“La reconstrucción de Cuba no será de un año para otro; hay que pensar en una década”

Carlos Penín, ingeniero civil y empresario cubanoamericano, considera que el primer gobierno democrático deberá priorizar el agua potable, la electricidad y la conectividad del país. Asegura que la recuperación de la infraestructura demandará inversiones de hasta 350.000 millones de dólares y una planificación rigurosa desde el primer día de la transición.
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Foto: Cubanet

MIAMI.- Décadas de abandono, falta de mantenimiento y malas decisiones estatales han llevado la infraestructura cubana a un nivel crítico. El deterioro de las redes hidráulicas, los apagones prolongados y el mal estado de carreteras y vías de comunicación no solo reflejan la profundidad de la crisis del país, sino que plantean enormes desafíos para una futura transición democrática.

Carlos Penín conoce de cerca la magnitud de ese reto. Nacido en Holguín y exiliado en Estados Unidos desde 1962, es ingeniero civil registrado en Florida y presidente, desde 1989, de CEP Engineering y CEP Government. Su experiencia profesional le permite analizar qué necesitará Cuba para reconstruir servicios esenciales después de más de seis décadas de deterioro.

En conversación con CubaNet, Penín identifica tres prioridades inmediatas: garantizar el acceso al agua potable y al saneamiento, recuperar el sistema eléctrico y restablecer la conexión vial entre las distintas regiones de la Isla. También explica por dónde debería comenzar la reconstrucción y qué condiciones serán necesarias para convertirla en un proceso viable y duradero.

Han pasado más de seis décadas de deterioro de la infraestructura cubana. ¿Qué tan urgente es comenzar su reconstrucción?

Es urgente. Hace casi veinte años participé por primera vez en reuniones donde ya se analizaba cómo sería el primer día después de una transición en Cuba. En ese momento el deterioro de la infraestructura ya era enorme. Hoy la situación es mucho peor porque durante todos estos años el Gobierno prácticamente ha dejado de mantener o mejorar las obras públicas.

Si hubiera que establecer prioridades, ¿qué debería reconstruirse primero?

Lo ideal sería atenderlo todo al mismo tiempo, pero si hay que establecer un orden, lo primero es resolver el problema del agua potable, porque representa un riesgo directo para la salud pública. En segundo lugar está la energía eléctrica. Un país no puede funcionar con apagones que duran días enteros. Después vendría la conectividad de la isla, especialmente la red vial que une el occidente con el oriente.

¿Cuál considera que es hoy la infraestructura que representa el mayor peligro para la población?

Las carreteras. La Autopista Nacional presenta un deterioro muy serio y eso ha provocado numerosos accidentes fatales. Muchas vías carecen de iluminación, áreas de descanso y mantenimiento adecuado. También la Carretera Central necesita una intervención profunda porque continúa siendo una vía esencial para comunicar el país.

Usted ha participado en grandes proyectos de infraestructura en Estados Unidos. ¿Qué experiencias podrían aplicarse en Cuba?

Uno de los modelos que mejor funciona es el de las alianzas público-privadas (P3). Participé en el desarrollo de la autopista I-595, en Florida, donde trabajaron conjuntamente el sector público, empresas privadas, ingenieros, inversionistas y constructores. Ese tipo de colaboración permite ejecutar proyectos mucho más rápido que si dependieran únicamente del Estado. Ese modelo puede aplicarse perfectamente en Cuba.

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Además de carreteras y servicios básicos, ¿qué otras prioridades identifica?

La vivienda. Existe un déficit enorme y buena parte de las construcciones actuales se encuentran en condiciones muy precarias. En muchos casos no basta con hacer reparaciones superficiales; será necesario comenzar prácticamente desde cero. Siempre respetando el patrimonio histórico, pero entendiendo que muchas estructuras ya no ofrecen condiciones de seguridad.

¿Es posible salvar el patrimonio arquitectónico de ciudades como La Habana?

Sí, pero habrá que evaluar cada edificio individualmente. Algunos podrán reforzarse estructuralmente y conservarse; otros tendrán que reconstruirse casi por completo. Lo importante es preservar el valor histórico sin comprometer la seguridad de quienes utilicen esos inmuebles. Existen incluso fondos internacionales destinados a la conservación del patrimonio que podrían aprovecharse.

¿Puede la reconstrucción convertirse en un motor para generar empleo?

Sin duda. La infraestructura genera empleo en todos los niveles: ingenieros, administradores, obreros, contratistas y empresas especializadas. Además, obliga a movilizar toda una cadena de suministros y servicios. Cada proyecto crea oportunidades económicas para miles de personas.

¿Qué proyecto tendría un mayor impacto simbólico para que los cubanos perciban que el país realmente está cambiando?

Paradójicamente, no sería una obra física. Lo primero sería garantizar una comunicación libre mediante internet. Que cualquier cubano pueda acceder libremente a la información y expresarse sin censura. Esa sería una señal inmediata de que el país ha cambiado. Después vendrán los hospitales, las plantas eléctricas, los sistemas de agua potable y el resto de las grandes inversiones, que naturalmente requieren más tiempo.

¿Cuánto tiempo tomaría recuperar la infraestructura mínima para que Cuba vuelva a funcionar con normalidad?

Nadie puede dar una respuesta exacta, pero creo que debemos pensar en una década. No es algo que pueda resolverse en uno o dos años. Después de más de sesenta años de deterioro, la recuperación también requerirá tiempo. Lo importante es comenzar con un plan bien diseñado desde el primer día de la libertad de Cuba, estableciendo correctamente las prioridades para no cometer errores.

¿Qué le recomendaría al primer gobierno democrático?

Que garantice, mediante una nueva Constitución y un sólido Estado de derecho, que Cuba nunca vuelva a caer en otro régimen autoritario. La reconstrucción física será importante, pero debe ir acompañada de instituciones fuertes, leyes claras y garantías para la libertad y la inversión.

¿De cuánto dinero estamos hablando para reconstruir el país?

Los cálculos que se discutieron recientemente entre especialistas sitúan la inversión necesaria entre 250.000 y 350.000 millones de dólares. Incluso esa cifra probablemente no cubra todas las necesidades, pero sería un excelente punto de partida para levantar prácticamente un país desde cero.

¿Qué mensaje quisiera enviar a los cubanos?

Que no pierdan la esperanza. Los cubanos que vivimos en libertad hemos demostrado de lo que somos capaces cuando existen oportunidades. Tenemos el conocimiento, la experiencia y el deseo de ayudar a reconstruir nuestro país. Llegará el momento de hacerlo y debemos estar preparados para ese día.

Nota: Esta entrevista se realizó como parte de una colaboración con el proyecto de Cuba Siglo 21 «Cuba:
reconstruir y reinventar»

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