MIAMI.- La reconstrucción de Cuba será uno de los mayores desafíos que enfrentará el país en una eventual transición democrática. Tras décadas de deterioro, la Isla acumula graves problemas en áreas clave como la generación eléctrica, el transporte, las comunicaciones, la vivienda y los servicios básicos, lo que obliga a pensar no solo en soluciones inmediatas, sino también en una estrategia de desarrollo a largo plazo.
Para analizar ese escenario, CubaNet conversó con María Fernández Porrata, una destacada ingeniera civil cubanoamericana con más de cuatro décadas de experiencia en el sector del transporte y la infraestructura en el sur de la Florida. Graduada de Ingeniería Civil por la Universidad Internacional de Florida (FIU), Fernández Porrata ha desarrollado una amplia carrera tanto en el sector público como en el privado y ha participado en importantes proyectos de infraestructura.
¿Qué tan grande es hoy el deterioro de la infraestructura cubana y cuáles son las áreas más críticas?
El deterioro de la infraestructura cubana es total. Idealmente, lo mejor sería no utilizar gran parte de lo que existe hoy y construirlo todo de nuevo para garantizar sistemas más duraderos y eficientes. Sin embargo, eso no es realista.
Creo que todas las áreas de infraestructura son críticas, pero si se produjera una transición y realmente quisiéramos ayudar al pueblo de Cuba, habría que comenzar por las comunicaciones. Sin comunicación no se puede coordinar ningún esfuerzo de reconstrucción.
Después colocaría la electricidad, porque sin energía no podemos reconstruir nada. A continuación vendría toda la infraestructura relacionada con el transporte. Si no contamos con aeropuertos, puertos, carreteras y vías para mover personas, materiales y mercancías, el país no puede reconstruirse.
Luego están las viviendas. Si no tenemos condiciones adecuadas para vivir y descansar, resulta muy difícil desarrollar una vida normal. También son fundamentales la infraestructura hospitalaria y la educativa. Todas estas áreas son esenciales, pero es necesario avanzar por etapas.
No se puede reconstruir una isla completamente deteriorada por arte de magia. Eso requiere estudios, diagnósticos actualizados, diseño, reconstrucción y mantenimiento.
¿Cuáles serían los dos sectores por los que habría que empezar con mayor urgencia?
Para mí serían la electricidad y el transporte.
Existen numerosos estudios realizados durante décadas sobre la reconstrucción de Cuba. Muchos de ellos fueron elaborados por los colegios de ingenieros cubanos en el exilio y por especialistas de distintas ramas de la ingeniería. También hay investigaciones muy valiosas desarrolladas por la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE), una organización que respeto profundamente.
Sin embargo, todos esos estudios necesitan ser actualizados para reflejar la realidad actual del país. Aun así, si tuviera que establecer dos prioridades inmediatas, seguirían siendo la electricidad y el transporte.
Mencionaba anteriormente que, en un escenario ideal, preferiría partir de cero. ¿Es realmente posible?
No. Aunque desde el punto de vista técnico sería lo ideal, no es una alternativa realista.
Lo que tendría que hacerse es comenzar por las áreas más críticas y trabajar por etapas. La primera fase consistiría en utilizar la infraestructura existente, aplicando medidas correctivas temporales mientras se desarrolla una transición democrática.
La meta sería que cualquier mejora realizada en esta etapa inicial pueda seguir utilizándose en el futuro. Es decir, no se trata únicamente de resolver problemas inmediatos, sino de sentar las bases para una reconstrucción más profunda y sostenible.
No contamos con el capital ni con el tiempo para reconstruir completamente el país desde cero mientras se desarrolla una transición política, económica e institucional. Por eso será necesario mejorar temporalmente lo que existe y avanzar gradualmente hacia una renovación integral.
La reconstrucción de Cuba será un proceso largo. Incluso si dispusiéramos de todos los recursos necesarios, no podríamos transformar el país en unos pocos meses. Habrá que establecer fases, comenzando por reparar las fallas más graves y avanzando posteriormente hacia proyectos de mayor alcance.
¿Qué hacer mientras tanto con una infraestructura tan deteriorada?
El sistema está completamente fracturado y opera por encima de su capacidad. Sin embargo, los cubanos hemos demostrado durante décadas una enorme capacidad para encontrar soluciones en circunstancias muy difíciles.
Existen recursos temporales que pueden utilizarse para aliviar algunas de las carencias más urgentes. Por ejemplo, hay estructuras provisionales empleadas en operaciones militares y de emergencia, como puentes temporales, que podrían facilitar la movilidad mientras se desarrollan soluciones permanentes.
También existen nuevas tecnologías que pueden ayudar a evitar una mayor congestión de sistemas ya sobrecargados. Hoy contamos con herramientas y recursos que hace décadas no existían y que podrían ser incorporados durante una etapa de reconstrucción.
