Joven que sobrevivió a una descarga eléctrica durante el Servicio Militar recibe una casa

Miguel Ángel, quien sufrió graves secuelas tras recibir una descarga de 33.000 voltios, asegura que el Estado cubano no lo indemnizó.
Miguel Ángel (en primer plano) recibiendo su nueva casa
Miguel Ángel (en primer plano) recibiendo su nueva casa (Captura de video: Guillermo Rodríguez Sánchez - Facebook)

MIAMI, Estados Unidos ― El activista cubano Norge Ernesto Díaz Blak, conocido en redes sociales como Noly Blak, entregó este jueves una vivienda en Palancón, Las Tunas, a Miguel Ángel, un joven de 20 años que sobrevivió a una descarga de 33.000 voltios mientras cumplía el Servicio Militar Activo (SMA) en La Habana y que, según su testimonio, no recibió compensación económica del Estado por las lesiones sufridas.

La vivienda fue acondicionada mediante donaciones reunidas por el activista y sus seguidores. Durante la entrega, Blak informó al joven sobre los recursos que todavía quedaban disponibles: “Sobraron 300.000 y pico de pesos para que climatices todos los cuartos, le pongas aire acondicionado a todos los cuartos y tienes un millón de pesos en la tarjeta”.

Las contribuciones permitieron también incorporar electrodomésticos y otros bienes necesarios en la casa. En la grabación, Blak agradeció a las personas que ayudaron a limpiar y organizar la vivienda. El activista mostró, además, una tarjeta enviada desde Guatemala junto con 50 dólares.

La madre de Miguel Ángel agradeció a quienes aportaron dinero o recursos para mejorar las condiciones de vida de su hijo. “Muchas gracias y que Dios me los bendiga a todos por el granito de arena que aportaron por mi niño”, declaró durante la entrega.

La mujer también agradeció directamente a Blak por organizar la campaña: “Te lo agradecemos de todo corazón todo lo que hiciste por mi hijo. Gracias a ti mi hijo va a tener una vida muy muy feliz, muy tranquila”. Miguel Ángel, por su parte, dio las gracias a los seguidores del activista y a las personas que participaron en la ayuda.

El accidente ocurrió el 24 de noviembre de 2024, cuando el joven hacía guardia en una posta militar en La Habana. Según el relato de su madre, en el lugar no había agua y el joven no podía abandonar su posición, por lo que intentó derribar un coco utilizando una vara que terminó haciendo contacto con una línea eléctrica de alta tensión.

“Sí, pa’tumbar un coco. Y ya de ahí no me acuerdo más nada”, relató el joven al recordar los instantes anteriores a la descarga. Según la información difundida por Blak, la línea tenía una tensión de 33.000 voltios y el contacto eléctrico le provocó lesiones graves en los brazos, las piernas, el abdomen y la espalda.

Miguel Ángel permaneció aproximadamente un año y tres meses ingresado en terapia intensiva en el Hospital Naval de La Habana, donde fue sometido a una traqueotomía. Recibió el alta médica el 10 de enero de 2026, pero continuó con dificultades de movilidad y bajo el cuidado permanente de su madre.

En la entrevista inicial, Blak preguntó al joven si las autoridades le habían entregado algún dinero por el accidente. “No”, respondió Miguel Ángel. Al ser interrogado nuevamente para confirmar si había recibido alguna compensación, volvió a contestar negativamente.

Tras regresar a Las Tunas, el joven quedó viviendo con su madre en condiciones de extrema precariedad. La mujer, de 47 años, aseguró que no podía trabajar porque debía atenderlo permanentemente y que tampoco había podido comprar los medicamentos prescritos para una enfermedad cutánea que desarrolló durante la hospitalización de su hijo. Cuando Blak le preguntó qué tenía para alimentarlo, contestó: “Espagueti blanco con sal y aceite”.

La divulgación del caso desencadenó una campaña de solidaridad entre cubanos residentes dentro y fuera de la Isla. Las donaciones permitieron adquirir alimentos, utensilios, electrodomésticos y finalmente la vivienda entregada a la familia. Entre quienes colaboraron estuvieron seguidores de Blak, residentes en el extranjero y proyectos independientes de asistencia a personas vulnerables.

En la Isla, cada vez son mayores los cuestionamientos sobre las condiciones de los reclutas cubanos y la ausencia de mecanismos transparentes para investigar accidentes y exigir responsabilidades. Un informe publicado el 20 de julio por el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana documentó al menos 97 muertes de jóvenes durante el Servicio Militar entre 2001 y 2026 y advirtió que la cifra constituye solo un mínimo, debido a que las autoridades cubanas no publican estadísticas oficiales sobre esos fallecimientos.

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