MIAMI, Estados Unidos. – El derrocado gobernante venezolano Nicolás Maduro se declaró este lunes inocente ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, en Manhattan, luego de que fuerzas estadounidenses lo capturaran el sábado pasado en Venezuela y lo trasladaran bajo custodia a Estados Unidos.
Durante la audiencia, Maduro afirmó ante el juez: “Soy inocente. No soy culpable. Soy un hombre decente, el presidente de mi país”.
La comparecencia, descrita por AP como un trámite breve que anticipa una batalla legal prolongada, tuvo lugar alrededor del mediodía. Maduro y su esposa, Cilia Flores, escucharon la audiencia con audífonos para la traducción del inglés al español. Ambos fueron trasladados desde una cárcel federal de Brooklyn a un juzgado en Manhattan bajo escolta armada.
Flores también se declaró inocente, según AP.
Los cargos contra Maduro son cuatro: conspiración de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos. El caso lo lleva la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York.
La acusación, según Reuters, sostiene que Maduro y otros dirigentes venezolanos “abusaron de sus posiciones de confianza pública” y corrompieron instituciones para “importar toneladas de cocaína” a Estados Unidos. También alega que dieron “cobertura policial y apoyo logístico” a grupos de narcotráfico como el Cártel de Sinaloa y la banda Tren de Aragua, con beneficios que, según el Departamento de Justicia, llegaban a altos funcionarios.
El proceso abre además un debate jurídico sobre si Maduro puede invocar inmunidad como jefe de Estado. AP señaló que sus abogados previsiblemente cuestionarán la legalidad del arresto y alegarán inmunidad soberana, aunque recordó el precedente del exgobernante panameño Manuel Noriega, que intentó sin éxito una defensa similar tras su captura por fuerzas estadounidenses.
En el plano político, la operación estadounidense ha provocado reacciones regionales y también impacta a La Habana, uno de los principales aliados de Caracas. El régimen cubano reconoció que 32 de sus oficiales de seguridad murieron durante la operación militar de Estados Unidos en Venezuela.








