Embajador de La Habana ante la ONU: “Nos estamos preparando para todos los escenarios”

El funcionario también sostuvo que los asuntos internos relacionados con los detenidos “no están sobre la mesa de negociación” con Washington.
Ernesto Soberón Guzmán, embajador del régimen cubano ante la ONU
Ernesto Soberón Guzmán, embajador del régimen cubano ante la ONU (Foto: Prensa Latina)

MIAMI, Estados Unidos ― El Gobierno cubano no aceptará “ultimátums” de Washington para liberar presos políticos como condición de las conversaciones reactivadas este mes con Estados Unidos y se está preparando para “todos los escenarios” ante las amenazas de intervención del presidente Donald Trump, dijo a la agencia Associated Press (AP) el embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán

En esa entrevista, el diplomático sostuvo que los asuntos internos relacionados con los detenidos “no están sobre la mesa de negociación”, en una señal clara de que La Habana busca cerrar desde el inicio uno de los puntos más sensibles del nuevo contacto bilateral.

Según AP, Soberón afirmó además que el Gobierno no discutirá ese expediente como parte de las negociaciones y defendió la soberanía jurídica del régimen con otra frase reveladora: “Tenemos nuestro sistema legal, como aquí en EE.UU. tienen su sistema legal. Así que tenemos que respetar nuestros asuntos internos”.

El pronunciamiento llega después de la reunión celebrada en La Habana el 10 de abril, el primer contacto de este nivel en la Isla en aproximadamente una década, con participación estadounidense a nivel de subsecretarios o secretarios adjuntos y representación cubana a nivel de viceministro.

La parte cubana ya había confirmado públicamente ese encuentro. En declaraciones publicadas por Granma, Alejandro García del Toro, subdirector general a cargo de EE.UU. en el MINREX, aseguró que “ninguna de las partes estableció plazos o realizó planteamientos conminatorios” y que “todo el intercambio se produjo de forma respetuosa y profesional”. El funcionario añadió que “la eliminación del cerco energético contra el país fue un tema de máxima prioridad para nuestra delegación”, una formulación que deja ver cuál es hoy la urgencia central del régimen cubano en la mesa de contactos.

La presión de Washington, sin embargo, va mucho más allá del combustible. El 29 de enero, Trump firmó una orden ejecutiva que declaraba una emergencia nacional respecto al régimen cubano y abrió la puerta a imponer aranceles adicionales a los productos de cualquier país que “directa o indirectamente” venda o suministre petróleo a la Isla. La propia Casa Blanca presentó esa medida como parte de una ofensiva contra el régimen cubano.

Más adelante, en marzo, Trump dijo que esperaba tener el “honor” de “tomar Cuba”, y añadió que podía hacer “lo que quisiera” con la Isla, una retórica que elevó aún más la tensión entre ambos gobiernos.

En la reunión de abril Washington volvió a poner sobre la mesa una batería de exigencias: reformas económicas, mayores libertades políticas, liberación de presos políticos, compensación por propiedades confiscadas tras 1959 y preocupaciones por la influencia de potencias extranjeras en Cuba. Un funcionario del Departamento de Estado citado por Reuters dijo incluso que la economía cubana está en “caída libre” y que la élite gobernante tiene una ventana pequeña para aplicar reformas respaldadas por Estados Unidos antes de que la situación empeore de forma irreversible.

Soberón confirmó a AP que el tema de las compensaciones también formó parte del intercambio y aseguró que La Habana está dispuesta a discutirlo, pero solo si ese proceso se acompaña de alivio económico recíproco frente al embargo. “No existe solo esta reclamación, sino también la nuestra, porque el embargo tiene un impacto económico. Esta es una autopista de dos direcciones”, dijo. 

De acuerdo con la Comisión de Liquidación de Reclamaciones Extranjeras del Departamento de Justicia de EE.UU., existen 8.821 reclamaciones vinculadas a Cuba, con 5.913 indemnizaciones certificadas por un principal de 1.902 millones de dólares, todavía sin acuerdo con La Habana.

En febrero pasado, Soberón Guzmán aseguró a EFE que el Gobierno cubano estaba “preparado” para un escenario extremo de sanciones y que no contemplaba rendirse, en medio de lo que describió como una estrategia para debilitar al país y provocar descontento social.

El diplomático vinculó la presión actual —incluida la restricción de petróleo impulsada por Washington— con un objetivo político contra la Isla. “Si llegan a aplicar un bloqueo completo, tendremos planes para enfrentarlo; la prioridad es proteger a la población y garantizar servicios esenciales”, sostuvo.

Soberón Guzmán también es el mismo funcionario cubano que calificó de “especulación” las informaciones sobre presuntos contactos entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del dictador cubano Raúl Castro, poco antes de que La Habana confirmara los actuales contactos bilaterales con Washington.

Por otro lado, esta misma semana, Miguel Díaz-Canel rechazó de forma tajante una negociación con Estados Unidos en los términos de “cambio de régimen” y aseguró que los “problemas internos” de Cuba no estarán sobre la mesa en un eventual proceso con Washington. 

“Absolutamente no. Ese no es un tema”, dijo el gobernante cubano en una entrevista con el periodista brasileño Breno Altman para el programa 20 minutos. Cuando el entrevistador le planteó que, si EE.UU. no aceptaba negociar bajo las condiciones cubanas, entonces no habría acuerdo, respondió sin rodeos: “No hay negociación. No hay negociación”.

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