enero 5, 2026

Son mentirosos e irresponsables, son represores

No podemos obviar que es una enorme irresponsabilidad la del régimen cubano el no haber evacuado a esos militares, sabiendo que no tenían capacidad para enfrentar a las tropas estadounidense
De izquierda a derecha, Cilia Flores, Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Lis Cuesta durante en Moscú, Rusia, en mayo de 2025
De izquierda a derecha, Cilia Flores, Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Lis Cuesta durante en Moscú, Rusia, en mayo de 2025 (Foto: Presidencia Cuba)

LA HABANA.- Si la treintena de militares cubanos abatidos durante la operación militar de los Estados Unidos en Venezuela son reconocidos en una nota oficial del régimen como “caídos en el cumplimiento del deber” y, además, es decretado “Duelo Nacional”, entonces en las muchas ocasiones cuando juró que no había tropas de la Isla participando en operaciones militares y de seguridad en territorio venezolano, la cancillería cubana estaba mintiendo descaradamente.

No solo eso, sino que también, en la tónica de lo dicho por la “ofendida” señora Johana Tablada —en ese fragmento de conferencia de prensa que algunos han hecho bien en subir a las redes sociales para recordarnos cuán hipócrita y mentirosa es la dictadura castrista— han estado ofendiendo al pueblo cubano, aunque eso es algo que, como el uso constante de la mentira, ya no debería asombrar a nadie.

Pero sí enojarnos, y bastante, aunque sea por esta vez. Porque esta ofensa y esta mentira sobre la presencia de efectivos en Venezuela son algo muy grave, tanto que aún pueden poner en riesgo al país si los Estados Unidos interpretaran ese engaño como otro acto de guerra. Sumando este a otros episodios recientes de agresión silenciosa, de infiltración de agentes, enmascarados en una crisis migratoria, en un éxodo masivo que, con tanto militar y esbirro colado en Miami entre paroles y faroles, han hecho evidente que existe una operación andando, para nada desligada del histórico y permanente despliegue de fuerzas en Venezuela, como si se tratara esta de una extensión de Cuba. Puesto que en esos términos —lo sabemos unos cuantos— hablan los jefes cubanos cuando están “en ambiente” y se refieren a sus intereses por allá.

Han sido mentirosos e irresponsables. Porque, más allá de que esos militares muertos eran conscientes de su papel como fuerza represora en Venezuela, y de que el entrenamiento como represores lo recibieron y perfeccionaron en las calles cubanas, quizá contra opositores y periodistas independientes, contra manifestantes pacíficos y pueblo en general. Puesto que es requisito de “lealtad revolucionaria” para ganarse una “misión”.

No podemos obviar que es una enorme irresponsabilidad la del régimen cubano el no haber evacuado a esos militares, sabiendo, primero, que no tenían capacidad para enfrentar a las tropas estadounidense (cuya superioridad se adivinaba del mismo despliegue en el Caribe). Y, segundo, que la constatación por parte de los Estados Unidos de tal fuerza militar emplazada en Venezuela podía haber provocado la inclusión de Cuba en el teatro de operaciones de este 3 de enero, si es que no han pensado hacerlo en alguna otra fecha.

En tal sentido, y aunque sabemos que disfrazados de médicos, técnicos y enfermeros hay más de un represor haciendo lo suyo por allá, vigilando la dotación de esclavos y repartiendo amenazas como latigazos, igual han sido irresponsables con el personal de la salud que vivió y aún vive momentos de gran incertidumbre. No fue evacuado cuando el primer portaaviones se asomó a las costas venezolanas, y cuando comenzaron los ultimátums de Trump a Maduro. Pero una vez más se impusieron los dólares por ganar frente a las vidas por preservar.

No obstante, no necesitábamos la nota del régimen ni las declaraciones del gobierno de los Estados Unidos para enterarnos de la presencia militar cubana en Venezuela, algo que conocemos todos del lado de acá desde la época de Hugo Chávez, con elementos suficientes en nuestros entornos familiares y de barrio, para determinar que se trata de algo más que “colaboración” y más que de una incursión coyuntural de unos pocos soldados.

Por indagaciones nuestras, con familiares de algunos de esos militares en “misión”, hemos conocido que, si bien hay soldados que no ganan ni las gracias, solo la fortuna de, con su desempeño, ganar el derecho a una “misión mejor” en el futuro y tal vez una vivienda a su regreso a la Isla, igual los altos mandos cubanos pudieran estar recibiendo salarios entre los tres mil y cinco mil dólares mensuales, según el anillo de seguridad y el jefe venezolano al que sean asignados, o la complejidad del trabajo que realicen.

Hemos conocido, además, que entre dueños de mipymes y “emprendedores”, entre dueños de fincas y gerentes de hoteles, son unos cuantos los que, ellos o sus familiares más cercanos, hicieron sus pequeñas fortunas durante los años de servicio al chavismo, que no es otra cosa que la versión venezolana del castrismo. También que, incluso entre acusados y juzgados en las causas del “espía” y “corrupto” Alejandro Gil, hay implicado más de un ex oficial, más de un ex represor que llenó su “heroica” hoja de servicio allá en Venezuela. (Pero ya en otro momento, hablaremos de nombres).

Aunque pretendieron lo mismo, y fue en esos lugares de África y Centro América donde ensayaron primero lo que más tarde implementarían en todo su esplendor con Hugo Chávez, esto que hicieron en Venezuela no se trata ni de Nicaragua ni de la “epopeya de Angola”, aunque ahora el episodio del 3 de enero les sirva para alimentar un discurso gastado que necesita de mártires nuevos para revivir ciertas “nostalgias”, tan útiles para callar y adormecer a quienes se han dado cuenta de que en Caracas no hubo actos heroicos sino la demostración más bochornosa de la inutilidad de un ejercito que hasta ayer se pregonó invulnerable.    

A Venezuela ningún militar cubano llegó obligado ni engañado —como pudo pasar en Angola y como pudiera estar sucediendo con algunos efectivos enrolados en el ejército ruso en la guerra contra Ucrania, donde se han contabilizado miles los mercenarios cubanos— sino, por el contrario, viajaron hasta allá muy conscientes de la preparación que recibieron en los centros de entrenamiento especial y de la misión militar o de seguridad que debían cumplir, así como del salario que habrían de recibir y las “condiciones políticas e ideológicas” para merecerlo.

No son mártires ni su última acción fue heroica. No son ni los niños enviados con total conciencia a morir en el incendio de la base de supertanqueros en Matanzas ni los pobres soldados sepultados por la imprudencia del régimen en un polvorín en Oriente. Son, los militares cubanos en Venezuela, los mismos represores que entran a tu hogar irrespetuosamente. Los que te golpean y amordazan. Los que te ofenden a ti y a tu familia, Los que te intimidan para silenciarte. Los entrenados para matar cuando reciben, de la élite a la que jamás pertenecerán, una cobarde “orden de combate” contra el mismo pueblo al que sí pertenecen pero que desprecian.

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Efraín González

Bajo este seudónimo firma sus artículos un colaborador de Cubanet, residente en la isla por temor a represalias del régimen.