Juan Carlos Abril, poeta: “Miguel Hernández se asombraría mucho al descubrir la evolución del concepto de libertad”

El poeta y catedrático conversa sobre la vigencia de la poesía de Miguel Hernández, a partir de su reciente antología publicada en Pre-Textos.

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Empiezo a bocetar esta entrevista en el campo alicantino, mirando los mismos matorrales y las lomas color verde romero que hace cien años contemplaba un adolescente llamado Miguel Hernández, mientras pastoreaba sus cabras.

El cura del pueblo, que con los años llegará a obispo, le presta libros de poesía a ese pastor que tiene la edad que ahora tiene mi hijo. Quizás ya sabe que algún día se convertirá en poeta. Seguramente no adivina que también se hará comunista.

Un siglo después, seguimos pastoreando las cabras de aquel muchacho de Orihuela. El rebaño de sus versos, de su música. Rumiando la leyenda de un prodigio precoz para la rima y también para la muerte.

Me pongo en contacto con Juan Carlos Abril (Los Villares, Jaén, 1974), que además de poeta, ensayista, catedrático y crítico literario, es un antologador serial, casi compulsivo. Justo ha terminado de preparar Mis ojos y mis manos. Antología poética (Pre-Textos, 2026), flamante recorrido por la obra de Miguel Hernández y testimonio de una pasión lectora.

También hablamos de la Semana Santa y de Aníbal Cristobo, el editor y artífice de Kriller71, y de los suplementos literarios españoles, y de aquella vez que estuvo a punto de ir a Cuba, invitado por Reina María Rodríguez a la Torre de Letras, entre otras cosas que le dije que no iba a publicar aquí.

Hay antologías que desde el mismo título parece que ambicionan una totalidad, pero la tuya elige dos desprendimientos del cuerpo del poeta y la directriz de un verso: “Para la libertad, mis ojos y mis manos”. ¿Por qué te decantaste por ese título?

Así es. La poesía de Miguel Hernández se caracteriza sobre todo por su humanidad, por estar apegada a las pasiones de la vida, a las necesidades vitales y a la carne que se toca. Es una poesía muy sensual y material, enlazada fieramente a la corporalidad. Nuestros ojos y nuestras manos, cómo no, son fundamentales para realizarnos desde un punto de vista sensible.

¿Qué diferencia Mis ojos y mis manos de antologías recientes de Miguel Hernández? ¿Te propusiste establecer un diálogo crítico con otras ediciones de su poesía?

He manejado, desde luego, las obras completas del poeta; tanto las preparadas por Agustín Sánchez Vidal como las de Jesucristo Riquelme. He manejado también las ediciones facsímiles de los poemarios y, entre las más destacadas, las ediciones de Juan Cano Ballesta. Había cuestiones textuales no demasiadas que solucionar. Como editor, siempre hay que tomar este tipo de decisiones, y más cuando el autor no vive, como en este caso. Algunas cuestiones eran evidentemente erratas, y otras más bien descuidos.

Comparar unas ediciones y otras ha sido una ardua tarea, he ganado una dioptría, pero a cambio el resultado ha sido maravilloso. Esta edición ha quedado preciosa y muy iluminadora para fijar algunos textos; si bien, como he dicho, el conjunto de los poemas no presentaba apenas diferencias.

Lo que yo he pretendido con Mis ojos y mis manos no es tanto mostrar cosas nuevas, pues el corpus hernandiano es el que es y hay brillantes ríos de tinta que me preceden en el estudio del poeta de Orihuela, sino actualizar de un modo u otro su obra. Cada vez que se reedita, así sucede. Por lo demás, he querido recoger todos los registros del poeta, incluso aquellos que quizá no sean mis favoritos, pues era necesario mostrar su obra lírica desde todos los ángulos.

En tu introducción, titulada “Miguel Hernández en la encrucijada. Notas sobre la «historia conocida» de su vida y obra”, repasas los meses que precedieron al encarcelamiento del poeta. Escribes: “al oriolano se le ha tildado de ingenuo, pero se ha olvidado por qué, y tiene más que ver con esos movimientos extraños que realizó en abril y noviembre de 1939, cuando tuvo dos posibilidades claras de refugiarse en la embajada chilena, barajando incluso otras alternativas de exilio […]. Extrañamente se empeñó en ir a su pueblo dos veces, sin darle importancia a lo que podría sucederle […]. Miguel Hernández no quiso ver la realidad”.

Entiendo que el asunto ha hecho correr ríos de tinta, como dices; pero para alguien que no está empapado en ellos: si hay una “historia conocida”, ¿cuál sería la historia desconocida detrás de este desenlace? ¿El oriolano no quiso o no fue capaz de ver la realidad?

