LA HABANA.- El fraterno Félix Luis Viera, desde Miami, donde reside desde hace más de diez años, me ha hecho llegar su más reciente novela, Tania (Editorial Lunetra, diciembre de 2025), y el poemario La patria es una naranja.
Tania, junto con La sangre del tequila, es una de las dos novelas de Viera ambientadas en México, país donde vivió durante 20 años, entre 1995 y 2015. En apenas 80 páginas narra la historia de un amor intenso y triste, constantemente acechado por la adversidad, entre un escritor cubano emigrado que se las arregla como puede para adaptarse y sobrevivir en el Distrito Federal y una mexicana divorciada, madre de un niño de once años, que trabaja como camarera en una cafetería y a quien conoce en una cola del Metro.
En el prólogo, el escritor Abel Germán explica: “Es una novela breve, muy contenida, donde el autor produce un efecto curioso, casi como el del juego de manos de un prestidigitador. Parece que habla del amor, pero además indaga en algo más profundo: la conciencia, la fragilidad y el peso moral que el amor conlleva”.
Por su parte, La patria es una naranja, publicado en 2010, es un poemario bello y conmovedor. Muchos de los poemas que lo integran merecerían figurar en cualquier antología de la mejor poesía cubana.
Ha asegurado Viera: “Jamás lograré un poema que supere a algunos de los que hay en ese libro, que no pocas veces me hizo llorar mientras lo escribía” (y confieso que también a mí mientras lo leía).
Siempre que leo a Viera me planteo algo que muchos se preguntan y para lo cual no encuentran respuesta (yo tampoco): ¿dónde muestra mejor Félix Luis Viera su excelencia, en la narrativa o en la poesía?
Y es que Viera es brillante en ambos campos, algo sumamente difícil. Podríamos decir que son excepcionales los autores que han conseguido ese equilibrio. Pienso, por ejemplo, en Jorge Luis Borges, Reinhard Jirgl y Roberto Bolaño.
Tanto en los poemas de Viera como en sus cuentos y novelas están presentes sus vivencias y un modo de decir agudo y sincero, sin afeites ni artificios. Impacta y emociona lo mismo con Un ciervo herido, su novela sobre las UMAP, o con El corazón del rey, donde describe el ambiente de la década de 1960 en su natal Santa Clara, que con cualquiera de los poemas cargados de la tristeza del destierro y la añoranza por Cuba de La patria es una naranja o de su antología poética Sin ton ni son.
Cuando el pasado enero entrevisté a Viera para CubaNet, a la pregunta de dónde se sentía más cómodo, si en la poesía o en la narrativa, respondió: “No sabría decirte. En ambos me siento en velatorio y verbena. La creación literaria (no sé si será igual para otros autores) algunas veces resulta un andar de fiesta íntima y otras de íntimo pesar”.
Hace unos años, Viera dijo que La patria es una naranja lo había dejado vacío de poesía y anunció que renunciaba a seguir escribiendo versos porque, según explicó, necesitaba materializar varios proyectos narrativos para los cuales no le alcanzaría la vida a un octogenario.
De cualquier modo, aunque no escriba más versos —cosa que dudo—, en la narrativa de Viera siempre estará presente la cuerda poética, del mismo modo que su poesía tiene mucho de coloquial, porque él no puede ni quiere evitarlo.
El escritor José Hugo Fernández, quien dedicó el libro La explosión del cometa (Editorial Dos Islas, Miami, 2020) a analizar la sólida obra literaria de Viera —seis poemarios, tres libros de relatos y nueve novelas—, explica: “La poesía de Félix Luis Viera se interconecta (o se consustancia) con su narrativa a través de fluidos insondables que no solo determinan su originalidad y el lugar de franca excepción que ocupa dentro de la literatura contemporánea de Cuba (sin ir más lejos), sino que también le han otorgado la virtud de pasearse entre uno y otro género sin importantes transgresiones de escritura y sin tensar siquiera las cuerdas que son propias para cada cual”.
Coincido con la opinión de José Hugo cuando afirma: “Viera es hoy el más integral de nuestros narradores-poetas y el único clásico vivo de la literatura cubana, partiendo de aquella definición según la cual un clásico es ese creador capaz de interpretar y reordenar brillantemente el canon a partir de su propia autenticidad”.










