MIAMI, Estados Unidos ― Miguel Díaz-Canel rechazó de forma tajante una negociación con Estados Unidos en los términos de “cambio de régimen” y aseguró que los “problemas internos” de Cuba no estarán sobre la mesa en un eventual proceso con Washington.
“Absolutamente no. Ese no es un tema”, dijo el gobernante cubano en una entrevista con el periodista brasileño Breno Altman para el programa 20 minutos. Cuando el entrevistador le planteó que, si EE.UU. no aceptaba negociar bajo las condiciones cubanas, entonces no habría acuerdo, respondió sin rodeos: “No hay negociación. No hay negociación”.
La Habana dice estar dispuesta a dialogar, pero solo “desde una posición de respeto” a su sistema político, su soberanía y su independencia, “sin condicionamiento y en condiciones de igualdad”. Díaz-Canel sostuvo que cualquier conversación bilateral tendría que construirse primero con canales de diálogo, una agenda de debate y áreas de trabajo común, pero dejó claro que no aceptará discutir cambios internos exigidos por Washington.
En la entrevista, el gobernante también afirmó que Cuba no quiere una confrontación con Estados Unidos, sino “construir un diálogo” que permita encontrar “espacios de entendimiento” y abrir cooperación en áreas como negocios, inversiones, salud, intercambio científico, cultura, deporte, migración, narcotráfico, delitos transnacionales, medio ambiente y seguridad. No obstante, la disposición quedó subordinada a una línea roja explícita: no aceptar imposiciones sobre el sistema político cubano.
Díaz-Canel también aseguró que, en las condiciones actuales, “es posible que [EE.UU.] intente agredir a Cuba” y sostuvo que el país debe prepararse “para que no haya sorpresa ni derrota”. Aunque insistió en que Cuba no promueve la guerra y no desea una confrontación con Washington, dijo que el Estado se prepara para defender “la Revolución y la soberanía y la independencia del país” si se produjera una agresión militar.
El gobernante vinculó esa tensión externa con la crisis económica y energética que atraviesa la Isla. En la misma entrevista afirmó que Cuba pasó “cuatro meses sin recibir una gota de combustible” y que el primer barco ruso llegado recientemente fue una donación que apenas cubre “la tercera parte” de lo que la Isla necesita en un mes. Según explicó, ese cargamento permitiría aliviar durante “unos días” la generación eléctrica y producir diésel, fuel, gasolina y algo de gas licuado, pero no resolvería el problema de fondo.
Díaz-Canel volvió a atribuir la crisis cubana principalmente al endurecimiento de las sanciones estadounidenses y al “bloqueo energético”. Aunque admitió que el Gobierno ha cometido errores, insistió en que esos fallos no son “la causa fundamental” de la situación actual. En su relato, la combinación de sanciones, restricciones energéticas y asfixia financiera explica tanto la escasez de combustible como los apagones, la afectación de servicios y el deterioro de la vida cotidiana en la Isla.