¿Es posible recuperar el sistema eléctrico cubano?
Yo no soy especialista en electricidad; mi área es la ingeniería civil. Sin embargo, basándome en estudios que he consultado y en el trabajo de expertos como el doctor Juan Belt, considero que la red eléctrica cubana sí puede renovarse.
A largo plazo, Cuba debe aprovechar al máximo las fuentes de energía renovable y limpia. Sin embargo, no se trata de un objetivo que pueda alcanzarse de inmediato. La situación energética actual es crítica y la red se encuentra profundamente deteriorada.
Por eso, el primer paso tendría que ser estabilizar y mejorar lo que existe hoy. Posteriormente podría avanzarse hacia sistemas más modernos y sostenibles que reduzcan la dependencia de tecnologías obsoletas.
Cuba también enfrenta constantemente el impacto de los huracanes. ¿Cómo influye eso en la reconstrucción?
La ubicación geográfica de Cuba la convierte en un país particularmente vulnerable a los huracanes, pero hoy existen tecnologías y conocimientos que permiten construir infraestructuras mucho más resistentes.
En instituciones como Florida International University se desarrollan investigaciones específicas sobre estructuras capaces de soportar fenómenos meteorológicos extremos. Gracias a esos avances es posible diseñar y construir instalaciones preparadas para resistir vientos superiores a las 200 millas por hora.
Todo depende de contar con los recursos humanos, financieros y tecnológicos necesarios. Si existen esos recursos, es perfectamente posible reconstruir una infraestructura más resistente y mejor preparada para enfrentar los desafíos climáticos del futuro.
¿Cómo pueden la tecnología, la inteligencia artificial, la automatización o las redes inteligentes acelerar la reconstrucción y modernización de Cuba?
Creo que la inteligencia artificial, la automatización y las nuevas tecnologías serán herramientas fundamentales durante cualquier proceso de reconstrucción.
Como ingeniera, he sido testigo de la enorme transformación tecnológica que ha vivido nuestra profesión en las últimas décadas. Cuando estudiaba ingeniería todavía se utilizaban herramientas que hoy resultan prácticamente obsoletas para las nuevas generaciones. Esa evolución demuestra que la tecnología ha servido para mejorar los procesos, aumentar la precisión y acelerar el desarrollo de proyectos.
Por supuesto, estas herramientas deben utilizarse con responsabilidad y criterio profesional, pero estoy convencida de que pueden contribuir significativamente a planificar mejor, ejecutar obras más rápido y optimizar recursos durante la reconstrucción de Cuba.
¿Qué papel podrían jugar los cubanos que viven en el exterior en ese proceso?
Creo que, independientemente de dónde vivamos, ante todo somos cubanos. Podemos tener diferencias políticas o ideológicas, pero compartimos una misma patria y una preocupación común por su futuro.
Los cubanos que vivimos fuera de la Isla hemos tenido acceso a experiencias, tecnologías y sistemas que pueden resultar muy útiles en un proceso de reconstrucción. Hemos trabajado en proyectos internacionales, conocemos modelos de gestión diferentes y hemos participado en procesos de transición de sistemas autoritarios hacia democracias.
Además, muchos hemos aprendido cómo funcionan los mecanismos de financiamiento internacional. Reconstruir Cuba requerirá miles de millones de dólares y existe experiencia en el exilio para identificar fondos, canalizar recursos y acceder a programas internacionales de apoyo.
También contamos con acceso a tecnologías y conocimientos que durante años han estado fuera del alcance de muchos profesionales dentro de Cuba. Todo ese capital humano y técnico podría ponerse al servicio del país.
Pero lo más importante es que existe la voluntad de compartirlo. Muchos cubanos en el exterior estaríamos dispuestos a colaborar para que, juntos, podamos reconstruir nuestra Isla.
¿Cuáles serían los recursos y las limitaciones reales para que exista un trabajo conjunto entre cubanos dentro y fuera de Cuba?
Lo primero que quisiera destacar es la calidad profesional de los ingenieros formados en Cuba. Durante mi carrera he trabajado con graduados de la CUJAE que han demostrado una enorme preparación técnica. Muchos han revalidado sus títulos en el extranjero y han desarrollado carreras exitosas.
Para mí, la principal fortaleza está en el capital humano. La diversidad de conocimientos, experiencias y perspectivas entre los cubanos que viven dentro y fuera de la Isla constituye una riqueza extraordinaria.
Ninguna gran obra puede desarrollarse de manera individual. Toda reconstrucción requiere equipos multidisciplinarios, cooperación y objetivos compartidos. Por eso considero que uno de los factores más importantes será precisamente la integración entre quienes conocen la realidad cotidiana de Cuba y quienes han adquirido experiencia internacional.
