febrero 26, 2026

Escasez de aceite en Holguín: pánico, reventa y “sálvese quien pueda”

“¿Quién iba a pensar que en este país, donde te metían preso si te cogían con un dólar, ahora dependemos de eso?".
Imagen inspirada en la escasez y reducción de la canasta básica
Imagen inspirada en la escasez y reducción de la canasta básica (CubaNet)

HOLGUÍN, Cuba.-“La cosa se va a poner peor. Ayer el subdirector de la empresa me dijo que comprara todo lo que pudiera y que lo guardara, porque esto se va a poner feo de verdad. Y ahora veo que la gente está comprando cajas de aceite, como si se fuera a acabar el mundo”.

La advertencia que recibió Ana Iris Tamayo no fue un rumor de pasillo ni una especulación en redes sociales. Fue un comentario que, pese a su tono confidencial, se corrió de boca en boca hasta materializarse en los estantes vacíos de las tiendas. Su testimonio ilustra el momento exacto en que la incertidumbre y el miedo a la escasez se transforman en una acción desesperada.

Cola para comprar aceite. FOTO: autor

El impulso al acaparamiento es visible en las largas colas de pánico que se forman desde la madrugada frente a las tiendas que venden en dólares, reactivando los peores recuerdos de la crisis de los años noventa, durante el llamado Periodo Especial tras la caída del campo socialista de Europa del Este. No se trata solo de la falta de aceite comestible, sino de la certeza generalizada de que Cuba ha entrado en una fase de parálisis energética y financiera, en la que los recursos estatales se han debilitado peligrosamente. El desabastecimiento actual no es coyuntural: es la consecuencia directa del retorno a una economía de guerra, la llamada “opción cero”, agravada por el aislamiento geopolítico y la insolvencia del Gobierno.

La escasez de combustibles ha limitado drásticamente la distribución hacia las mipymes, que hasta hace poco habían cubierto parte del vacío comercial mediante la venta en moneda nacional. Hoy, la única opción son las tiendas estatales, donde el aceite comestible se vende entre 2,40 y 2,80 dólares, un precio exorbitante para la mayoría de los cubanos que viven de salarios o pensiones en pesos cubanos, especialmente si se tiene en cuenta que el dólar supera los 500 CUP en el mercado informal.

“El fallo fue que se acabó el aceite en las mipymes. Antes nadie compraba en las tiendas del Gobierno porque era en dólares y salía más caro. Pero ahora, como las mipymes no tienen, todo el mundo salió corriendo para donde único hay aceite”, explica Rogelio Martínez, quien estuvo en cola desde la madrugada. “Yo compré una caja con 12 pomos. La gente está comprando como si se acercara un ciclón o una desgracia”.

La escasez ha disparado de forma abrupta los precios en el mercado informal. “Para que tengas una idea del relajo: el domingo por la mañana el pomo de aceite de 700 mililitros estaba a 1.200 pesos, y por la tarde ya lo vendían a 1.800. Los revendedores sabían que la crisis venía”, cuenta Margarita Velázquez.

Sin embargo, el problema trasciende al pequeño revendedor de barrio. Ernesto Valdés, residente en el reparto Pedro Díaz Coello, apunta a una estructura de acaparamiento mayor, donde el dinero concentrado en pocas manos absorbe la oferta antes de que llegue al consumidor final. “En las mipymes llegan los poderosos, los que tienen mucho dinero, y se quedan con todo. Viene el camión y dicen: ‘Dámelo todo’. Si la mipyme lo vendía a 1.200, después te lo revenden a 1.800. ¿Y sabes quién trae eso? La necesidad y la escasez”.

La impunidad con la que operan estos mecanismos de reventa, a la vista de todos, genera un profundo sentimiento de indefensión. Idalmis Rodríguez, mientras hace cola en la tienda Modas Praga, describe cómo la falta de regulación facilita el acaparamiento. “Vi a un señor llevarse en un triciclo más de ocho cajas de aceite. Regresó, se coló de nuevo y siguió comprando. A la tienda no le importa cuántas veces compres; mientras pagues, despachan”.

