MIAMI, Estados Unidos. – El dictador Raúl Castro Ruz recibió en La Habana, en la tarde de este martes, al ministro del Interior de la Federación de Rusia, Vladímir Alexandrovich Kolokoltsev, en un encuentro del que el régimen cubano divulgó apenas una nota escueta, sin detallar agenda, acuerdos concretos ni resultados verificables.
La reunión, confirmada por medios estatales, se produjo con la presencia del máximo responsable del Ministerio del Interior (MVD) ruso, una cartera clave para la seguridad interna y la estructura policial del Kremlin.
De acuerdo con la información oficial publicada por medios oficiales, en el intercambio hablaron de “las excelentes relaciones bilaterales entre la Federación de Rusia y la República de Cuba” y de la “permanente voluntad de fortalecerlas”. La nota añade que, “en este contexto”, Raúl Castro envió “afectuosos saludos” al presidente ruso, Vladímir Putin.
El comunicado también precisa que asistieron Víctor Koronelli, embajador de Rusia en Cuba, y otros integrantes de la delegación rusa. Por la parte cubana estuvieron presentes el miembro del Buró Político y ministro del Interior, general de Cuerpo de Ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas, así como otros jefes del propio organismo.
Más allá de esas generalidades, la nota oficial evita explicar qué temas específicos se abordaron entre los jefes de dos aparatos de seguridad con peso decisivo en la vida política de sus respectivos países. Esa omisión no es menor: según Prensa Latina, el Ministerio del Interior ruso es responsable de la política estatal en materia de “seguridad interna, orden público y lucha contra la delincuencia”, y su titular coordina fuerzas policiales y supervisa la aplicación de la ley en Rusia.
En ese marco, la agencia afirmó que la visita de Kolokoltsev “refuerza los vínculos de cooperación entre ambos países en materia de seguridad y orden público”, aunque sin aportar detalles verificables sobre mecanismos, programas o compromisos.
Prensa Latina informó, además, que Kolokoltsev inició ese mismo día una visita oficial a Cuba, con encuentros previstos con otras autoridades locales y participación en actividades conmemorativas vinculadas a la historia de la Isla, otra formulación amplia que tampoco aclara qué espacios, instituciones o contenidos integrarían la agenda.
En la práctica, el régimen cubano presenta el acercamiento con Moscú como una relación “excelente” y en expansión, pero vuelve a recurrir a un patrón de comunicación basado en consignas y cortesías diplomáticas, con escasa rendición de cuentas sobre lo que se negocia cuando se sientan a la mesa los responsables de la seguridad y el control interno.