Los cubanos que viven en la Isla son quienes enfrentan cada día los problemas de infraestructura, transporte, agua, electricidad o vivienda. Son ellos quienes conocen las necesidades reales del país. Desde el exterior podemos aportar conocimientos, recursos y experiencias, pero debemos aprender también de quienes viven esa realidad diariamente.
La reconstrucción solo tendrá éxito si ambas partes trabajan juntas.
¿Cómo evitar que Cuba siga perdiendo talento y capital humano?
Esa es una pregunta muy difícil. Nadie abandona su país por gusto. Las personas emigran cuando sienten que no tienen oportunidades, cuando pierden la esperanza o cuando consideran que no pueden construir un futuro digno para ellos y sus familias.
La mejor manera de reducir la emigración es garantizar condiciones de vida adecuadas: alimentación, libertad de expresión, libertad religiosa, oportunidades económicas y perspectivas reales de progreso.
Cuando una persona siente que tiene futuro, que puede desarrollarse profesionalmente y vivir con dignidad, es mucho más probable que decida quedarse.
Creo que una transición que genere esperanza y oportunidades sería el mecanismo más efectivo para detener la fuga constante de talento que ha sufrido Cuba durante décadas.
Y también creo que muchos cubanos que hoy viven fuera estarían dispuestos a compartir sus experiencias y contribuir para que las nuevas generaciones no tengan que abandonar su país en busca de oportunidades.
¿Qué garantías jurídicas y de transparencia serían necesarias para atraer inversiones serias destinadas a la infraestructura?
No soy abogada ni economista, pero desde mi experiencia profesional considero que la transparencia es el elemento más importante.
Sin transparencia es imposible generar confianza. Los ciudadanos deben poder conocer cómo se utilizan los fondos destinados a la reconstrucción y tener mecanismos para supervisar esos procesos.
Si no existe transparencia, siempre habrá espacio para la corrupción y para el uso indebido de recursos que deberían beneficiar a toda la población.
Creo que Cuba necesitará una base jurídica sólida y ampliamente legitimada por los ciudadanos. Desde mi punto de vista, la Constitución de 1940 puede servir como referencia histórica importante, con las reformas y actualizaciones que resulten necesarias.
Lo esencial es que exista un marco legal que garantice la participación ciudadana, la rendición de cuentas y el control democrático sobre los recursos destinados a la reconstrucción.
Los cubanos somos personas muy creativas, pero también muy conscientes cuando algo no funciona correctamente. Por eso considero que la ciudadanía debe tener acceso a la información y la capacidad de exigir explicaciones sobre cómo se utilizan los fondos y cómo avanzan los proyectos.
¿Cuándo podría el cubano empezar a percibir mejoras reales?
Ojalá existiera una respuesta exacta para esa pregunta. Por primera vez en muchos años siento que existe una posibilidad real de cambio. No puedo predecir cuándo ocurrirá ni cómo será exactamente el proceso, pero sí creo que cuando una sociedad pasa de una situación de carencia extrema a recibir apoyo, inversiones y oportunidades, los primeros cambios pueden comenzar a percibirse relativamente rápido.
He estudiado procesos de transición en otros países y he visto casos donde las mejoras comenzaron a hacerse visibles en períodos relativamente cortos.
No significa que todos los problemas desaparezcan de inmediato, porque la reconstrucción de un país es una tarea enorme. Pero sí creo que, con planificación adecuada, apoyo internacional y participación de los cubanos dentro y fuera de la Isla, los ciudadanos podrían comenzar a percibir señales concretas de mejoría durante las primeras etapas de una transición.
¿Qué errores no deberían cometerse durante la recuperación del país?
El principal error sería perder de vista las necesidades reales de la población.
Los recursos destinados a la reconstrucción deben utilizarse para resolver problemas concretos y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. También es fundamental tomar decisiones basadas en criterios técnicos y en el conocimiento de especialistas capacitados.
Cuando hablamos de infraestructura estamos hablando de carreteras, puentes, sistemas ferroviarios, comunicaciones, hospitales, escuelas, viviendas, redes eléctricas y servicios básicos. Todo eso debe planificarse pensando en el largo plazo.
Las obras públicas tienen una vida útil limitada, pero deben diseñarse y construirse para durar el mayor tiempo posible. Igualmente importante es garantizar su mantenimiento, porque una infraestructura sin mantenimiento termina deteriorándose rápidamente.
La reconstrucción debe enfocarse no solo en construir, sino también en preservar y sostener lo construido para las futuras generaciones.
Nota: Esta entrevista se realizó como parte de una colaboración con el proyecto de Cuba Siglo 21 «Cuba:
reconstruir y reinventar».