No se sabe. Lamentablemente él no vive para preguntarle. Lo que pasa es que la historiografía nunca ha entendido bien por qué se fue a su pueblo, ya que ese era el lugar donde le tenían más ganas. Al parecer, y tras muchas especulaciones: él pensaba que, como no tenía delito de sangre, no le pasaría nada, pero no fue así. Allí se la tenían jurada más que en ningún sitio, y lo detuvieron a las primeras de cambio. Después, la máquina demoledora de la represión fascista hizo el resto. En esta situación tendríamos que preguntarnos qué habríamos hecho nosotros. ¿Nos habríamos quedado en España o, por el contrario, marchado al exilio?

Exilio, Juan Carlos, 100%… Pero recuerdo que en su elegía lorquiana ya Hernández había escrito: “soy de los que gozan una muerte diaria”. ¿Crees que unas circunstancias como esas pudieron movilizar algún goce de proximidad con la muerte?

Desde luego. Hoy día, a posteriori, podemos rastrear en su obra cierta premonición de la muerte, puesto que su vida se encaminó hacia ella con tanta velocidad, como un fulgor. Hay múltiples versos que nos hablan de ello. Es algo impresionante…

También abordas en el prólogo la relación entre Miguel Hernández y Federico García Lorca, que en un principio fue áspera, ¿no? Háblanos un poco más sobre eso.

Federico García Lorca y Miguel Hernández se conocieron cuando este último era muy joven, y se cartearon. Miguel Hernández era un joven poeta muy pagado de sí mismo y sabía de su valía, pero la poesía es un oficio discreto y de largo recorrido. En un primer momento, Lorca le quiso hacer ver eso: que tuviera calma. La poesía es una carrera de fondo. Además, estaba el teatro. Lorca ya triunfaba en los años 30, mientras que Hernández estaba comenzando. Lorca era el referente a todos los niveles no solo para Hernández, sino para el resto de poetas o artistas que querían triunfar en la dramaturgia, que era el oficio donde se ganaba dinero y fama.

También había cosas más complejas, de tipo individual e ideológico. Miguel Hernández representaba a ese campesino rural que era un símbolo del fracaso de las reformas pedagógicas de la España de la República; reformas de las que Lorca era un ícono, como discípulo de Giner de los Ríos, las Misiones Pedagógicas… Pero no creo que sólo influyera aunque también, eso es evidente cierto desdén de clase. Hubo otras cosas. La ostentación de virilidad del oriolano de la que él siempre presumía, con su voz de barítono, de macho tampoco le debía hacer demasiada gracia al granadino.

Al inicio, Miguel Hernández era un fervoroso católico, digamos reaccionario incluso. Luego es cierto que evolucionó. Hacia 1935 el cambio ya es evidente, pero en 1936 asesinan a Lorca. Así que no les dio demasiado tiempo a confraternizar.

Por simplificar: Miguel Hernández admiraba y odiaba a Federico García Lorca. Eso era complejo de asimilar, contradictorio. Lorca sentiría también admiración por Hernández, y al mismo tiempo rechazo. Lógicamente, los dos se encontraban en momentos muy distintos de sus carreras. Uno empezando, el otro en la cima… En cualquier caso, yo creo que si los dos hubieran vivido más años habrían sido amigos, pero andando el tiempo.

Hagamos crítica contrafactual. Si Miguel Hernández hubiera huido de España en lugar de morir en prisión: ¿cómo imaginas la poesía que habría escrito en el exilio? ¿Qué hubiéramos podido leer en esos poemas que nunca se escribieron?

Pues seguramente habría llegado su mejor poesía. Habría escrito un gran libro sobre el exilio, como Retornos de lo vivo lejano, de Rafael Alberti. Como escribía tanto, nos habría regalado excelentes libros.

No sólo habría escrito sobre el exilio, también sobre el amor. No hay duda. Él era partidario de la felicidad y un optimista antropológico convencido. Era un raudal. Un rayo que no cesa. Un torrente.

De Miguel Hernández no solo destacan sus rasgos expresivos, su fuerza y su tensión lingüística con sus características tan pasionales, sino por supuesto su feracidad. Era un poeta caudaloso.

En ese diálogo donde el pasado se tropieza con el futuro que nunca fue, me resultó chocante releer dos de los poemas que antologas: “Rusia” y “La fábrica-ciudad”, que son pura propaganda estalinista, sobre todo el primero.

Sí. “Rusia” no es de mis favoritos y tuve muchas dudas de si incluirlo finalmente. No obstante, “La fábrica-ciudad”, aunque también es propagandístico, me parece más conseguido; incluso te diría que es un gran poema. Un gran poema de propaganda, claro. Pero hay que leer con ojos de crítico para realizar una antología.

