enero 22, 2026

Jazz Plaza, sin grandes artistas, es un festival que va en picada

Jazz Plaza, como el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y la Feria del Libro, que en su momento fueron los eventos culturales más importantes del país, lamentablemente van en picada.
Paquito D'Rivera, Chucho Valdés y Arturo Sandoval (Facebook: Paquito D'Rivera)

LA HABANA.-El Festival Jazz Plaza 2026, que comenzará el 23 de enero, con toda probabilidad,  será tan deslucido e intrascendente como todos los demás celebrados en los últimos años. 

Jazz Plaza, como el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y la Feria del Libro, que en su momento fueron los eventos culturales más importantes del país, lamentablemente van en picada.

En el caso del Jazz Plaza, esa decadencia,  no es solo atribuible  a la falta de recursos por la  crítica situación económica que atraviesa Cuba. Lo ocurrido con los festivales Jazz Plaza es otro ejemplo del daño hecho al jazz y a la música cubana en general por  los torpes  burócratas decisores de la cultura oficial  y su celo enfermizo por impedir que algo escape de su control y deje de reportarles ganancias monetarias y propagandísticas.        

Los Jazz Plaza se iniciaron en 1980, por iniciativa del cantante y multintrumentista Bobby Carcasés, en la Casa de la Cultura del municipio Plaza (el otrora Lyceum & Lawn Tennis Club), en Calzada y 8, El Vedado.   

El primer festival fue organizado por una comisión que estuvo integrada, además del por entonces director de la Casa de la Cultura de Plaza Armando Rojas, por personas que eran autoridades en materia jazzística, como Bobby Carcasés, Horacio Hernández (padre), Leonardo Acosta, entre otros,  y los destacados músicos Armando Romeu, Chucho Valdés, Arturo Sandoval y Felipe Dulzaides. 

En aquel memorable  primer Jazz Plaza, con entrada libre y entusiasta acogida del público, actuaron piquetes de jam session formados para el festival y que estaban integrados por músicos que tocaban en otras agrupaciones (las excepciones fueron Irakere y Los Armónicos de Felipe Dulzaides).

En el segundo festival, además de Irakere, la mayor atracción fue la jazz band de todos estrellas creada y dirigida por Armando Romeu. Se incrementó el número de agrupaciones participantes, no solo de las ya reconocidas, sino también de otras del interior del país y de grupos de estudiantes de las escuelas de arte, y fueron incluidas agrupaciones como Los Van Van.

A partir de 1982 comenzaron a participar en los Jazz Plaza relevantes músicos de jazz de todo el mundo. Basta citar, entre otros, a los norteamericanos Dizzy Gillespie, Carmen McCrae, Herbie Hancock, Max Roach, Roy Hargrove, Charlie Haden, Chico Freeman, Kenny Barron, Leon Thomas, Dave Valentin, Richie Cole, Steve Coleman; los brasileños Airto Moreira, Flora Purim y Tania María; el dominicano Michel Camilo, el puertorriqueño Giovanni Hidalgo, el español Tete Montoliu  y los checos Rudolf Dasek y Jiri Stivin.

Como los Jazz Plaza cada vez atraían más público se hizo necesario, además de a la casa de Cultura de Plaza, extenderlos al cine Mella, los teatros Nacional y Carlos Marx, el Club Maxim; además de las descargas en las piscinas de los hoteles Nacional y Riviera.               

Cuando el festival empezó a ganar aceptación y a recibir invitados extranjeros, el Ministerio de Cultura, alegando que “un festival internacional debía ser organizado por una instancia superior” le quitó la dirección del evento a la Casa de Cultura y se la encomendó a funcionarios burocráticos que de jazz no entendían ni pitoche. Estos, amén de incurrir en errores organizativos que incumplían las programaciones, no tardaron en tomar decisiones desafortunadas como cobrar en divisa a los asistentes extranjeros e incluir en el festival a artistas que nada tenían que ver con el jazz.

En su libro Un siglo de jazz en Cuba, Leonardo Acosta lamentaba: “Un festival en el que inicialmente la entrada era gratuita y donde los músicos no cobraban un centavo por sus actuaciones, fue llevado en pocos años a marcha forzada a convertirse en un empeño comercial, olvidándose los nuevos empresarios de que La Habana no es Montreaux ni La Haya”.

Cuando llegó el Periodo Especial, pese a las dificultades de todo tipo, los Jazz Plaza sobrevivieron los primeros años, que fueron los peores, gracias a la ayuda prestada como promotores internacionales del festival por los británicos Ronnie Scott y Pete King. Increíble que en aquellos duros años hubiesen festivales como el de 1990, en el que estuvieron Gillespie, Carmen McCrae, Airto Moreira y Flora Purim; o el de 1992, donde el contrabajista Charlie Haden tocó con el pianista Gonzalo Ruvalcaba.

En 1994, el Instituto Cubano de la Música decidió que los Jazz Plaza se celebraran cada dos años, porque, según alegaron con mentalidad de bodegueros, “daban pérdida”. En 1996 volvieron a ser anuales. Pero en 1999 no hubo festival, a pesar del brillo que tuvo el de 1998, en el que participaron músicos tan importantes como Max Roach, Michel Camilo, Roy Hargrove y Giovanni Hidalgo.                           

Los festivales, con más bajas que altas, se han mantenido hasta el presente. Incluso se han extendido las subsedes a Santiago de Cuba.  Pero pobremente organizados, con invitados extranjeros de menor relevancia y la participación de intérpretes que poco o nada tienen que ver con el jazz, han ido languideciendo. No solo por la consabida crisis económica. También por la desidia de las autoridades culturales, y por el hecho de que muchos de los mejores músicos de jazz que protagonizaron una vez estos festivales –Chucho Valdés, Paquito D’ Rivera, Arturo Sandoval, Gonzalo Ruvalcaba- se han ido de Cuba.

Muy lamentable la decadencia de los Jazz Plaza. Y lo digo no solo porque yo, que fui asiduo a ellos, añoro el brillo de otros tiempos. Allí fueron descubiertos y tuvieron la oportunidad de lucirse muchos de los mejores músicos cubanos de la actualidad. Ojala que gracias a ellos, y bajo mejores circunstancias, los Jazz Plaza puedan, en un día no lejano volver a recuperar su esplendor.

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.