MIAMI, Estados Unidos ― Dos buques de combate litoral de la Armada de Estados Unidos atracaron el lunes 31 de agosto en la Base Naval de Guantánamo, que anunció ambas llegadas en su página oficial de Facebook y en el servicio de distribución audiovisual de las Fuerzas Armadas de EE.UU. Se trata del USS Billings y del USS Minneapolis-Saint Paul, dos unidades de la clase Freedom con puerto base en la Estación Naval de Mayport, en Florida.
El Billings arribó “como parte de su despliegue programado”, según la descripción que la instalación difundió el 1 de septiembre junto a las imágenes del buque escoltado por remolcadores. La Base lo presentó como el octavo buque de la variante Freedom y describió la plataforma como “altamente maniobrable, letal y adaptable”, concebida para misiones de contramedidas antiminas, guerra antisubmarina y guerra de superficie.
El recuento de flota de USNI News situaba al Billings, ese mismo 31 de agosto, operando en el centro del mar Caribe. La nave había sido enviada en junio a aguas de Venezuela junto al buque anfibio USS Fort Lauderdale para apoyar las labores de socorro tras dos terremotos, una misión en la que ambas unidades ya estaban asignadas a la Operación Southern Spear, según reportó esa misma publicación especializada.
El Minneapolis-Saint Paul, en cambio, está de tránsito. El buque zarpó de Mayport el 27 de agosto para un despliegue que incluye su participación en UNITAS 2026, el ejercicio naval multinacional de 24 países que comienza el 10 de septiembre frente a las costas de Lima, Perú. “La tripulación del Minneapolis-Saint Paul se ha preparado con un enfoque único para garantizar que nuestro buque esté listo para ejecutar cada misión”, declaró su comandante, Arthur Bond, al anunciarse la partida. La Base Naval de Guantánamo lo presentó como el buque número 11 de una familia de naves que, según su descripción, contrarresta “amenazas de minas costeras, terrorismo y submarinos furtivos”.
El jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis L. Donovan, ofreció el 29 de mayo, se reunió en la propia Base Naval de Guantánamo con el general cubano Roberto Legrá Sotolongo, viceministro y jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. El Comando Sur calificó el encuentro como “un breve intercambio sobre asuntos de seguridad operativa” y sostuvo, en declaraciones reproducidas por la agencia AFP, que la estación naval era “un centro operativo y logístico vital que respalda los esfuerzos militares de Estados Unidos para contrarrestar amenazas que socavan la seguridad, la estabilidad y la democracia en nuestro hemisferio”.
El Ministerio de las Fuerzas Armadas cubano informó que “ambas delegaciones valoran de positivo el encuentro” y que acordaron “mantener comunicación entre ambos mandos militares”.
Donovan ya había definido el papel del enclave ante el Congreso. En la declaración de postura del Comando Sur que firmó el 17 de marzo, el general la describió como “un punto de apoyo crítico que proporciona a la Fuerza Conjunta acceso regional, la capacidad de proyectar fuerzas durante contingencias y una presencia avanzada que respalda misiones emergentes”.
Desde esa misma base, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, advirtió el 10 de junio que sería “imprudente que el Gobierno de Cuba intentara adquirir u obtener acceso a tipos de armas que pudieran alcanzar esta base o el territorio estadounidense”. Ante los militares destacados en el enclave, el funcionario sostuvo que La Habana estaría “invitando el tipo de confrontación que no solo no quieren, sino que no podrían resistir” y afirmó que “lo que ocurra con el futuro de Cuba está en manos del presidente de Estados Unidos y de la dirigencia cubana”.
Preguntado poco después en la sede del Comando Central, en Tampa, por una eventual operación militar para capturar a Miguel Díaz-Canel, Hegseth no la descartó. “Todo lo que diría es: opciones, opciones, opciones. Nuestro trabajo es presentar opciones a distintas escalas, según hasta dónde quiera llegar el comandante en jefe, el presidente de Estados Unidos”, respondió a los periodistas, antes de añadir que “todas esas opciones” estaban “sobre la mesa”.
El representante permanente de Cuba ante la ONU, Ernesto Soberón, replicó que “el futuro de Cuba —un país soberano e independiente— pertenece única y exclusivamente al pueblo y al Gobierno cubanos” y que “cualquiera que crea que el futuro de Cuba está en otras manos está completa y absolutamente equivocado”.
La Habana mantiene su reclamo histórico sobre ese territorio. El canciller del régimen, Bruno Rodríguez Parrilla, afirmó el 23 de febrero, al cumplirse 123 años de la formalización del tratado por el cual EE.UU. controla 117,6 kilómetros cuadrados de la bahía, que la base “fue establecida sin consentimiento legítimo del pueblo cubano, y en contra de los principios del derecho internacional”. El ministro cubano sostuvo que la instalación fue empleada como centro de torturas y funciona hoy como centro de detención ilegal de migrantes.