En cualquier caso, estos poemas deben ser contextualizados y el lector tiene que configurar una idea integradora y completa del poeta y del momento histórico que le tocó vivir. Por eso los recojo. Miguel Hernández había pasado de ser un ferviente católico a un militante comunista en guerra civil. Su viaje a la Unión Soviética en 1937, en plena contienda, que es de donde se derivan esos dos poemas, fue una suerte de iluminación. Vio lo que quería ver, o lo que le dejaron ver. Volvió más convencido incluso. Quién sabe lo que le habría pasado a partir de 1956 y del XX congreso del PCUS. Fueron años muy controvertidos. Algunos intelectuales nunca asumieron ni quisieron aceptar los horrores del estalinismo.

¿Cómo definirías –si es posible hacerlo– el legado de Miguel Hernández en la poesía en lengua española?

Evidentemente es un poeta imprescindible. Entre los cinco o diez imprescindibles del siglo XX. A la altura de los más grandes. Un poeta que los jóvenes leen con fervor y que en líneas generales no ha pasado de moda. Una referencia. Tiene sonetos antológicos, por no hablar de su “Elegía” a Ramón Sijé, que es ciertamente inconmensurable. Y poemas excepcionales… Su concepción revolucionaria del amor y su testimonio de vida final siguen siendo un ejemplo. Por eso lo eligen los jóvenes, por eso se sigue leyendo.

Viento del pueblo es uno de los mejores libros de poesía de compromiso jamás escritos, tal vez el más importante. Cancionero y romancero de ausencias es una muestra única de poesía que aúna lirismo e intimidad. Y su autor apenas había cumplido 30 años.

Eres un estudioso de la poesía española contemporánea. ¿Está presente la herencia hernandiana en la poesía que se escribe hoy en España?

Ya lo creo. Miguel Hernández se encuentra muy dentro de la poesía española. Es un autor que forma parte de la formación de los poetas. Un poeta que se lee en la juventud y en cualquier época, pero que conecta especialmente con la rebeldía juvenil y el deseo de justicia social.

Como te decía, Miguel Hernández se halla entre los imprescindibles. Entre las referencias básicas. Pero es más, no sólo diría en España, sino en el conjunto de la lengua española. Sorprende ver cómo leen a Miguel Hernández en toda Hispanoamérica.

La herencia hernandiana tiene que ver con el compromiso y la delicadeza, tiene que ver con la fuerza y la tenacidad, tiene que ver con la voluntad y la pasión. Tiene que ver con la lucha frente a las injusticias y con una propuesta material de la existencia, aunque nos cueste la vida, hasta el final, asumiendo todos sus riesgos. Tiene que ver con la honestidad.

¿Has descubierto cosas nuevas de Miguel Hernández luego de todo el tiempo invertido en la preparación de esta antología? ¿Lo lees de manera diferente a como lo leías antes?

Siempre se aprenden cosas nuevas de los grandes poetas, y Miguel Hernández lo es. Haber cuidado esta edición me ha descubierto nuevos ángulos y materias para releerlo y seguir estudiando. De hecho, tengo en mente varios acercamientos críticos sobre su obra. Es un poeta inagotable.

En otro orden de cosas: ¿qué diagnóstico haces de la poesía española actual?

Se publica mucho en España, y muy bueno. Además, en España se publican muchos autores y autoras hispanoamericanos. Las mujeres tienen mucho que decir. Las mujeres, sin duda, son de lo que más me interesa, así en general. Hay voces muy potentes.

¿Cuáles de esas voces tienes en mayor estima? ¿Qué poemarios publicados en los últimos años no dejarías de recomendar?

Hago reseñas a menudo en el suplemento Abril de Prensa Ibérica, de El Periódico, y ahí dejo muchas recomendaciones. Si ahora citara un libro o dos, sería injusto, porque son muchos los títulos interesantes que podría mencionar. Además, me interesa tanto o más la poesía hispanoamericana que la que se escribe en España, lo cual ya es decir. No seríamos nada sin haber leído a Octavio Paz, César Vallejo o Pablo Neruda. Y si habláramos de narrativa, igual.

Yo tengo la tesis de que, al menos desde la segunda mitad del siglo pasado, la poesía que se escribe en Latinoamérica es muy superior a la que se escribe en España. Esto puede ser una obviedad, por una mera cuestión estadística (el número de escritores a un lado y otro del Atlántico), pero me refiero a un sentido de riesgo con el lenguaje. ¿Qué piensas de esta geopoética?

Estoy de acuerdo. Incluso te diría que desde antes. Desde Rubén Darío hasta hoy, lo mejor ha llegado desde América. Rubén Darío es el más grande. No ha habido nadie más grande que él… Pero, ojo, no todo lo que llega de allá es revolucionario o sorprendente. También hay mucha poesía prescindible y verborreica.

