Pensaba que volvía a Cuba, pero fue abandonada en Asia Central

Una joven cubana expulsada de Rusia fue enviada a Uzbekistán. Ahora se encuentra en un nuevo limbo migratorio, sin recursos ni garantías para regresar a la Isla.
Cubana, Uzbekistán
(Ilustración generada con IA especialmente para este texto)

Yalina González Morales subió al avión bajo custodia policial, creyendo que el viaje terminaría en Cuba. Así se lo habían asegurado las autoridades rusas después de mantenerla durante meses en un centro de detención migratoria. No pudo revisar el boleto ni confirmar la ruta: la escoltaron hasta el aeropuerto y la entregaron directamente a la tripulación.

Al aterrizar, sin embargo, no estaba en La Habana, sino en Uzbekistán, un país de Asia Central situado a más de 11.000 kilómetros de Cuba. Fue entonces, al cruzar el control fronterizo y recuperar su pasaporte, cuando comprendió que Rusia no la había repatriado: la había expulsado hacia un tercer país donde no tenía familiares, dinero ni un lugar donde vivir.

“Nos dijeron que íbamos directo para Cuba. Todo fue mentira, todo fue un engaño”, denunció Yalina, de 29 años y natural de Mayabeque.

Aunque durante el traslado ya sospechaba que algo no estaba bien —la aeronave llevaba la bandera de Uzbekistán y no pertenecía a Turkish Airlines, la compañía con la que era posible entonces conectar con Cuba—, nadie le explicó por qué estaba siendo enviada a ese territorio.

Yalina y su esposo Ronniel habían salido de la Isla el 6 de abril de 2025. Como otros cubanos empujados por la crisis económica, eligieron Rusia porque los ciudadanos de Cuba pueden permanecer en ese país sin visa durante un máximo de 90 días. Esa facilidad, no obstante, no autoriza a trabajar ni garantiza la permanencia después del plazo establecido.

Rusia se convirtió durante los últimos años en uno de los destinos utilizados por cubanos sin suficientes recursos o vías para llegar a América Latina, Estados Unidos o Europa. La eliminación del requisito de visado facilitó la entrada, pero también dejó a numerosos viajeros expuestos a empleos informales, estafas, explotación laboral y eventuales procesos de deportación.

Precisamente por el libre visado, la ruta hacia Rusia ha ganado importancia dentro del éxodo.

Durante 2025, 24.683 ciudadanos cubanos entraron en Rusia, de acuerdo con estadísticas del Servicio de Fronteras del Servicio Federal de Seguridad ruso divulgadas por TASS y reproducidas por la propia Embajada de Rusia en Cuba. La cifra representa cruces fronterizos y no necesariamente personas diferentes, pues un mismo viajero puede haber entrado más de una vez.

Rusia funciona como una puerta de salida relativamente accesible, pero al vencer los 90 días, quienes no regularizan su situación quedan expuestos a multas, detenciones y deportaciones.

Deportaciones al azar

Yalina y su esposo viajaron con la intención de trabajar, ahorrar algún dinero y continuar posteriormente hacia otro país. En Cuba dejaron a sus hijos y padres. Irse era la manera de proveerles una vida de menos carencias. Una vez en Rusia, por mediación de otro cubano, encontraron empleo en Kolomna, una ciudad situada a unos 100 kilómetros al sureste de Moscú. Allí trabajaron durante aproximadamente 10 meses para una empresa identificada como Progress Service.

Sus labores consistían en limpiar calles, recoger basura y, durante el invierno, romper y retirar el hielo acumulado sobre aceras y carreteras.

“Te hacen realizar demasiados esfuerzos físicos. Pagan por debajo del salario básico y te explotan demasiado”, relató.

Las condiciones de alojamiento tampoco eran las mejores. Yalina y su esposo vivían con otras nueve personas en una casa de solo dos habitaciones. Por tan reducido espacio pagaban 10.000 rublos mensuales cada uno, unos 300 dólares entre ambos.

El 27 de abril, la policía los detuvo. Según su testimonio, permanecieron tres noches encerrados en una dependencia policial, durmiendo en el piso y sin acceso regular a agua ni comida. Después fueron trasladados a un centro de deportación, donde estuvieron cerca de tres meses. Todo el período bajo custodia se prolongó alrededor de cuatro meses.

