MIAMI, Estados Unidos ― La relación entre los regímenes de Cuba y Venezuela atraviesa una etapa de silencio, incertidumbre y posible enfriamiento tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero, un giro que golpeó dos pilares históricos de la alianza: el suministro petrolero venezolano a la Isla y la presencia de médicos y asesores cubanos en territorio venezolano, de acuerdo con un despacho de EFE firmado en La Habana.
La captura de Maduro aparece ahora como un punto de quiebre en el vínculo entre Caracas y La Habana, que durante más de dos décadas funcionó como una alianza política, económica e ideológica de alcance regional. EFE describió este miércoles que ambos gobiernos pasaron de una coordinación estrecha a una distancia marcada por “silencios e incógnitas”, en un escenario donde el flujo de petróleo hacia Cuba se interrumpió y el papel de los profesionales cubanos en Venezuela quedó bajo presión.
El investigador y profesor de la Universidad de La Habana Pável Alemán, citado por EFE como uno de los principales expertos cubanos en las relaciones entre ambos países, resumió la falta de certezas sobre el estado actual del vínculo: “Es difícil de saber el punto exacto en el que se encuentra la relación bilateral”.
Alemán consideró que una relación “muy profunda” y “de alto nivel” corre ahora el riesgo de sufrir “un enfriamiento paulatino” por los cambios impulsados por la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Según el académico, “el nuevo gobierno venezolano va paulatinamente dejando sin efecto un grupo de misiones sociales que se habían aprobado desde mucho antes”, además de acatar “la petición de EE.UU. de no exportar más petróleo a Cuba” y aplicar “cambios mucho más profundos, como la Ley de Hidrocarburos y otras que se han aprobado rápidamente”.
“Esto tiene un impacto negativo en la sociedad cubana y, lógicamente, en las relaciones” bilaterales, dijo Alemán a EFE. La advertencia apunta al corazón económico de la alianza: Venezuela fue por más de 25 años el principal proveedor de crudo y combustible de Cuba mediante un pacto basado en el intercambio de productos y servicios, pero Reuters reportó en febrero que el suministro venezolano a la Isla cesó después de que Washington tomó control de las exportaciones petroleras venezolanas tras la captura de Maduro.
La interrupción del petróleo venezolano agravó la crisis energética cubana, que ha alcanzado niveles históricos.
El catedrático de la Universidad de Puerto Rico Efraín Vázquez Vera fue todavía más categórico en declaraciones a EFE: “Las relaciones entre Venezuela y Cuba están totalmente paralizadas”. A su juicio, Venezuela ya no funciona como un “factor” en la política cubana y la captura de Maduro opera, más bien, como una advertencia, “una amenaza o posibilidad latente de qué podría ocurrir en Cuba”.
El repliegue no se limita al petróleo. Reuters reportó el 21 de febrero, con base en 11 fuentes familiarizadas con el asunto, que asesores de seguridad y médicos cubanos habían comenzado a salir de Venezuela mientras el gobierno interino de Delcy Rodríguez enfrentaba presiones de Washington para desmontar la alianza más importante de la izquierda latinoamericana. La agencia también informó que Rodríguez confió su protección a escoltas venezolanos, a diferencia de Maduro y Hugo Chávez, quienes dependieron de fuerzas cubanas de élite.
El costo humano de la operación estadounidense también pesa sobre la relación bilateral. La Habana admitió la muerte de 32 cubanos durante el ataque militar en el que Maduro fue capturado el 3 de enero. “Fue la primera vez en décadas que cubanos caían en un conflicto en el suelo de otro país”, dijo Alemán a EFE.
Por su parte, Vázquez Vera dijo que percibe “un poco de resentimiento de parte de los cubanos”, debido a la percepción de que la operación contra Maduro habría contado con apoyo “interno” desde Venezuela y que, por tanto, “se sacrificó” a los militares cubanos que integraban su primer círculo de seguridad.
La operación que sacó a Maduro del poder también reconfiguró el tablero político venezolano. EE.UU. capturó a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, durante una operación militar en Caracas el pasado 3 de enero. Por su parte, Delcy Rodríguez juró como presidenta interina el 5 de enero ante la Asamblea Nacional venezolana.
En paralelo, Venezuela ha abierto su sector energético a nuevos acuerdos con compañías extranjeras. En abril pasado, BP firmó un memorando de entendimiento para desarrollar el campo gasífero Cocuina-Manakin y explorar oportunidades en el campo Loran, como parte de una estrategia venezolana de atracción de inversión extranjera tras la salida de Maduro del poder. En esa ceremonia, Rodríguez dijo que el regreso de BP era “una señal clara del futuro” que buscaba para Venezuela y para sus relaciones energéticas internacionales.
El silencio político entre La Habana y Caracas contrasta con la antigua frecuencia de gestos públicos, consignas compartidas y respaldos cruzados. EFE reportó que, en los últimos cuatro meses, las menciones mutuas y las muestras de apoyo han sido mínimas, cuando antes eran habituales, y que los contactos personales se redujeron de manera marcada. Ni la Cancillería cubana ni la Embajada de Venezuela en La Habana respondieron a consultas de la agencia sobre el estado de la relación.
Para Alemán, el cambio en Caracas también tocó una fibra sensible del nacionalismo cubano, al remover una alianza sostenida durante años sobre la base del antiimperialismo y de una coordinación política regional que incluyó mecanismos como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y Petrocaribe. “Cualquier tipo de opción de carácter intrusivo en los asuntos internos de Cuba, más aún si es a través del empleo de la fuerza, no va a tener una buena acogida”, advirtió.
El académico descartó, además, que una intervención similar a la aplicada en Venezuela pueda trasladarse con facilidad al caso cubano.









