Por cada niño nacido en Cuba, más de cuatro personas emigraron en 2025 

La migración fue la principal causa de la reducción poblacional registrada en la Isla en 2025. 
Dos migrantes cubanos en Panamá, en 2016
Dos migrantes cubanos en Panamá, en 2016 (Foto de archivo: Cancillería de Panamá)

MIAMI, Estados Unidos ― Más de 317.000 personas emigraron de Cuba durante 2025, un éxodo que, unido al desplome de la natalidad y al aumento de las muertes, redujo la población oficial del país a poco más de 9,4 millones de habitantes, de acuerdo con un informe publicado por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

El documento precisa que 317.320 personas salieron del país y 72.056 fueron registradas como inmigrantes, lo que dejó un saldo migratorio negativo de 245.264 habitantes.

La salida masiva de cubanos coincidió con un nuevo deterioro de los indicadores naturales. En el país murieron aproximadamente dos personas por cada niño nacido, una relación que profundiza el descenso de la población incluso si se excluye la emigración. La mortalidad infantil también aumentó hasta rozar los 10 fallecidos menores de un año por cada 1.000 nacidos vivos.

La tasa de fecundidad se mantuvo por segundo año consecutivo en 1,29 hijos por mujer, el nivel más bajo registrado por las estadísticas oficiales desde 1958, según explicó Diego Enrique González, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la ONEI. Esa cifra se encuentra muy por debajo del nivel necesario para garantizar el reemplazo generacional.

El envejecimiento constituye la otra cara de la crisis demográfica. Más de una cuarta parte de la población cubana tiene 60 años o más, mientras disminuye de forma acelerada la cantidad de personas en edad laboral. González calificó a Cuba como el país más envejecido de América Latina y el Caribe y señaló que, durante los últimos cinco años, la Isla perdió cerca de 1,3 millones de habitantes en edad de trabajar.

La edad mediana de los habitantes llegó a 45 años, un indicador que refleja el peso creciente de los adultos mayores y la reducción de los grupos jóvenes. La combinación de baja fecundidad, emigración y mortalidad plantea mayores presiones sobre la producción, el sistema sanitario, las pensiones y los servicios de cuidado.

La Habana volvió a concentrar la mayor pérdida migratoria del país. Casi 99.000 personas emigraron desde la capital durante 2025, aunque una parte de esa reducción fue compensada por cubanos procedentes de otras provincias. Aun así, la ciudad perdió más de 76.000 habitantes en un año.

Todas las provincias y el municipio especial Isla de la Juventud cerraron el año con menos habitantes. Después de La Habana, las mayores cantidades de emigrantes se registraron en Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Santiago de Cuba y Holguín.

El declive no comenzó en 2025. Los datos de la ONEI muestran que Cuba acumula una pérdida migratoria neta superior a 1,5 millones de personas desde 2021. Durante ese período, la población oficial se redujo en aproximadamente 1,7 millones de habitantes.

El vicejefe de la ONEI, Juan Carlos Alfonso, relacionó la tendencia decreciente con las consecuencias de la pandemia de COVID-19 y con la situación económica del país, agravada, según la explicación oficial, por las sanciones estadounidenses. El informe estadístico, sin embargo, no examina las razones económicas, políticas o sociales que llevaron a más de 317.000 personas a emigrar en un solo año.

Las cifras definitivas de la ONEI presentan pequeñas diferencias respecto a las publicadas días antes por el diario oficial Granma, tanto en el total de habitantes como en la cantidad de fallecimientos. Ninguna de las dos publicaciones explica el motivo de esas variaciones.

Las estimaciones oficiales también han sido cuestionadas por el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos, quien sostiene que la forma en que las autoridades contabilizaron históricamente a los emigrados produjo una sobrestimación de la población residente. Sus cálculos sitúan la población real de Cuba por debajo de los nueve millones de habitantes, aunque el investigador reconoce las limitaciones derivadas de la falta de información pública completa y actualizada.

El director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, Antonio Aja, había advertido que las políticas migratorias no debían limitarse a reconocer el derecho de los ciudadanos a salir, sino también “el derecho a no tener que hacerlo”.

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