Díaz-Canel advierte a EE.UU. del “costo que tendría una aventura militar contra Cuba”

El gobernante descarta una apertura política y dice que las reformas económicas no buscan una “restauración capitalista”.
Miguel Díaz-Canel
Miguel Díaz-Canel (Foto: Estudios Revolución)

MIAMI, Estados Unidos ― Miguel Díaz-Canel descartó que las 176 medidas económicas y sociales aprobadas por su gobierno impliquen una apertura política o una transición hacia el capitalismo, y afirmó que el paquete busca “perfeccionar” el modelo socialista en medio de la crisis interna y de las presiones de Estados Unidos.

“No estamos buscando una restauración capitalista en el país; estamos buscando un perfeccionamiento de la construcción socialista”, dijo el gobernante cubano en una entrevista concedida al periodista dominicano Roberto Cavada para Telenoticias.

Díaz-Canel sostuvo que las transformaciones no responden a una concesión ante Washington, aunque reconoció que la actual “situación de máxima presión” ha obligado al Gobierno cubano a acelerar decisiones. “Trump no manda en Cuba ni el Gobierno norteamericano manda en Cuba. Cuba es soberana, Cuba defiende su autodeterminación”, afirmó.

El gobernante presentó las reformas como parte de un proceso discutido durante años dentro del aparato político cubano y defendió que las medidas buscan preservar el sistema socialista, no desmontarlo. “Siempre el enemigo (…) busca sus mecanismos para presentarlo como una victoria de ellos. Pero realmente es un ejercicio de soberanía”, dijo.

Las 176 propuestas, agrupadas en 23 ejes, fueron aprobadas la semana pasada por la Asamblea Nacional del Poder Popular. De acuerdo con el Parlamento cubano, abarcan sectores como agricultura, energía, transporte, comercio exterior y turismo, así como cambios en el sistema bancario y financiero, en la gestión estatal y en la autonomía municipal.

Entre los puntos abordados en la entrevista, Díaz-Canel mencionó la necesidad de actualizar el sistema de dirección de la economía, combinar planificación con “señales de mercado”, ampliar facultades a los municipios y dar mayor autonomía a la empresa estatal socialista. Según dijo, el Gobierno pretende mantener la planificación en áreas estratégicas, pero abrir más espacio a la gestión descentralizada.

El gobernante defendió además la convivencia de empresas estatales, cooperativas, privadas y otros actores no estatales dentro de un “solo sistema empresarial” subordinado al desarrollo nacional. “Ese sistema empresarial tiene componentes estatales, componentes cooperativos y componentes no estatales o privados; pero todos participan, todos se interconectan, todos se encadenan”, afirmó.

Preguntado por la posibilidad de banca privada, franquicias extranjeras y marcas internacionales en la Isla, Díaz-Canel no rechazó ese escenario, pero lo condicionó a que todos los actores funcionen bajo reglas definidas por el Estado. “Si uno apoya la inversión extranjera no tiene sentido que tú no apoyes la inversión de tus nacionales, en cualquiera de las modalidades”, dijo.

El gobernante también admitió que el sistema bancario y financiero cubano requiere cambios profundos. “Hoy nuestro sistema bancario y financiero pone trabas, frena desarrollo, no posibilita fomentos para la inversión, fomentos para el desarrollo y la producción agrícola”, señaló.

Pese al alcance de las reformas económicas, Díaz-Canel insistió en que educación y salud seguirán bajo control estatal y con carácter gratuito. “Esas son cosas sagradas, las conquistas sociales son sagradas”, dijo. Añadió que se mantendrán “un sistema universal de educación” y “un sistema universal de salud” con acceso para todos los ciudadanos cubanos.

El paquete aprobado por el Parlamento contempla además, según la información oficial de la Asamblea Nacional, transformaciones en las relaciones de propiedad, la posibilidad de compra de acciones de empresas estatales por personas jurídicas estatales y no estatales, nacionales y extranjeras, así como por personas naturales, y la venta de propiedades estatales a personas jurídicas y naturales nacionales y extranjeras, incluidos cubanos residentes en el exterior, siempre que se demuestre el origen lícito de los fondos.

Díaz-Canel aseguró que las reformas necesitarán respaldo jurídico para dar garantías a inversionistas cubanos y extranjeros. “Hay que construirlo todo con una seguridad jurídica que garantice que no es un problema temporal, sino que todo el que lo haga bien, todo lo que funcione bien va a tener en el tiempo también una perdurabilidad y una sostenibilidad”, afirmó.

