La saga de Eliecer Jiménez Almeida: parodia y exilio en ‘Miami Stories’

Eliecer Jiménez Almeida echa mano de la parodia para retratar la idiosincrasia del exilio cubano y hacernos reflexionar sobre las perturbaciones engendradas por el totalitarismo.

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¿Miami Stories es un documental o una ficción? ¿Un mockumentary? ¿Acaso es la parodia de algún reality show? ¿Es el simulacro de un documental forense? En principio, Miami Stories se puede ver como una secuela de Havana Stories. La operación Payret. Una secuela donde Eliecer Jiménez Almeida, su director, vuelve a ensayar el método de representación que emprendiera en aquella otra película. Después, Miami Stories es y no es todo lo demás; y esa indefinición genérica acoge, en no poca medida, su satírico encanto. El filme resulta otro ejercicio fílmico del realizador donde una ficción toma la forma de un documental y donde un ejercicio de autor juega a ser un reality. Es también un divertimento, que demuestra cómo Jiménez Almeida se desentiende de las apariencias, de las demandas de la alta cultura y del propio cine de autor, e incluso del cine realizado “para complacer el consumo medio”… Un divertimento que, por supuesto, no renuncia al cuestionamiento de ciertas coordenadas típicas del “momento cubano” en que tiene lugar su producción.

¡Miami Stories demuestra que las segundas veces también pueden ser buenas! Como sucede en Havana Stories…, el simulacro de falso documental y la genuina instrumentación del humor son subterfugios para testimoniar un perfil del exilio cubano, para retratar un clima político; en definitiva, para Jiménez Almeida cavar, de una manera singular y poco común hoy día, en sus circunstancias. Jiménez Almeida echa mano al humor esta vez para indagar en la Red Mosquito, una organización aludida ya en Havana Stories…, cuyas imágenes resultan, en efecto, un conjunto de entrevistas recuperadas del material filmado para contar aquel capítulo histórico conocido como La operación Payret, el cual fue robado por ese grupo de espías díptero. Ahora nos enfrentamos a una sucesión de interrogatorios. Comparecen ante la cámara de un entrevistador anónimo los integrantes de la dinamitada “Red Mosquito”, así como el agente del FBI responsable de desmontar esa organización que actuaba contra el gobierno cubano desde las sombras del exilio miamense –una acción del FBI desplegada en componenda con la nomenklatura de la isla; según confiesa el entrevistado: “el buró acordó con la inteligencia cubana hacer un intercambio fluido de información sensible”.

El filme comienza con un fragmento de las cintas confiscadas por el FBI a la Red Mosquito. En ella toma la palabra Félix, el agente 007, ideólogo y fundador de la red, calificada por él mismo como una “organización secreta revolucionaria, núcleo central de los servicios de inteligencia de la Cuba futura”. Según Félix –seudónimo inspirado en Felix Dzerzhinsky, el creador de la policía secreta bolchevique–, esta red se fundó el 10 de abril del 2015. Subrayo la fecha en tanto la película enfatiza en que el equipo de espionaje surge como respuesta a la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos bajo el mandato de Obama, y en tanto Félix y el resto de los miembros de la organización se oponen a la supresión del “bloqueo”, pues consideran que constituye el fundamento y la razón de ser de la Revolución. Para los agentes de Red Mosquito, el embargo se establece como un pilar para esa Cuba futura que mencionan; que, según el agente 007, existirá “en las condiciones de la verdadera construcción del comunismo”.

Plagado de ironías y golpes de ingenio, el argumento de Miami Stories es una compilación de capítulos denominados según el alias de los agentes y dedicados a cada uno de ellos; esos capítulos indagan en los vínculos de los exmiembros de la red (algunos, al momento del interrogatorio, bajo prisión domiciliaria) con el fundador. Ofrece su testimonio también –comentaba antes– el comisionado del FBI. Todos se desvían del tema para –antes que confesar la naturaleza de su participación en la organización secreta– relatar en forma caricaturesca, bajo el influjo del choteo insular, sus dinámicas de vida en el exilio y sus credos ideológicos. Y ese parece el propósito de Jiménez Almeida: dibujar paródicamente posturas políticas y comportamientos públicos del exilio. Es necesario apuntar estas particularidades de la trama para evidenciar la voluntad del autor de participar del debate político cubano, en el que el exilio ocupa, por supuesto, un imprescindible lugar.