En cualquier caso, lo cierto es que en Hispanoamérica la poesía es menos normativa que en España, con algunas excepciones, y eso ayuda a que se rompan los cánones y se explore en el lenguaje. Aquí, en España, ya decía Menéndez Pidal que desde el Poema de mio Cid la literatura española era realista. Eso es un lastre o corsé que no deja que se investiguen otras líneas. También es verdad que las investigaciones suelen quedarse en meros experimentos helados, ejercicios semióticos abstrusos y sin emoción.

En mi caso, como bien sabes, me interesa el diálogo entre la tradición y la vanguardia. Sin renunciar a los maestros que nos han precedido, sin renunciar a su magisterio, pero también intentando aportar algo personal y singular que vaya más allá de la mera imitación…

Mira, cuando yo era un adolescente y leí Residencia en la tierra de Pablo Neruda, me cambió la vida. No sé si entonces entendí todo lo que ahí se decía, pero fue una lectura que me impresionó profundamente. También Octavio Paz es uno de mis favoritos, junto con César Vallejo. Eso por citar tres autores que hoy se consideran clásicos.

Como ensayista y crítico literario, ¿cuáles son tus principales referentes del género en Latinoamérica?

Hay muchos libros muy interesantes. Pero si alguien está interesado en crítica y ensayo literario sobre poesía y no se ha leído El arco y la lira y Los hijos del limo, ambos de Octavio Paz, tiene que ir rápido a la librería a comprarlos y leérselos inmediatamente, porque son imprescindibles. Yo siempre le digo a mis alumnos que si no se han leído esos dos libros ya están tardando…

Háblanos un poco de tus lecturas cubanas; en particular, de poesía. Libros que te han marcado, autores que admiras o cuya obra sigues actualmente, etc.

La poesía cubana es muy próxima en mis afinidades y gustos. Incluso la crítica. Siempre recuerdo los acercamientos y las traducciones de Desiderio Navarro sobre semiótica discursiva, o sobre la intertextualidad. Lo leí mucho y lo trabajé mucho. Es muy importante para los que estudiamos teoría de la literatura.

En poesía hay muchos autores y autoras imprescindibles. Desde Carilda Oliver Labra a Reina María Rodríguez. Desde Liyanis González Padrón hasta Legna Rodríguez Iglesias o Martha Luisa Hernández Cadenas. La poesía cubana es una fuente inagotable, un manantial continuo de voces.

Hay varias antologías de poesía cubana contemporánea en distintas editoriales, todas ellas reseñables, pero comentaría una que me parece muy buena, de poetas rabiosamente actuales: Lenguas de marabú. Poesía cubana del siglo XXI (Polibea, 2018), editada por Verónica Aranda. Una excelente antología para todo aquel que quiera conocer a autores y autoras nacidos entre los años 70 y los años 90 del siglo pasado, es decir, actualmente en plena producción poética y vital.

Para terminar, y volviendo a la antología: imagina que un lector de hoy, quizás alicantino, quizás andaluz, y que muy probablemente es o quiere ser o será un poeta, tiene en sus manos y ante sus ojos Mis ojos y mis manos. La libertad, para él, no es la libertad cantada en aquellos versos de hace casi un siglo. La misma palabra, diferentes connotaciones. ¿Qué le dice el joven Miguel Hernández al joven lector de 2026?

Efectivamente, la libertad es un concepto que evoluciona. Lo que significaba para Miguel Hernández en ese momento no es lo mismo que significa para nosotros hoy… Cada generación debe ponerle sentido a su propio concepto de libertad.

Lamentablemente, la libertad es lo único que nos queda de la tríada de la Revolución francesa, ya que la fraternidad se cayó a las primeras de cambio, la igualdad también se esfumó y, por tanto, solo nos queda la libertad, gran caballo de batalla de la filosofía del siglo XX y lo que va del XXI.

Luis Buñuel tituló una de sus extraordinarias películas El fantasma de la libertad (1974). Cómo afrontamos ese proceso, tanto individual como colectivo, es una cuestión que va cambiando. Porque la libertad no es un concepto estático que debemos analizar kantiana o teóricamente, sino un proceso histórico en movimiento…

Miguel Hernández se asombraría mucho al descubrir la evolución del concepto de libertad. Yo creo que relativizaría las luchas y las preocupaciones. Les daría su justa medida. Pero sin ceder. Miguel Hernández era tenaz. Tenaz y entusiasta.

JORGE ENRIQUE LAGE
JORGE ENRIQUE LAGE
Jorge Enrique Lage (La Habana, 1979). Graduado de Bioquímica, carrera que nunca ejerció. Graduado de Edición por la Universidad Autónoma de Barcelona, carrera que intenta ejercer. Ha publicado los libros de ficciones El color de la sangre diluida (2008) y Vultureffect (2011), y es el autor de las novelas Carbono 14. Una novela de culto (2010), La autopista: the movie (2014), Archivo (2015, 2020), Everglades (2020) y Libros raros y de uso (2023).

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