Cuando finalmente la sacaron del centro, las autoridades le comunicaron que sería enviada a Cuba. Pero, en lugar de organizar una repatriación, la embarcaron hacia Uzbekistán, sin informarle previamente las condiciones de ingreso ni explicarle por qué ese país había sido seleccionado.

Su esposo no corrió la misma suerte. Permaneció detenido en Rusia y, hasta el momento, Yalina no ha recibido información precisa sobre su situación.

En abril de 2026, medios internacionales informaron sobre redadas y expulsiones de cubanos que no habían regularizado su situación migratoria. Al menos 19 ciudadanos de la Isla habían sido deportados durante 2025 desde diferentes regiones rusas por infracciones relacionadas con la estancia o el trabajo sin autorización. El número podría ser mucho mayor.

Un nuevo limbo migratorio

Uzbekistán es una antigua república soviética sin salida al mar, ubicada entre Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Afganistán y Turkmenistán. Tiene una población de más de 38 millones de habitantes y su capital es Taskent. Aunque conserva estrechas relaciones políticas, económicas y migratorias con Moscú, es un Estado independiente desde 1991.

Los cubanos pueden permanecer allí durante un período corto sin visa, generalmente 30 días. Los extranjeros también deben mantener actualizado el registro de su lugar de alojamiento, un trámite que suelen realizar los hoteles, propietarios o anfitriones. El incumplimiento de las reglas migratorias puede provocar multas, detención o expulsión.

De acuerdo con Yalina, las autoridades uzbekas le advirtieron que solo podía permanecer un mes. Si no abandona el territorio antes de que venza ese plazo, teme ser detenida otra vez y enviada a otro país, posiblemente Tayikistán.

“Tenemos que vivir escondidos porque este país tiene sus leyes y nosotros no somos ciudadanos de aquí. Si no tenemos el registro, la policía puede detenernos y ponernos multas altísimas”, explicó.

El costo de un boleto hacia Cuba está fuera de su alcance. La ruta disponible implica volar con Turkish Airlines y realizar conexiones internacionales, lo que encarece considerablemente el viaje. Sus familiares tampoco disponen del dinero necesario para comprarle el pasaje.

Como no existen vuelos directos entre Taskent y La Habana, la alternativa más sencilla es viajar con Turkish Airlines desde la capital uzbeka hasta Estambul y continuar hacia Cuba. La duración de la ruta puede superar las 18 horas y aumentar considerablemente debido a las conexiones o escalas técnicas.

Una consulta realizada el 11 de agosto encontró boletos de solo ida desde Taskent hasta La Habana por aproximadamente 1.310 dólares por pasajero. Otros buscadores situaban las tarifas disponibles para agosto entre 1.430 y 1.703 dólares, dependiendo del día, el equipaje y la disponibilidad. Por tanto, el regreso de Yalina costaría, como mínimo, entre 1.300 y 1.700 dólares, una cantidad que ella no tiene y mucho menos su familia en la Isla.

Junto a Yalina, otros cubanos expulsados de Rusia fueron trasladados a Uzbekistán y permanecen dispersos en distintos lugares. Algunos han recibido ayuda de familiares o amigos; otros no tienen recursos ni alojamiento. Han creado entre ellos un grupo de Telegram que ya tiene casi 200 miembros, en el que se apoyan como pueden.

También en Uzbekistán, María Antonia, una cubana de 70 años, está durmiendo en el aeropuerto porque no tiene dinero para un alojamiento. Según el relato de Yalina, la hija de esta mujer continúa detenida en Rusia y sus tres hijos menores fueron separados de ella y trasladados a otro centro.

Sin respuesta del régimen cubano

Yalina ha escrito a la Embajada de Cuba en Rusia para conocer el paradero y la situación de su esposo, pero no ha obtenido respuesta. También intentó contactar a la representación diplomática cubana en Azerbaiyán, encargada de atender concurrentemente los asuntos consulares relacionados con Uzbekistán, sin resultados.

“Estamos pasando necesidades, sin comida y sin dinero. Hemos tenido que acudir a las redes sociales para ver si alguien nos ayuda y para denunciar el abandono total”, lamentó.

Ahora el tiempo vuelve a correr en su contra. Cada 24 horas consume una parte de los 30 días que, según le indicaron, puede permanecer legalmente en Uzbekistán. Después de ese plazo podría comenzar otra detención, otra deportación y otro viaje hacia un destino que tampoco podrá elegir. En los últimos dos días Yalina no ha contestado los mensajes. No sabemos qué pudo haberle ocurrido.

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