septiembre 11, 2026

“La merienda cabe en una mano”: familias pagan miles de pesos para alimentar a sus hijos

La crisis alimentaria acentúa las diferencias entre quienes pueden costear un "refuerzo" y quienes dependen por completo del almuerzo de los centros educativos.
Loncheras de los estudiantes en un aula de Santa Clara (Foto: Laura Rodríguez Fuentes)

SANTA CLARA, Cuba ― Un video publicado el lunes 31 de agosto por la creadora de contenido conocida en redes como Sahily Yankier sobre el gasto que supone la merienda escolar desató polémica entre sus seguidores. En los comentarios, muchos le cuestionaron a la joven madre la elevada suma de dinero que habría destinado únicamente a ese propósito y alegaron que gran parte de las familias cubanas ni siquiera podía acceder a los productos que ella exhibía como parte de su rutina. La compra de refrigerios básicos como cajas de jugo, refresco instantáneo en polvo, galletas o mayonesa, según se muestra en el reel, ascendió a más de 25.000 pesos. 

No han sido pocos los creadores de contenido que en las últimas semanas han documentado el alto costo del regreso a clases. Aparte de la compra de artículos como uniformes, mochilas o los útiles, la merienda y los almuerzos representan la preocupación principal para las madres cubanas que en su mayoría cargan el peso de la “inventiva culinaria”. 

El martes 1 de septiembre, cuando en toda Cuba daban por iniciado el curso escolar, el almuerzo de varias escuelas primarias de Santa Clara consistió tan solo en arroz blanco y guayaba troceada. El resto de la semana le agregaron al menú pan y “un cucharón de chícharos aguados”, según coinciden testimonios de madres y padres cuyos hijos asisten indistintamente a varios seminternados del centro de la ciudad. 

“La bandeja de mi nieta el primer día estaba para foto, pero las maestras no te dejan ni sacar el celular en ese momento del almuerzo”, cuenta Vivian, abuela de una menor que asiste a la escuela primaria “Juan Oscar Alvarado”. Aunque en teoría no está permitido el ingreso de personal en horario lectivo a los centros educativos, en algunos seminternados han autorizado a los familiares a llevarles recipientes con comida al mediodía, o bien el “plato fuerte” para complementar la ración escolar. 

Vivian, enfermera jubilada, prefiere preparar con carbón el almuerzo en su propia casa, con tal de que su nieta esté bien alimentada y de que “no se enferme del estómago”. “Nuestra economía no es la mejor, pero al menos intento llevarle salchicha o huevo, que ya vale 180 pesos cada uno”. Agrega que “aparte de que es muy poquito lo que le dan en la escuela, la mayoría de las veces no está bien cocinado: el arroz está mal escogido o los granos quedan duros”.  

Entre abril y junio de 2023, el Food Monitor Program —un observatorio independiente dedicado a evaluar la seguridad alimentaria en la Isla— recopiló testimonios de varias familias sobre las condiciones de alimentación en centros educativos ubicados en las provincias de Pinar del Río, La Habana, Artemisa y Cienfuegos. Como resultado, el estudio arrojó una serie de irregularidades en las escuelas como la ausencia de agua potable y escasos alimentos de bajo valor nutritivo. En la capital, por ejemplo, los entrevistados aseguraron que sus hijos recibían a menudo alimentos no inocuos y en el mejor de los casos el menú se componía de sopa de arroz, pan y tomate.

Cartel en una escuela primaria de Santa Clara (Foto: Laura Rodríguez Fuentes)

El estudio de 2023 documentó falta de agua potable, escasez de alimentos y bajo valor nutritivo de los disponibles. Tres años después, las personas entrevistadas por CubaNet en Santa Clara sostienen que la situación se ha agravado. En tan solo una semana de curso, Yadira Vázquez, una madre de dos menores en educación primaria y secundaria, calcula haber invertido más de 5.000 pesos para garantizar las meriendas de sus hijos y el llamado “refuerzo” al mediodía. Su salario como dependienta le permite cubrir el gasto, inaccesible, según ella, para muchas familias que dependen de un sueldo estatal.

“La merienda que le dan a la mayor en la secundaria cabe en una mano”, describe Yadira. “Es un pan chiquito como el que venía a las bodegas, con aceite o una lasquita de embutido, a veces con queso fundido, y un vaso de refresco instantáneo caliente. ¿Qué puede alimentar eso a un adolescente en crecimiento?”, se pregunta la madre. “También hay muchachos que, aunque tienen que entrar en la sesión de la tarde, van desde temprano y se comen esa merienda porque no tienen más nada en sus casas”, lamenta.

En 2002 se estableció oficialmente el programa de meriendas escolares para las escuelas secundarias básicas urbanas. En aquel entonces, consistía en un pan de alto gramaje con cárnicos o lácteos, acompañado por un vaso de yogur de soya. Según una ficha del MINCIN, el programa fue diseñado para cubrir el 30% de las recomendaciones nutricionales para esas edades y garantizar la energía y los nutrientes necesarios para un crecimiento armónico. 

Como afirmó Food Monitor Program en una entrevista con Hypermedia Magazine, “la información oficial sobre la seguridad alimentaria en Cuba avalada por los organismos internacionales con presencia en la Isla resulta segmentada, desactualizada y a menudo reinterpretada desde criterios ideológicos”.

Yadira asegura, por ejemplo, que en las escuelas de sus hijas a menudo le recalcan que “el almuerzo está así de malo por culpa del bloqueo”. 

Según Food Monitor Program, el 78% de los hogares debía complementar la alimentación de los menores durante la jornada escolar, y más de la mitad consideraba insuficiente el almuerzo escolar.

Muchas de las familias que pueden permitírselo incluyen en las loncheras algún cárnico, frutas y ensaladas. En ese sentido, la investigación de FMP señala que existe una brecha palpable de disparidad del consumo de los alimentos entre los niños que pueden llevar un refuerzo de sus casas y los que no. 

“Como maestra con más de 30 años en esta profesión, puedo asegurar que nunca ha sido más triste para mí la hora de la merienda y el almuerzo como en estos tiempos que se están viviendo”, comenta a CubeNet en condición de anonimato una profesora de quinto grado recontratada. Recuerda que, cuando impartía clases en los años 2.000 en la escuela “Vietnam Heroico” de Santa Clara, se prohibía a los familiares ingresar con alimentos que entonces eran considerados un lujo —como pizzas o latas de refresco Ciego Montero— para evitar que fueran tan visibles las diferencias entre los estudiantes.

“Es doloroso ver que unos pocos niños pueden llevar hasta carne de res, huevo hervido o atún; otros, algún pedacito de mortadela criolla o picadillo; y algunos, absolutamente nada”, lamenta la profesora. “Eso es algo que se sale de mis manos; es un problema del país y los maestros no podemos arreglarlo. Desde mi función pedagógica, lo único que he podido hacer hasta ahora es prohibirles las burlas y motivarlos a compartir al menos el plato fuerte con sus compañeros”.

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