enero 13, 2026

Mis malos recuerdos de enero de 1959

Al cabo de estos 67 años de Revolución, y con 78 años cumplidos, son muchas las experiencias negativas que he vivido desde aquellos primeros días de enero de 1959, de los que guardo tan malos recuerdos.
Fidel Castro durante el discurso conocido como 'Palabras a los intelectuales', en la BNJM, el 30 de junio de 1961
Fidel Castro durante el discurso conocido como 'Palabras a los intelectuales', en la BNJM, el 30 de junio de 1961 (Foto tomada de la web 'Fidel soldado de las ideas')

LA HABANA.- La noche del 31 de diciembre de 1958, mi madre y yo —yo tenía entonces doce años— fuimos en el auto del esposo de una prima hasta San Luis, en Pinar del Río, para visitar a mi abuela paterna, que residía allí. Durante el trayecto no vimos nada anormal ni tuvimos contratiempos. Sin embargo, cerca de la ciudad de Pinar del Río observamos movimientos extraños. Cuando nuestro primo encendió la radio, escuchamos la noticia de que Fulgencio Batista se había ido de Cuba. Sería un enero distinto en Cuba.

Pudimos continuar el viaje hasta nuestro destino sin problemas. No obstante, el primo decidió regresar de inmediato a La Habana por temor a que pudieran saquear la bodega que poseía en Mantilla. Mi madre también optó por regresar, preocupada por mi padre, que era policía.

El viaje de regreso transcurrió sin complicaciones, aunque se respiraban incredulidad, incertidumbre y temor. En algunos puntos de la carretera había concentraciones de simpatizantes de la revolución, pero jamás fueron las grandes multitudes de las que hablaría posteriormente la propaganda castrista.

En un poblado de la Carretera Central vimos un cuartel del ejército con soldados atrincherados, que no permitían a los revolucionarios tomar la instalación. Aquello nos obligó a desviarnos por calles aledañas.

Al llegar al puente de La Lisa, miembros del Movimiento 26 de Julio —que probablemente no habían disparado un solo tiro contra el régimen de Batista— detenían todos los autos que pasaban para pintarles un “26” en la carrocería. El dueño de un Ford 53 se negó y le incendiaron el vehículo. Fue la primera arbitrariedad que observé cometida en nombre de “la revolución”.

En realidad, fueron muchísimas las acciones similares realizadas en aquellos primeros días de enero por los llamados “revolucionarios”, que se comportaban como facinerosos, violando las leyes y tomándose la justicia por su mano.

Al llegar a La Habana, mi madre fue enseguida a la Séptima Estación de Policía, ubicada en Infanta, entre Amenidad y Manglar, en El Cerro, a la cual pertenecía mi padre y donde lo tenían retenido.

Estuvo 28 días detenido, sometido a investigaciones. Finalmente, al no hallarlo culpable, fue liberado, pero lo dejaron cesante.

Al quedarse sin salario, se vio obligado a realizar trabajos menores para mantener a su familia, aunque nunca le alcanzaba el dinero. Gracias a la ayuda de familiares y amigos, pudimos resistir.

Los ingresos no alcanzaban para pagar mis estudios en la modesta escuela a la que asistía. Aquello me traumatizó de tal modo que, de ser siempre uno de los tres primeros del aula, pasé al sexto lugar, pues perdí la motivación por el aprendizaje.

Para poder pagar mis estudios, mi madre comenzó a trabajar como auxiliar en la misma escuela a la que yo asistía. Su salario íntegro se destinaba al costo de mi educación.

Tras pasar seis meses sin empleo, un familiar arquitecto, que trabajaba en el entonces Ministerio de Obras Públicas, le consiguió a mi padre trabajo como carpintero.

Para ir a trabajar, mi padre se levantaba a las cuatro y media de la mañana y regresaba muy tarde, a veces ya anochecido. Fue enorme el desgaste físico que sufrió durante los casi cuatro años que trabajó en la construcción.

Lo jubilaron con 98 pesos, una cantidad inferior a la estipulada por los 27 años de servicios prestados como agente de la autoridad.

Al cabo de estos 67 años de Revolución, y con 78 años cumplidos, son muchas las experiencias negativas que he vivido desde aquellos primeros días de enero de 1959, de los que guardo tan malos recuerdos.

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Jorge Luis González Suárez

Periodista independiente