
“¿Y la luz, broder, la luz?”:los cubanos vivimos en un eterno apagón
Entre versos, apagones y arroz cocinado en casas ajenas, esta crónica retrata un país donde la luz también se convirtió en privilegio.

Entre versos, apagones y arroz cocinado en casas ajenas, esta crónica retrata un país donde la luz también se convirtió en privilegio.

Las muestras de descontento popular se repiten con creciente frecuencia ante el agravamiento de la crisis energética en Cuba.

Nosotros seguimos soñando con Cuco Mendieta y oteamos el horizonte buscando el portaviones.

Todavía persiste en muchos el miedo a “señalarse”. Es precisamente ese miedo —más que la complicidad o la ignorancia— lo que mueve a la mayoría de los que dicen “sí” cuando en realidad piensan “no”.

Como buscando que nuestras mentes colapsen, nos atiborran de datos estúpidos y tecnicismos sobre capacidad de generación y demanda.

Ay, todo se pudre, como sucede en las guerras, en esas guerras en las que la salvación se hace escasa, casi imposible.

Falta muy poco para que, sin más rodeos, nos digan que hasta el agua potable deberemos importarla o adquirirla en dólares.

Son muchos los que se preguntan qué podría ocurrir con esas negociaciones que se están desarrollando si el régimen saca la vara de la represión y ataca al pueblo, provocando una espiral que nadie desea. El castrismo se está moviendo por el filo de una navaja y no sabe qué hacer.

La crisis energética en la isla se ha agudizado en las últimas semanas, con déficits de generación que con frecuencia superan los 1,500 y hasta los 2,000 megavatios en horario pico.

Videos difundidos en redes sociales y por medios independientes muestran a residentes golpeando ollas y sartenes desde sus casas y balcones.

Entre versos, apagones y arroz cocinado en casas ajenas, esta crónica retrata un país donde la luz también se convirtió en privilegio.

Las muestras de descontento popular se repiten con creciente frecuencia ante el agravamiento de la crisis energética en Cuba.

Nosotros seguimos soñando con Cuco Mendieta y oteamos el horizonte buscando el portaviones.

Todavía persiste en muchos el miedo a “señalarse”. Es precisamente ese miedo —más que la complicidad o la ignorancia— lo que mueve a la mayoría de los que dicen “sí” cuando en realidad piensan “no”.

Como buscando que nuestras mentes colapsen, nos atiborran de datos estúpidos y tecnicismos sobre capacidad de generación y demanda.

Ay, todo se pudre, como sucede en las guerras, en esas guerras en las que la salvación se hace escasa, casi imposible.

Falta muy poco para que, sin más rodeos, nos digan que hasta el agua potable deberemos importarla o adquirirla en dólares.

Son muchos los que se preguntan qué podría ocurrir con esas negociaciones que se están desarrollando si el régimen saca la vara de la represión y ataca al pueblo, provocando una espiral que nadie desea. El castrismo se está moviendo por el filo de una navaja y no sabe qué hacer.

La crisis energética en la isla se ha agudizado en las últimas semanas, con déficits de generación que con frecuencia superan los 1,500 y hasta los 2,000 megavatios en horario pico.

Videos difundidos en redes sociales y por medios independientes muestran a residentes golpeando ollas y sartenes desde sus casas y balcones.
