MIAMI, Estados Unidos ― Walter Kendall Myers, exfuncionario del Departamento de Estado de EE.UU. condenado a cadena perpetua por entregar información clasificada al régimen cubano durante casi tres décadas, murió a los 88 años mientras cumplía sentencia en el sistema federal de prisiones.
Myers, conocido por las autoridades estadounidenses como “Agente 202”, fue sentenciado el 16 de julio de 2010 a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por su papel en una conspiración de espionaje a favor del régimen cubano. Su esposa, Gwendolyn Steingraber Myers, identificada como “Agente 123” y “Agente E-634”, recibió una condena de 81 meses de prisión por su participación en la misma trama, de acuerdo con el Departamento de Justicia de EE.UU.
La causa contra el matrimonio Myers fue uno de los casos más graves de penetración cubana en estructuras del Gobierno estadounidense. El Departamento de Justicia sostuvo que ambos participaron en una conspiración de casi 30 años para proporcionar información de defensa nacional clasificada a la República de Cuba. Kendall Myers se declaró culpable de conspiración para cometer espionaje y de dos cargos de fraude electrónico; su esposa se declaró culpable de conspiración para recopilar y transmitir información de defensa nacional.
El caso tuvo especial relevancia porque Myers había trabajado dentro del aparato diplomático y de inteligencia de EE.UU. Comenzó en 1977 como instructor contratado en el Instituto del Servicio Exterior del Departamento de Estado y, entre 1988 y 1999, realizó trabajos para la Oficina de Inteligencia e Investigación. Más tarde pasó a trabajar a tiempo completo en esa oficina y, desde julio de 2001 hasta su retiro en octubre de 2007, fue analista sénior de inteligencia para Europa, con acceso diario a información clasificada. Recibió autorización de seguridad “máximo secreto” en 1985 y acceso a información compartimentada sensible en 1999.
La relación de Myers con la inteligencia cubana comenzó, según documentos judiciales citados por el Departamento de Justicia, después de un viaje a Cuba en diciembre de 1978, cuando aún trabajaba en el Instituto del Servicio Exterior. El viaje se produjo tras una invitación de un funcionario cubano que había hecho una presentación en esa institución y que, según las autoridades estadounidenses, era oficial del servicio de inteligencia cubano. En 1979, ese mismo oficial visitó a Kendall y Gwendolyn Myers en Dakota del Sur y los reclutó como agentes clandestinos de Cuba.
Después de ese reclutamiento, la inteligencia cubana orientó a Kendall Myers a buscar empleo en el Departamento de Estado o en la CIA para obtener acceso a información clasificada. El Departamento de Justicia señaló que el matrimonio recibió comunicaciones cifradas mediante transmisiones de radio de onda corta desde Cuba, que podían decodificar con un programa entregado por el servicio cubano. La radio utilizada por ambos fue recuperada después por el FBI.
La operación encubierta que permitió desmontar la red comenzó en abril de 2009, cuando una fuente del FBI se presentó ante la pareja como supuesto oficial de inteligencia cubano. Kendall y Gwendolyn Myers se reunieron cuatro veces con esa fuente, en encuentros grabados en audio y video. En esas conversaciones, según el Departamento de Justicia, hablaron de nombres en clave, entregas personales, “puntos muertos”, traspasos de mano a mano y hasta intercambios de carritos de compra en supermercados.
Durante esos encuentros, Kendall Myers admitió haber transmitido información por encima del nivel “secreto”. Al preguntársele si había entregado al Gobierno cubano información clasificada a un nivel superior, respondió: “Oh, sí… Oh, sí”. También dijo que normalmente sacaba información del Departamento de Estado de memoria o mediante notas, aunque en ocasiones llevó documentos clasificados a su casa; Gwendolyn Myers reconoció que procesaba allí esos documentos para entregarlos a sus contactos cubanos.
El FBI encontró además que, entre el 22 de agosto de 2006 y el 31 de octubre de 2007, Myers consultó más de 200 informes de inteligencia sobre Cuba en su computadora del Departamento de Estado. La mayoría de esos informes estaban clasificados como “secreto” o “máximo secreto”. Las autoridades también localizaron notas manuscritas suyas que reflejaban la recopilación y retención de información secreta que pretendía entregar al servicio cubano, aunque no llegó a hacerlo.
La sentencia incluyó también un juicio monetario contra ambos por 1.735.054 dólares. Esa suma correspondía, según el Gobierno estadounidense, al salario obtenido por Kendall Myers mientras ocultaba sus actividades clandestinas y hacía declaraciones falsas para conservar su autorización de seguridad. Para satisfacer esa sanción, el matrimonio aceptó la confiscación de bienes, incluidos su apartamento en Washington D.C., un yate de vela, un vehículo y cuentas bancarias e inversiones.
Al anunciar la sentencia, el entonces fiscal federal Ronald C. Machen Jr. afirmó que los Myers fueron llevados ante la justicia “no porque fueran descuidados, sino por una investigación de contrainteligencia extremadamente bien planificada y ejecutada”. Shawn Henry, entonces subdirector de la oficina del FBI en Washington, dijo que “los Myers tomaron una decisión consciente de traicionar a Estados Unidos y a sus ciudadanos”.
El caso provocó también una reacción pública de Fidel Castro, quien en junio de 2009 calificó las acusaciones como “ridículas” y describió el expediente como una “historieta de espionaje”. En una columna citada por Reuters, Castro no confirmó ni negó las acusaciones, pero dijo que no recordaba haberse reunido con la pareja en 1995, como alegaba el Departamento de Justicia: “En aquella época me reuní con miles de norteamericanos por diferentes razones, tanto individualmente como en grupos (…), así que difícilmente se me puede pedir que recuerde detalles de una reunión con solo dos personas”.
Castro también defendió, en términos generales, a quienes hubieran colaborado con el Gobierno cubano. “Por principio, puedo asegurarles que nunca hemos torturado ni pagado a nadie para obtener ningún tipo de información”, escribió. Añadió que quienes hubieran ayudado a proteger a Cuba de “planes terroristas y complots de asesinato” organizados por administraciones estadounidenses actuaron “por iniciativa de su propia conciencia” y merecían “todos los honores del mundo”.
Myers había dicho a la fuente encubierta del FBI que él y su esposa recibieron “muchas medallas” del Gobierno cubano y que pasaron una noche con Fidel Castro en 1995. Tras su arresto, un juez ordenó mantenerlos detenidos antes del juicio por considerar que podían huir a Cuba o refugiarse en la entonces Sección de Intereses de Cuba en Washington.










