El compositor Philip Glass (1931), genio del minimalismo y una de las figuras más influyentes de la música clásica contemporánea, retiró este martes su Sinfonía No. 15 “Lincoln” del “John F. Kennedy Center for the Performing Arts” [sic] debido a que los valores actuales de esa institución con sede en Washington D.C. entran “en conflicto directo” con la intención y el sentido de la obra.
“Tras una profunda reflexión”, así lo anunció en un breve comunicado: “La Sinfonía n.º 15 es un retrato de Abraham Lincoln, y los valores del Kennedy Center hoy entran en conflicto directo con el mensaje de la sinfonía”, expresó. “Por lo tanto, siento la obligación de retirar el estreno de esta sinfonía del Kennedy Center bajo su actual dirección”.
El estreno de la pieza comisionada por la National Symphony Orchestra (NSO) debía tener lugar en junio próximo, luego de que Glass no consiguiera tenerla lista para el 50 aniversario del Centro, en 2022.
Tal gesto del compositor alarga la lista de artistas que recientemente han tomado distancia de la prestigiosa institución luego de que la administración Trump haya tomado por asalto su directiva.
El año pasado, la Junta del Kennedy Center eligió como presidente (chair) al propio Donald Trump, al tiempo que fueron nombrados, bajo presión de la Casa Blanca, hasta 14 nuevos fideicomisarios; asimismo, se encargó provisional la dirección (president) de la entidad a Richard Grenell, exembajador y enviado especial del mandatario estadounidense, así como exdirector interino de inteligencia nacional bajo Trump.
Más recientemente, ese mismo consejo de fideicomisarios votó para renombrar la institución como Donald J. Trump and John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts.
En el propio mes de diciembre, la Washington National Opera anunció que dejaría esa sede y buscaría un nuevo sitio para sus presentaciones –hace poco se ha dado a conocer la George Washington University. La agrupación indicó entre sus motivos la exigencia de la directiva de que las producciones sean autosustentables, es decir, que sean costeadas con la venta de entradas y contribuciones externas y sin el apoyo financiero directo del Centro.
Solo unos días atrás, la aclamada soprano Renée Fleming, quien hace un año renunció como consejera artística del Kennedy Center, informó que no cantará en mayo venidero junto a la NSO, tal como estaba previsto.
Hace unas semanas, el renombrado bajista Béla Fleck, ganador de 18 Grammy Awards, canceló tres actuaciones programadas para este febrero y lamentó que presentarse allí se ha convertido en algo estresante y cargado políticamente: “Se ha convertido cada vez menos en una situación basada en la música y el arte, y más en una situación altamente politizada y divisiva”, dijo a The New York Times. “Esto va en contra de las motivaciones más profundas que me impulsan a ser músico”.
Por supuesto, Grenell fue a responderle en redes sociales: “Lo has politizado y te has rendido ante la turba progresista que quiere que actúes solo para izquierdosos”, subrayó. “Queremos artistas que no sean políticos, que simplemente disfruten entreteniendo a todo el mundo, sin importar por quién hayan votado”.
Lo cierto es que alguien como Glass no parece inclinado a asociar al de Donald Trump el nombre de otro venerado presidente estadounidense.
Más allá de las quejas de la directiva del Centro contra quienes han renunciado y contra los “activistas de izquierda” que supuestamente “están presionando a los artistas para que cancelen sus actuaciones”, los líderes de la NSO –cuyo presupuesto anual de 42 millones de dólares depende en más de un 25 por ciento del Kennedy Center, y que no tendría fácil encontrar nuevo acomodo en otra instalación tras 55 años en la misma sede– han confirmado su disposición a seguir haciendo su trabajo y han aludido a un compromiso no politizado con el público y la comunidad.
“No puedo complacer a todo el mundo”, ha dicho el director musical de la orquesta (desde 2017), el italiano Gianandrea Noseda. “Sé por qué estoy aquí: para servir al arte, a la música y a la comunidad. La música pertenece a todos y creo que también forma parte de la vida de esta comunidad. Siempre habrá quien diga: «Está asociado con esta administración». Y otros dirán: «No, es un espíritu libre». Y yo soy un espíritu libre”.
Según The New York Times, la asistencia a los conciertos ha caído cerca de un 50 por ciento con respecto a la temporada anterior al regreso de Trump al Despacho Oval y su temprana toma del Kennedy Center; sin embargo, en la última gala anual de la NSO fueron recaudados unos 3.5 millones de dólares, una cifra record que indicaría un esfuerzo por parte de aliados del mandatario para apoyar a la orquesta tras el alejamiento de otros donantes.

