enero 2, 2026

Cuba: La angustiante sensación de no llegar a ninguna parte

Hasta tal extremo ha llegado la escasez de ómnibus que se ha tenido que usar el mismo carro para diferentes rutas, cambiándole el cartel identificativo entre recorridos.
Cuba, crisis, transporte
Una guagua rota en La Habana. (Foto: CubaNet)

LA HABANA.- “Después de no tener comida que darle a tus hijos, no hay nada más desesperante que tener que llegar a algún lugar y que no haya transporte”. Así se lamentaba ayer un vecino después de haber gastado unos cuantos pesos y gran parte del día en ir y venir de una gestión en otro municipio. Y es que el deterioro del transporte público en la isla alcanza ya cotas alarmantes. Por inverosímil que parezca, en Cuba llegar a tiempo al centro de trabajo, a la escuela, a una cita médica o a un trámite es una proeza rayana en lo imposible y casi totalmente fuera de nuestro control.

El viejo recurso de madrugar hace mucho que ya no resulta eficaz; no importa a qué hora se esté en la parada, el panorama será siempre el mismo: horas de espera y una feroz competencia con otras decenas de individuos tan apurados, desesperados y frustrados como uno. Aspirantes a pasajeros que, sin rastro de educación —ni compasión, para el caso—, harán honor a la ley del más fuerte para quitarnos de en medio y hacerse así con ese codiciado lugarcito que les permitirá llevar a término, o al menos iniciar, su plan del día. Eso, si viene el ómnibus, lo cual sucede con cada vez menos frecuencia.

No podría ser de otro modo. Para empezar, el parque disponible se ha reducido en un 48 % desde el año 2019: de acuerdo con el presidente del Grupo Empresarial de Transporte Automotor, Oscar Carbajal, de una flota de 464 vehículos, para diciembre de 2024 solo quedaban 239, con lo cual se hace prácticamente imposible afrontar averías y otros imprevistos. Solo en La Habana hay más de 90 líneas paralizadas. Hasta tal extremo ha llegado la escasez de ómnibus que se ha tenido que aplicar la alternativa de usar el mismo carro para diferentes rutas, cambiándole el cartel identificativo entre recorridos. En cuanto a otras provincias como Granma, Guantánamo y Santiago de Cuba, la mayoría de las líneas importantes han quedado reducidas a dos salidas al día: en la mañana y en la tarde.

Por otra parte, los vehículos que aún se encuentran operativos presentan un estado tan poco halagüeño que en ocasiones roza lo suicida atreverse a viajar en ellos. Y es que no importa cuántas nuevas adquisiciones se comuniquen con bombo y platillo, si el constante incumplimiento de pagos por parte del gobierno de la isla da al traste con la posterior adquisición de los imprescindibles insumos y piezas de repuesto. El desinterés gubernamental se ve reflejado en cifras: entre enero y septiembre de 2023, a transporte, almacenamiento y comunicaciones se destinó apenas el 14,1 % de la inversión nacional. En 2024, solo el 8,7 %. Súmense a esto las pésimas condiciones de calles y carreteras y ya se tendrá la receta perfecta para el consiguiente incremento de los accidentes. Como resultado, a la zozobra de no llegar a tiempo se le añade la angustia de no llegar, y punto.

Como insuficiente alternativa al transporte estatal, algunos acuden a porteadores privados, cuyos precios (oficiales) suelen oscilar entre los 150 y los 500 pesos moneda nacional. Algo que no muchos pueden permitirse, aunque parezca lo contrario a juzgar por la competencia para acceder a ellos, generalmente tan encarnizada como la que enfrentamos para subir al ómnibus.

Ante este panorama, las disposiciones gubernamentales supuestamente encaminadas a aliviar la situación siguen siendo insuficientes (por no decir aparentes) y, por demás, inefectivas. Así sucede, por ejemplo, con los cien microbuses de catorce plazas destinados este año al transporte público con una tarifa fija de $20.00, de los cuales 50 comenzaron a circular en la capital, 20 en Santiago de Cuba, y el resto serían destinados a Holguín (10), Camagüey (10), Ciego de Ávila (5) y Santa Clara (5). Como es fácil deducir de esas cifras, su inclusión, en la práctica, más que notarse, está condenada a perderse en el tráfico urbano.

No obstante, otras veces hay menos “suerte” y las medidas se quedan en promesas vacías. El lunes 31 de marzo de 2025 el oficialista periódico Granma anunciaba la reparación de nada menos que cien ómnibus “destinados a reforzar el parque automotor de La Habana”. Sin embargo, hasta el momento (diciembre del propio año) no se observa su incorporación al transporte público urbano. Más bien lo contrario.

Aunque, en honor a la verdad, el transporte público de la isla nunca ha funcionado como es debido después de 1959. Con una disponibilidad eternamente inferior a la demanda (como es característico de casi todos los rubros en un régimen totalitario pseudocomunista), bajo el mando de los Castros el sector no ha hecho más que alternar períodos de servicio pasablemente mediocre con otros de franca precariedad. “Ande en patines o en bicicleta”, recomendaba el humorista Virulo por allá por los años ochenta. Claro que tampoco había acusado nunca antes tal grado de abandono. Y mientras la ineficiencia gobierna a sus anchas en la mayor de las Antillas, todo parece indicar que a los cubanos no nos quedará más remedio que acostumbrarnos a viajar en la guagüita de San Fernando: un ratico a pie y otro caminando.

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Gladys Linares

Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.