SANTA CLARA, Cuba ― Hasta este fin de semana muy pocos negocios de Santa Clara tenían a la venta aceite a granel a casi 5.000 pesos por menos de un litro y huevos a 170 pesos la unidad. En menos de dos meses estos dos productos comenzaron a escasear incluso en las mipymes mayoristas y alcanzaron precios récord en el mercado informal, tras la anulación del tope máximo fijado por ley.
La medida entró en vigor apenas unas semanas después de que el Ministerio de Finanzas y Precios eliminara, mediante la Resolución 150/2026, los precios minoristas máximos nacionales establecidos en 2024 para seis productos, incluidos el aceite, la leche en polvo y las salchichas.
Sin embargo, el Acuerdo 127 del Consejo Provincial del Poder Popular de Villa Clara estableció posteriormente un margen comercial máximo del 30% y fijó para el huevo un precio de 95 pesos por unidad en la comercialización mayorista y de 110 pesos en la minorista.
De acuerdo con esa medida, a quienes incumplan lo establecido se les aplicará el Decreto-Ley 91 de 2024 y el Decreto 30 de 2021, que contemplan multas, decomisos, ventas forzosas de los productos o suspensiones temporales de licencias, permisos y autorizaciones. En los casos más graves, los inspectores podrán disponer la cancelación definitiva de dichas licencias —incluida la autorización para ejercer el trabajo por cuenta propia—, así como la clausura total o parcial de establecimientos o locales.
Aunque la mayoría de los vendedores habían retirado los productos afectados por la medida de sus puestos de venta, la medida tomó a unos cuantos desprevenidos. A solo tres días de anunciada la medida, el perfil de Facebook del Gobierno municipal de Santa Clara publicó los resultados de un operativo de control que culminó con más de una veintena de multas, por un total de 184.000 pesos en total. Según detalla la publicación “Golpe a la especulación”, la “medida ejemplarizante” incluyó la venta forzosa de productos como aceite, leche en polvo y pollo.
Las inspecciones sorpresivas alcanzaron a más de una decena de negocios por cuenta propia ubicados en la zona central de la ciudad y en otros repartos más alejados como Antón Díaz, Capiro-Santa Catalina y Condado. Las sanciones de mayor cuantía fueron aplicadas a quienes vendían el aceite vegetal 4.500 pesos y a cinco de ellos que comercializaban el azúcar a más de 600 CUP por cada libra.
Tanto en Villa Clara como en otras provincias, las nuevas disposiciones fijaron como regla un margen comercial máximo del 30% para la formación de precios: el litro de aceite deberá venderse en 2.250 pesos en el mercado mayorista y en 2.500 pesos en el minorista; la leche en polvo, en 3.120 pesos el kilogramo al por mayor y en 3.465 pesos en la venta minorista. En el caso del azúcar refinado, se deberá comercializar en 370 pesos la libra en la venta mayorista y en 410 en minorista; y las salchichas de un kilogramo, en 1.255 y 1.500 pesos en dependencia del tipo de operación.
Los autoridades locales justificaron la decisión alegando que se trata de un intento por frenar el incremento indiscriminado de precios minoristas y a partir de un intercambio con “determinados actores económicos que se dedican a la comercialización de productos alimenticios de primera necesidad”, para así determinar la revisión de los precios de importación y los gastos de transportación.
En los comentarios de la nota publicada en el perfil del Gobierno municipal decenas de villaclareños criticaron que los precios continuaran siendo inaccesibles para cualquier trabajador estatal o jubilado. “La vida sigue igual”, comentó un usuario identificado como Rafael Pérez. “A 2.500 pesos el aceite no es ninguna bagatela, no es ayuda, ni es apoyo, seguirá inalcanzable para miles, entre ellos los pensionados, amas de casa, estudiantes, en fin, el pueblo”.
Otros razonaron que, si hasta ahora era sumamente difícil hallar estos productos en el mercado informal, la medida podía traer como consecuencia la desaparición total de los productos afectados como ha ocurrido con anteriores disposiciones de topes de precios. Para evitar el asedio de los inspectores y a raíz de la sarta de multas aplicadas en Santa Clara, muchos cuentapropistas han recurrido a estrategias de ocultamiento: esconden la mercancía en espacios poco visibles de sus negocios o la reservan únicamente para clientes de confianza.









