enero 2, 2026

En la Calle Atocha parece que hubo un terremoto

Un vecino contó a Cubanet que hace poco un hombre que empujaba una carretilla cayó en el hueco y hubo que rescatarlo.
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Foto: el autor


LA HABANA.- La población habanera se queja constantemente del estado de destrucción del pavimento y las aceras. Pero hay un sitio que parece ser el colmo de este desastre: la calle Atocha, en el municipio Cerro.

Ese tramo, intransitable entre la calle Zaragoza y la Calzada de Palatino, da la impresión de haber sufrido un terremoto.

Hace más de dos años escribí un trabajo para CubaNet donde señalé la existencia de un enorme hueco que, debido a un salidero, estaba lleno de agua. Allí los niños llegaban a jugar como si fuera una piscina natural. Hoy la avería en la tubería fue reparada, pero la obra quedó inconclusa: el agujero sigue sin ser rellenado y está rodeado por un hierbazal que ha crecido en plena calle.

Unos diez metros más adelante se abre otro hueco. En él puede verse un riachuelo subterráneo que corre bajo el pavimento. Para salvarlo, colocaron vigas de acero a modo de puente y las cubrieron con asfalto. Sin embargo, con los años, la humedad y el paso de los vehículos, esa estructura se partió y la vía terminó desplomándose hasta el borde de la acera por donde transitan los peatones.

El riesgo es evidente para transeúntes y choferes. De noche, durante los apagones, el peligro aumenta, pero no existe un cartel que advierta.

Un vecino contó a Cubanet que hace poco un hombre que empujaba una carretilla cayó en el hueco y hubo que rescatarlo. Afortunadamente, solo sufrió algunos golpes.

Ambos huecos de la calle Atocha son usados por algunos vecinos para arrojar basura.

Problemas similares se repiten por toda La Habana sin que se solucionen.

Hace muchos años Fidel Castro habló de la necesidad de sustituir gran parte del sistema de alcantarillado y los conductos de agua de la ciudad debido a su antigüedad, pero hasta hoy solo se han ejecutado obras en sitios puntuales.

Al estar tupidas las alcantarillas, las lluvias intensas y los ciclones provocan inundaciones que debilitan la estructura vial.

Quienes construyen viviendas —principalmente personas del interior del país que llegan a la capital en busca de mejores condiciones de vida— rompen a veces las calles y conductos para abastecerse de agua potable, y luego no reparan lo que rompieron.

Los baches abundan en toda la ciudad, pero casi nunca se ven brigadas de reparación: los equipos están rotos o descontinuados por falta de piezas de repuesto. Los pocos vehículos disponibles se destinan a las avenidas principales, como la Quinta Avenida en Miramar, por donde transitan turistas y altos funcionarios.

Ante la falta de camiones adecuados para la recogida de basura, se emplean excavadoras que rompen aceras y parterres, generando nuevos huecos que quedan sin reparar.

La caótica situación vial en La Habana parece no tener solución a corto plazo: no existen los medios necesarios para las reparaciones y estas son extremadamente costosas.

Ante la incapacidad del Estado para resolver el problema, al paso que vamos, pronto las calles habaneras volverán a ser, como en los tiempos coloniales, terraplenes de arena y piedra que se llenan de fango cuando llueve.

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Jorge Luis González Suárez

Periodista independiente