LA HABANA, Cuba ― No hay cifras exactas del consumo de “químico”, pero para especialistas es ya una epidemia en Cuba. En los barrios, sobre todo en los más humildes, es usual ver a jóvenes tirados en las aceras o caminando encorvados y con los ojos en blanco. Esa es una imagen que va en aumento en medio de una grave crisis y ante la vista de las autoridades.
El “químico” está haciendo estragos entre una parte de los más jóvenes en la Isla. Lo pueden comprar con facilidad debido a sus bajos precios y a su amplia red de distribución, a la que en los últimos tiempos se le ha añadido una nueva forma de venta, con la que se ha perfeccionado.
Se trata de los mensajeros, personas que llevan la sustancia al domicilio del consumidor o hacia el lugar que este le indique. De acuerdo con declaraciones a CubaNet de una psicóloga que pidió no revelar su identidad por temor a represalias, este tipo de “contacto” es la persona que muchas veces no tiene el dinero para comprar y le entregan la sustancia de forma gratuita a cambio de que haga la llamada “mensajería”, como si se tratara de un producto cualquiera.
La especialista indica que por lo general son personas con una adicción avanzada que hacen cualquier cosa por tener disponibilidad de la droga y esta es la vía más fácil para acceder a su consumo. Se trata, dijo, de personas que en su mayoría proyectan una buena imagen para no levantar sospechas y son usadas por el que distribuye las mayores cantidades de esa sustancia.
El “químico” ya se puede encontrar en la mayoría de los municipios de la capital cubana. De hecho, dice la especialista, ese es uno de los factores que juegan en contra del adicto que trata de rehabilitarse.
“Las personas van a terapias, reflexionan y reconocen que lo han hecho mal, pero están en la calle y se siguen moviendo en los barrios donde se vende el químico”, señala.
“Tienen que alcanzar una fuerza de voluntad muy grande para no volver a caer en el consumo, porque es una droga sumamente adictiva. De ahí que una buena parte de ellos debería estar bajo régimen de ingreso hospitalario para no recaer cuando salgan a la calle, pero no hay suficiente infraestructura hospitalaria para ello”, aseguró la especialista.
Ernesto, un joven que asegura que logró vencer la adicción al “químico”, comenta que en realidad el consumo se ha expandido, “porque es muy barato”.
“Hay gente que lo liga con formol, con acetona. Es muy barato. Con 1.000 pesos puedes comprar mínimo seis cigarros. Hay lugares que lo venden en 100 pesos. En cambio, el gramo de marihuana cuesta cerca de 5.000 y la cocaína puede llegar a 20.000”, señala.
Un especialista que atendió a adictos en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, conocido popularmente como Mazorra, dice que otras de las causas de la propagación del “químico” son la tardía actuación de las autoridades y la naturalidad con que muchas personas ven el comportamiento de los adictos en las calles, como si fueran parte del paisaje cotidiano.
“Por eso se ve gente tirada en las aceras y las personas no se dan cuenta de que están convulsionando o no se interesan por la situación del paciente. Y pueden morir ahí”, explica.
“En los últimos años el ‘químico’ era lo que prevalecía en las calles, pero también está aumentando de forma considerable el consumo de crack”, agregó la fuente.
El pasado febrero, el coronel Juan Carlos Poey Guerra, jefe del Órgano Especializado de Enfrentamiento Antidrogas del Ministerio del Interior (MININT), informó del decomiso de 27 kilogramos de drogas procedentes de unos 11 países y transportadas por vía aérea. Se trataba “principalmente”, según dijo, de “cocaína, cannabinoide sintético y metanfetamina”.
Poey Guerra reconoció que en el mercado ilícito nacional el “químico” era precisamente el de mayor consumo. Los especialistas consultados por CubaNet coinciden en que ese panorama no solo permanece, sino que ha ido agravándose.







