Sin aceite ni manteca: ¿con qué fríen los cubanos?

El aceite vegetal escala a precios alarmantes en el mercado informal de Santa Clara.
Cola para comprar aceite vegetal, este lunes en Santa Clara
Cola para comprar aceite vegetal, este lunes en Santa Clara (Foto de la autora)

SANTA CLARA, Cuba ― Entre las historias de precariedad del llamado Período Especial, las relacionadas con la escasez de aceite vegetal figuran entre las más recurrentes. Quienes sobrellevaron aquella crisis a menudo recuerdan con pesar cómo lograban engañar a sus hijos melindrosos con supuestos huevos fritos que en realidad se cocían en agua hirviendo. En la década de los años 90, la gente recurrió a alternativas desafortunadas para cocinar: extraer la grasa de la mayonesa de soya, de la tenca de río, del sebo de res y carnero o de la mantequilla, en el mejor de los casos.

De hecho, la falta de grasas esenciales en esa época dejó huellas en la salud de miles de cubanos. El Ministerio de Salud Pública de Cuba identificó 50.862 casos de una epidemia de neuropatía que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos asociaron con deficiencias nutricionales.

Más de 30 años después, prácticamente se vive El aceite comestible se ha convertido en uno de los productos más caros del mercado informal en Cuba: de junio a la fecha, un litro escaló de 2.000 pesos hasta casi 5.000 en casi todas las provincias del país. “He recorrido Santa Clara entera y ni manteca ni aceite”, asegura Juan Ramón Pozo, que incluso dice haberse llegado hasta el barrio Condado, la zona de venta clandestina más antigua de la ciudad. “Allá solo había en una casa, pero a casi 9.000 pesos un pomo de 900 mililitros y no estaba sellado”. 

En las intersecciones de las carreteras a Sagua y Maleza hay dos o tres charcuterías criollas que desde hace días tampoco tienen a la venta manteca líquida o en rama. “Con la poca que le saqué al último lechón me quedé yo”, asegura Yusniel González, vendedor de carne de cerdo. “¿Cómo voy a salir de algo que ahora mismo cuesta como oro para después pagar el aceite a miles de pesos que no rinde nada?”, razona. 

Cerca de allí, frente a una de las tantas mipymes de la carretera de Maleza, la mañana del 3 de agosto llamaba la atención una multitud que ocupaba casi toda una calle. Unas 50 personas aguardaban desde antes de que arribara al lugar un camión cargado con más de un centenar de pacas de aceite vegetal. Aunque los potenciales compradores aún no sabían a ciencia cierta el valor del producto “a granel”, escucharon decir que al por mayor se vendería a 60 dólares cada tanque de 20 litros. 

Tres personas de la cola calcularon que, de ser así, cada litro saldría en unos 2.000 pesos y que luego el aceite podría ser fácilmente revendido a más del doble. “Es un negocio redondo”, dijo una mujer que, ipso facto, hizo una llamada para solicitar los servicios de un “motonetero” que traslade la mercancía a su puesto de venta. El dependiente del negocio intentó aplacar el desespero generalizado y explicó que no se vendería el aceite hasta que no fuera contabilizado en el almacén. “De aquí no me voy, aunque me cojan las 3:00 de la tarde, porque por lo menos me llevo de 10 a 15 galones. Eso va a volar en mi cafetería”, aseguró la misma mujer.

A media cuadra del tumulto, el dueño de un pequeño negocio ha colocado un cartel en la puerta que especifica que “no hay aceite” para evitar el rosario de personas que se acercan a preguntar. En otro puesto colindante, la joven que atiende susurra a algunos clientes que su jefa está por llegar con un contenedor de aceite “desde La Habana”, aunque aún no le ha confirmado el precio por litro. “Seguramente no baja de 4.500”, especula. “Vengan por la tarde y pregunten, porque no lo puedo poner en el mostrador”, recomienda con discreción.

Anuncio de un cuentapropista en Santa Clara (Foto de la autora)

Hasta el pasado 20 de junio, el aceite vegetal en Cuba tuvo un precio máximo oficial de 990 CUP por litro, fijado por la Resolución 225/2024. Aunque la Resolución 150/2026 del Ministerio de Finanzas y Precios derogó esa norma y dejó sin efecto el tope, los cuentapropistas se cuidan de exhibir públicamente este tipo de producto con su respectivo valor inflado por las recurrentes visitas de inspectores, quienes podrían decomisarlo alegando alguna irregularidad con las facturas. 

En las colas de los puestos de venta no se habla de otro tema que de la escasez de aceite. “Dentro de poco se verá a la gente con la carne pegada al hueso, como en los 90”, comenta la señora que compró los tres últimos potes de margarina de un negocio para usarla como sustituto del aceite.

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