LA HABANA, Cuba. – El largo y para nada aburrido culebrón que ha sido el chavismo ―primero con Hugo Chávez como protagonista, luego con Nicolás Maduro, y ahora sin ninguno de los dos, pero con varios malandrines tan taimados como ellos en los papeles principales― aún dista del final. Al contrario, cada vez se enreda y complica más la trama.
Es sumamente improbable que funcione el plan de un gobierno de transición a la democracia con Delcy Rodríguez como presidenta.
De momento, los estadounidenses, al preferir tratar con Delcy Rodríguez antes que con la líder opositora María Corina Machado y el presidente electo Edmundo González, que no tienen poder real, habrán logrado que tras la captura de Maduro no se creara un vacío de poder como el que ocurrió, con catastróficos resultados, en Iraq cuando derrocaron a Sadam Hussein, y en Libia tras la caída de Muamar el Gadafi. Pero permitir la continuidad del régimen chavista, siquiera temporalmente y con condiciones y ultimátum, creará nuevos y peores problemas.
Teniendo en cuenta todos los turbios y jugosos intereses que están en juego y la calaña y antecedentes de personajes como el ministro del Interior, Diosdado Cabello; el ministro de Defensa, Vladimir Padrino; la nueva “presidenta encargada de la República Bolivariana” y su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, es previsible la rebatiña entre pirañas.
Ya hay recriminaciones, acusaciones de traición y advertencias de que “el imperialismo” pretende dividirlos y ponerlos a pelear. Y no faltan en las redes sociales los que califican a Delcy Rodríguez como “una agente desestabilizadora que facilitó la intervención extranjera”.
Si la nueva “presidenta” quiere garantizar un mínimo de orden y seguridad, deberá poner freno a los Colectivos Bolivarianos y otras pandillas parapoliciales progubernamentales. Y es harto dudoso que Diosdado Cabello coopere en ese empeño.
No hay que descartar la influencia en el desarrollo de los acontecimientos que pueda tener el régimen cubano, asustado y aún no recuperado del duro revés de sus fuerzas élites el 3 de enero, pero renuente a renunciar al petróleo venezolano.
Existe la posibilidad de un golpe de Estado. O de una guerra civil. De ocurrir, si no quieren desperdiciar lo adelantado con la extracción de Nicolás Maduro, tendría que intervenir Estados Unidos. Probablemente no baste con un golpe quirúrgico y tenga que ocupar militarmente Venezuela, un país muy grande, rebosante de grupos paramilitares y con una geografía propicia para la guerra de guerrillas. Eso, si quieren evitar que se instaure una dictadura peor que la de Maduro, como sería una encabezada por Diosdado Cabello.
Disculpen mi pesimismo. Son mis apreciaciones. Ojalá me equivoque. Los venezolanos merecen un futuro mejor.