Foto: autor

El “sálvese quien pueda” se ha impuesto como norma. La solidaridad que alguna vez distinguió la convivencia en Cuba ha cedido ante una disputa feroz por los productos básicos. Visiblemente agotada tras varias horas de espera en la tienda Luz de Yara, la holguinera Yamilé Ochoa resume el sentir colectivo: “Aquí ya no hay vecinos ni nada. El hambre y la necesidad sacan lo peor de uno. Nos han puesto a fajarnos por un pomo de aceite. Da tristeza, pero hoy en Holguín se vive el ‘sálvese quien pueda’”.

La dependencia del dólar para acceder a lo esencial ha transformado también la percepción política y social sobre la emigración. Rolando González, mientras espera en la cola, reflexiona sobre la ironía histórica: “¿Quién iba a pensar que en este país, donde te metían preso si te cogían con un dólar, ahora dependemos de eso? Cuando se abrió el Mariel, a los que se iban les gritaban ‘gusanos’ y les tiraban huevos. Hoy son la ‘comunidad cubana en el exterior’, para que manden dólares”.

La inflación descontrolada del mercado cambiario informal, con el dólar por encima de los 500 pesos, agrava aún más la situación y deja en total desamparo a quienes no reciben remesas. “Cuando los productos escasean, el que tiene dólares se aprovecha. Es la ley de la selva”, denuncia Pedro Betancourt. “La situación está crítica y nosotros mismos la empeoramos. El que compra aceite después lo revende al triple. Y espérate, que el año apenas está empezando”.

Para los sectores más vulnerables —jubilados, enfermos y personas con discapacidad— la crisis obliga a tomar decisiones extremas. Lo confirma Norberto Elías, jubilado de 74 años: “Si el aceite está a 1.800 pesos y uno gana una miseria, ¿qué tú crees que estamos comiendo? Estamos dejando de comprar zapatos, medicinas y hasta el jabón para poder comprar un poco de aceite”.

La desaparición del aceite comestible de los estantes es el indicador más visible de una crisis que ya atraviesa a millones. “Antes veíamos el aceite a 2,40 dólares y decíamos: ‘Ñó, qué caro’. Y mira ahora: ni caro ni barato, simplemente no hay”, lamenta Odalis Hernández frente a los anaqueles vacíos.

Desde la oficialidad, el discurso gubernamental confirma la gravedad del momento y atribuye la crisis a factores externos. En una reciente intervención televisada, el dictador cubano Miguel Díaz-Canel reconoció la compleja situación energética y aseguró que desde diciembre no ha llegado petróleo a la Isla debido a sanciones impuestas durante la administración de Donald Trump. “Hay cosas que tenemos que detener o posponer para seguir funcionando”, afirmó, retomando las directrices del Periodo Especial.

Los datos económicos refuerzan ese diagnóstico. El estatal Centro de Estudios de la Economía Cubana estima que el Producto Interno Bruto se contrajo alrededor de un 5 % el año pasado, según reportó la agencia EFE. A ello se suma un contexto internacional cada vez más adverso, con nuevas medidas que penalizan el envío de crudo a Cuba.

Ante este escenario de bancarrota, los pronósticos son desoladores. El economista Emilio Morales, vicepresidente de Cuba Siglo 21, advirtió recientemente que el país se encuentra “en la etapa final del régimen”, con un colapso simultáneo de la matriz energética, el sistema de salud, el transporte y el aparato productivo. “Un país apagado no puede producir ni exportar. La economía está en bancarrota y el país, prácticamente paralizado”, sentenció.

En las calles de Holguín, la percepción es que la crisis del aceite es solo el comienzo. Yaima Rosa, vecina del reparto Emilio Bárcenas, lo resume con una frase que se repite cada vez con más frecuencia: “La escasez del aceite es solo el principio; mañana será el arroz, pasado el jabón y después, quién sabe”.

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