Sobre una eventual negociación con Estados Unidos, el gobernante confirmó la existencia de un canal de comunicación, pero insistió en que el sistema político cubano no será parte de ninguna conversación bilateral. “No se puede conversar ni negociar bajo presión y mucho menos condicionando el diálogo a un cambio de nuestro sistema político”, dijo.

Díaz-Canel sostuvo que puede haber espacio para inversiones de empresas estadounidenses y para proyectos de cooperación, pero mantuvo la línea oficial de que cualquier diálogo debe ser “entre iguales, sin presiones y con respeto” a la soberanía cubana. “Nunca ha estado en la mesa de negociación nuestro sistema político ni nuestra soberanía”, señaló.

El gobernante también advirtió sobre un posible ataque militar de Estados Unidos contra Cuba. “El peligro de agresión militar de Estados Unidos hacia Cuba está latente”, afirmó. Según dijo, el país se ha preparado “intensamente” ante la escalada retórica de Washington, aunque aseguró que la estrategia cubana es defensiva.

“Nosotros hemos venido preparándonos intensamente en todo este tiempo (…), no para agredir a Estados Unidos ni para amenazar a Estados Unidos, sino para que nos respeten y para que sepan el costo que tendría una aventura militar contra Cuba”, dijo.

Díaz-Canel dedicó una parte amplia de la entrevista a la crisis energética, uno de los problemas más graves que enfrenta la población cubana. Atribuyó los apagones a lo que llamó “bloqueo energético” y aseguró que en los últimos seis meses solo ha entrado a Cuba un carguero de combustible, procedente de Rusia.

“En los últimos seis meses nada más que ha entrado un carguero, que fue el carguero ruso, que se convirtió en el barco más famoso del mundo, y que nos permitió durante 15 días tener una situación totalmente distinta”, afirmó.

El gobernante dijo que Cuba instaló el año pasado más de 1.000 megavatios de potencia en parques fotovoltaicos y que la participación de las fuentes renovables en la generación eléctrica pasó de 3% a 10%. También aseguró que en las horas de mayor sol los parques fotovoltaicos generan “más del 50% de la energía del país en ese momento”.

No obstante, admitió que la transición energética no resolverá el problema de forma inmediata. “Es un esfuerzo grande que no va a tener resultados inmediatos”, señaló. También dijo que la infraestructura termoeléctrica cubana es “obsoleta”, aunque consideró que puede seguir funcionando con mantenimientos.

Sobre el crudo nacional, Díaz-Canel evitó ofrecer cifras de producción. “No voy a dar datos porque no quiero que nadie empiece a sacar cuentas por ahí de necesidades y de hasta dónde podemos llegar o no podemos llegar”, dijo. Aseguró, sin embargo, que científicos cubanos encontraron una tecnología para refinar el crudo nacional, aunque reconoció que la producción todavía no cubre el déficit energético.

El gobernante también fue interrogado sobre la ayuda humanitaria ofrecida por Estados Unidos. Al preguntársele por los 100 millones de dólares anunciados por Washington, se rió y respondió: “Parece un chiste”. Luego afirmó que el Gobierno cubano aceptó esa ayuda “incluso por escrito”, pero que, según la información que dijo haber recibido, aún no ha llegado nada a la Isla.

“Han llegado elementos contradictorios, dicen que esos 100 millones, de los que no ha llegado nada a Cuba todavía, no se empezarán a distribuir hasta después del mes de septiembre”, señaló. 

El gobernante abordó también la emigración juvenil, uno de los efectos más visibles de la crisis cubana. Defendió que el Estado mantiene acceso universal a la educación y dijo que las reformas económicas deben crear incentivos para que los jóvenes puedan desarrollar proyectos de vida en Cuba. “No hay futuro para Cuba con una anexión a Estados Unidos”, afirmó al responder sobre quienes ven una intervención estadounidense como salida a la crisis.

Al final de la entrevista, Díaz-Canel evitó hablar de un legado personal de cara al término de su mandato en 2028. Dijo que nunca ha pensado en eso y aseguró que su propósito es que el país “pueda avanzar” sin renunciar a sus ideales. “Si algún día se va a hablar de legado, que sean otros los que lo digan”, concluyó.

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