La novela de Agustín Fernández Mallo puede que me ayude a entrenar mis ojos para las visiones que depara la frialdad de ciertas habitaciones, el ruido de ciertas máquinas, ciertos goteos…
Muy tarde para apartar el último sueño contigo en aquel sitio a donde no regresaré: la catedral que no visité, la parada del metro, el helado de té verde de las tardes