Departamento de Estado y tuvo acceso a documentos clasificados. De acuerdo con las investigaciones judiciales, el matrimonio empleó mensajes cifrados transmitidos por radio de onda corta, encuentros en terceros países y métodos clandestinos para comunicarse con sus contactos cubanos.
Kendall Myers recibió una sentencia de cadena perpetua, mientras que su esposa fue condenada a más de seis años de prisión.
La Red Avispa y el exilio cubano
El informe incluye igualmente las operaciones de la Red Avispa, una estructura de espionaje desmantelada por el FBI en 1998 en el sur de Florida.
Sus integrantes penetraron organizaciones del exilio cubano, recopilaron información sobre instalaciones militares estadounidenses y enviaron datos a La Habana. Documentos judiciales identificaron a los miembros de la red como agentes de la Dirección de Inteligencia cubana.
Uno de sus jefes, Gerardo Hernández, fue condenado, entre otros cargos, por conspiración para cometer asesinato debido a su participación en los hechos relacionados con el derribo, en 1996, de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate. Cuatro pilotos murieron en el ataque.
Hernández y otros dos agentes cubanos presos en Estados Unidos fueron devueltos a la Isla en diciembre de 2014, como parte del acuerdo que precedió al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana.
Guerrillas, activismo e influencia política
Además de las operaciones de espionaje, el Departamento de Estado atribuye al Gobierno cubano un papel central en la formación, entrenamiento o respaldo de organizaciones armadas y movimientos revolucionarios de América Latina.
El documento menciona los vínculos históricos de La Habana con los sandinistas de Nicaragua, el Ejército de Liberación Nacional de Colombia, los Montoneros argentinos y los Tupamaros uruguayos.
También examina la relación del régimen cubano con grupos puertorriqueños como las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional y Los Macheteros, así como sus contactos con sectores de la izquierda radical estadounidense.
Washington sostiene que el Gobierno cubano no se limitó a respaldar movimientos extranjeros, sino que construyó mecanismos para reclutar activistas dentro de Estados Unidos, facilitar viajes políticos a la Isla y crear redes de solidaridad con la Revolución.
El informe dedica apartados a la Brigada Venceremos, a los programas de viajes definidos como “turismo revolucionario” y a los vínculos históricos con organizaciones como los Panteras Negras y Weather Underground.
También acusa a La Habana de haber contribuido al llamado “terrorismo de izquierda” mediante apoyo político, entrenamiento, propaganda y relaciones con agrupaciones que recurrieron a la violencia durante las décadas de 1960 y 1970.
Refugio para prófugos estadounidenses
El reporte recuerda que el régimen cubano ha acogido durante décadas a personas buscadas por la Justicia estadounidense.
Entre ellas se encuentra Assata Shakur, también conocida como Joanne Chesimard, condenada por el asesinato de un policía estatal de Nueva Jersey en 1973. Shakur escapó de prisión en 1979 y posteriormente recibió asilo político en Cuba.
Para el Gobierno estadounidense, la permanencia de esos prófugos en territorio cubano forma parte de una política de confrontación que combina inteligencia, propaganda, alianzas internacionales y protección a personas acusadas o condenadas por delitos graves.
Alianzas con Rusia, China e Irán
Los capítulos finales examinan las relaciones de Cuba con Rusia, China e Irán. El Departamento de Estado sostiene que la Isla funciona como un punto de convergencia para los intereses estratégicos de esos tres gobiernos en el hemisferio occidental.
El informe señala que Moscú y Pekín han ampliado sus capacidades de inteligencia relacionadas con Cuba, mientras Teherán ha profundizado sus vínculos políticos, económicos y de seguridad con La Habana.
Washington concluye que el régimen cubano no debe analizarse únicamente como un Estado tradicional, sino como el centro de una red internacional de inteligencia, influencia política y activismo antiestadounidense.
De acuerdo con el documento, la estrategia desarrollada por La Habana ha buscado actuar “no desde fuera, sino desde dentro”, utilizando simpatizantes, agentes reclutados y organizaciones aliadas para influir en la sociedad y las instituciones estadounidenses.
La publicación se produce en momentos de creciente presión de la Administración de Donald Trump contra el régimen cubano y en medio de una de las crisis económicas, energéticas y sociales más graves registradas en la Isla durante las últimas décadas.