La mirada sarcástica de Jiménez Almeida no moviliza ese paisaje cultural solo para hacer reír o para alimentar su tejido fílmico. Al contrario, el humor y el juego representacional son vías para, sin la gravedad con que la oficialidad mira la Historia política cubana del presente, hacer reflexionar sobre sus dinámicas y las posiciones (a veces ya idiosincráticas) de algunos de los actores públicos del exilio.     

No caben dudas de que la parodia es el recurso esencial de Jiménez Almedia para remitir a figuras de la diáspora, describir accidentes históricos del comunismo cubano, bromear con los mitos del exilio y, en definitiva, graficar la perturbación engendrada (un síntoma más) por el totalitarismo insular. Al igual que en Havana Stories…,en Miami Stories la parodia asedia toda esa geografía cultural aludida con simpatía. Uno de los valores indiscutible del filme es esa particular instrumentación de la parodia, que resulta muy criolla, acodada en la tradición del humor popular cubano; incluso en el linaje del humor trágico de Reinaldo Arenas, que se burlaba con dolor de los clichés ideológicos o políticos, de las posturas intelectuales en la isla y de sí mismo. Nada ni nadie sale ileso del gesto de Jiménez Almeida, enfocado en subyugar ideas, pensamientos, imposturas críticas, o nomás la apariencia del paisaje histórico representado.

Los miembros de la Red Mosquito entrevistados en Miami Stories son Rogelio Paniagua (locutor de radio), Pavel Iturralde (influencer), Betty Montes de Oca (productora de TV), Susana Pérez (actriz), Pepe Villalobo (director de cine), Maruja Puerta (profesora y poeta), Alipio Leal (camarero del Versailles). El agente del FBI que ofrece sus declaraciones es Eladio Domínguez. Varios de estos personajes pueden ser rápidamente asociados a figuras públicas, sin embargo, esa alusión es solo un punto de anclaje para mofarse del semblante de esa comunidad. Esa estrategia de explicitar posibles referentes nace quizás de la necesidad de apelar al imaginario colectivo de sus potenciales espectadores.

Constituye un acierto de Jiménez Almeida la apuesta por el humor, en un momento en que este resulta bastante escaso en las producciones de la movida independiente. El realizador coloca en boca de sus personajes líneas simpatiquísimas; por ejemplo, aquella en que Betty Montes de Oca comenta sobre la producción de un programa sobre una pareja que se erotiza con el tema del bloqueo; cuenta Montes de Oca que afirmar que un minuto de bloqueo equivale a veinte tratamientos contra el sarcoma de Kaposi ponía a esos individuos “cachondos, cachondos”. O aquella otra de Susana Pérez acerca de su affaire romántico con Fidel Castro en los días en que triunfaba como actriz en Cuba. Miami Stories es a ratos un auténtico carnaval donde no quedan títeres con cabeza; y donde la ficción es estrictamente testimonial.

La película está dedicada a la memoria de Víctor Alfonso Cedeño, Vito, un creador que compartía con Eliecer Jiménez Almeida la absoluta confianza en el poder de la risa, del choteo, de la incorreción política… Aunque después de todo, Miami Stories quizás resulte un irónico comentario a las palabras de Daniel Faz –esa víctima de la Operación Payret–que aparecen como epígrafe del filme: “En el laberinto de secretos y sombras que une Miami y La Habana, cada espía es un náufrago en un mar de lealtades divididas y sueños traicionados”.

ÁNGEL PÉREZ
ÁNGEL PÉREZ
Ángel Pérez (Holguín, Cuba, 1991). Crítico y ensayista. Compiló y prologó, en coautoría con Javier L. Mora y Jamila Media Ríos, las antologías Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Casa Vacía, 2017) y Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, 2019). Tiene publicado el libro de ensayos Las malas palabras. Acercamientos a la poesía cubana de los Años Cero (Casa Vacía, 2020). En 2019 fue ganador del Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas, en el apartado de Estudios de Arte y Literatura. Textos suyos aparecen en diversas publicaciones de Cuba y el extranjero. Vive en La Habana.

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