MADRID, España.- El cruce público entre la creadora de contenido cubana Anna Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, y Gerardo Hernández Nordelo, exespía cubano y actual coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), comenzó con una burla del dirigente oficialista y terminó con una posible amenaza legal.
La polémica se originó después de que Bensi, quien permanece bajo reclusión domiciliaria junto a su madre, publicara un video en el que cuestionó el comunismo desde su experiencia personal en Cuba. “Yo no lo leo, lo vivo y lo sufro”, dijo la joven, en referencia al sistema político impuesto en la Isla.
Poco después, Hernández compartió en redes sociales una publicación dirigida a Bensi en la que insinuaba que quienes critican el comunismo reciben dinero por hacerlo. “El comunismo no es tan malo cuando puedes vivir sin trabajar, porque alguien te paga por decir que el comunismo es malo…”, decía el mensaje citado después por la propia activista.
La respuesta de Bensi llegó el 29 de junio desde su cuenta en X. La joven le devolvió la acusación con una referencia directa a “El Mercadito”, una mipyme con la que vinculó públicamente al dirigente oficialista. “Bueno… ¿él querrá disponer una plaza para mí en ‘El Mercadito’, una de sus mipymes?”, escribió.

La activista lanzó entonces otra pregunta contra el coordinador nacional de los CDR: “¿Conseguiría el espía eso con lo que le pagan por decir que el comunismo es bueno?”.
Bensi remató su publicación afirmando que esperaba que no, porque el “estilo de vida” de Hernández es “bastante capitalista”.
“Ojalá me pagaran por decir verdades. Sin embargo a muchos les pagan por decir mentiras”, agregó, antes de cerrar con una acusación directa: “Doble moral”.
El 30 de junio, Hernández respondió en Facebook. En su mensaje volvió sobre la idea de las supuestas mentiras pagadas en dólares y sugirió que podría emprender acciones legales contra quienes lo presentan como dueño del establecimiento «El Mercadito».
La publicación estuvo acompañada de una imagen con el nombre de “El Mercadito” y una frase en tono irónico: “Por favor, cibermercenarios, den la dirección del mercadito que es ‘mío’… ¡a ver si paso hoy por allí!”.
La posible amenaza legal no frenó a Bensi, que volvió a responder en X. Esta vez amplió su crítica a los dirigentes del régimen y los acusó de cobrar en dólares mientras sostienen un discurso contra el capitalismo y responsabilizan a otros por la dolarización de la economía cubana.
“Dice Gerardo, el de los cinco espías, que ahora cualquiera cobra en dólares por decir mentiras. ¿Esos mentirosos están entre nosotros? Porque, que yo sepa, los mentirosos que cobran en dólares son todos ellos. Los dirigentes. Los mismos que acusan pero fueron quienes dolarizaron el país. ‘La Revolución de pocos y para el bien de pocos’”, escribió la joven.
El cruce entre ambos vuelve a colocar en el centro del debate la doble moral de figuras del oficialismo cubano que acusan a sus críticos de estar pagados desde el exterior mientras defienden un sistema que ha sumido a la población en la escasez, la inflación, los apagones y la falta de libertades.
Bensi, de 21 años, al ser entrevistada por CubaNet a inicios de este año, defendió su activismo en redes sociales como una forma de “alzar la voz” por la libertad de Cuba. Desde entonces ha denunciado vigilancia, presiones de la Seguridad del Estado y represalias por sus publicaciones críticas contra el régimen.
En abril, en medio de esas presiones, la joven recibió en su casa de Alamar, La Habana, la visita de Mike Hammer, jefe de la misión de Estados Unidos en Cuba, como parte de sus encuentros con integrantes de la sociedad civil cubana.
Actualmente, Bensi y su madre, Caridad Silvente, permanecen bajo reclusión domiciliaria y enfrentan un proceso penal por presuntos “actos contra la intimidad personal y familiar”, después de que la joven grabara a un agente del Ministerio del Interior durante la entrega de una citación en su vivienda.
Gerardo Hernández, por su parte, fue uno de los agentes de la llamada Red Avispa, condenado en Estados Unidos y convertido por la propaganda del régimen en “héroe”. Tras su regreso a Cuba, terminó al frente de los CDR, una de las organizaciones históricamente asociadas al control social, la vigilancia vecinal y la delación política.








