Para Otero, este grupo de santos en Párraga, milagrosos, desvalidos, pero también más potentes que todo lo demás, nos enseñan que, «a pesar de los diferentes colores o tamaños, tenemos que salir y romper la vitrina de cristal».
«Proteger el país no es lo mismo que proteger… el control», decían en ‘El4tico’ Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, detenidos esta semana por la Seguridad del Estado cubano.
El gobierno cubano quiso enseñar músculo político tras el ataque del 3 de enero sobre Caracas y organizó dos jornadas seguidas de eventos masivos, remitiendo la decadente actualidad a sus buenos viejos tiempos.
Esta última crisis a veces se fecha desde diciembre, cuando la Marina estadounidense cercó Venezuela, luego capturó a Nicolás Maduro y anunció sanciones contra cualquier país que suministrara combustible a Cuba. Históricamente, la isla ha dependido del combustible extranjero a precios asequibles para sobrevivir. Esta última medida fue, sin dudas, la gota que vino a colmar un vaso que llevaba rebosando demasiado tiempo. Pero la historia no empezó con el regreso al poder de Donald Trump.
Las nuevas disposiciones jurídicas, aprobadas hace más de dos años en el Parlamento, entrarán en vigor en noviembre próximo, pero bajo los mismos términos de vigilancia y discrecionalidad que el régimen ha impuesto habitualmente a los nacidos en la isla.
‘La merma. Un producto en existencia’, publicado por Rialta Ediciones, es un volumen en que los poemas de Legna Rodríguez Iglesias dialogan con 50 imágenes de objetos pertenecientes a la colección Cuba Material, curada por la socióloga María Antonia Cabrera Arús.