enero 2, 2026

Fidel Castro aplicó lo que aprendió de Maquiavelo

Fidel Castro, para implantar un régimen totalitario, comenzó por eliminar la prensa libre, la Constitución y los partidos políticos, que fueron sustituidos por un único partido: el Comunista.
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Camilo Cienfuegos, Fidel Castro y Huber Matos entran a La Habana, 8 de enero de 1959 (foto: hubermatos.org)


LA HABANA.- Una de las obras más influyentes de la literatura universal, El Príncipe del florentino Nicolás Maquiavelo —escrito en 1513, en pleno Renacimiento—, seguramente fue leída con absoluta atención por Fidel Castro. Posiblemente, gran parte de la pérfida habilidad política que se le atribuye al extinto dictador provenga de las lecciones que extrajo de este libro: la astucia para esquivar obstáculos, una moral por encima del bien y del mal, la ausencia de escrúpulos y la habilidad para el engaño.

Fidel Castro puso en práctica al pie de la letra las enseñanzas de Maquiavelo durante su extenso régimen dictatorial, manteniendo un control absoluto en todas las esferas y dirigiendo el país a su antojo, como si se tratara de un bien propio.

Maquiavelo aseguraba que ningún triunfo sería permanente sin la fuerza. Fidel Castro, para implantar un régimen totalitario, comenzó por eliminar la prensa libre, la Constitución y los partidos políticos, que fueron sustituidos por un único partido: el Comunista. Fusiló o encarceló a miles de opositores; se apoderó de los bienes privados y los colocó bajo control estatal; sustituyó el Ejército y la Policía Nacional por su ejército guerrillero y creó un aparato de seguridad asesorado por la KGB soviética y la Stasi germano-oriental.

“En todos los Estados el fin primordial, el objetivo constante, es el mantenimiento de su integridad, evitando la disgregación social… La fuerza mantiene la cohesión”. Estas ideas conectan directamente con lo anterior. Cada vez que las circunstancias exigían modificar algo sin alterar la esencia del sistema, Fidel Castro recurría a esta concepción. Y siempre mantenía vigilancia absoluta sobre la población. Para ello creó los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), entre otras llamadas “organizaciones de masas”, integradas por miembros fieles que respondían a sus mandatos.

Siguiendo el consejo de Maquiavelo, Fidel Castro nunca esperó la acción del adversario: siempre la previno. “Atacar, destruir al enemigo, hacerlo todo de una vez, asegura la existencia del Principado”, afirmaba Maquiavelo. Y añadía: “Lo importante es que el Estado se mantenga en pie de cualquier manera que sea”. Ese precepto fue clave para Fidel Castro, y sus continuadores continúan aplicándolo cada vez que perciben algún peligro.

“Si las inclinaciones naturales de maldad y violencia resultan necesarias a la preservación del Estado, no debe preocupar al Príncipe la censura, porque, considerado todo, si lo que se parece a la virtud os llevase a la ruina, es mejor usar violencias voluntarias que os procuren la salvación y el bienestar”.
Desde 1959 y hasta hoy, cualquier disidencia o manifestación de rechazo al régimen ha sido reprimida.

Decía Maquiavelo: “Un país acostumbrado a vivir bajo el mando de un hombre solo, o sea de un Príncipe, no puede preservar fácilmente sus libertades”.

También recomendaba a los gobernantes: “En épocas convenientes del año, debe distraer a los pueblos con fiestas y espectáculos”. Ese consejo fue seguido sistemáticamente por Fidel Castro para ganar simpatía popular, distraer y controlar mejor a la ciudadanía.

Sin duda, El Príncipe fue una verdadera “Biblia” para Fidel Castro, quien durante su régimen aplicó sus enseñanzas de forma rigurosa. Quienes lean el libro podrán comprobarlo. En muchas ediciones actuales aparecen los comentarios al margen hechos por Napoleón Bonaparte. Es posible que Fidel Castro haya hecho lo mismo.

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Jorge Luis González Suárez

Periodista independiente