LA HABANA, Cuba. – Según la agencia Reuters, la acumulación de basura en cada esquina de La Habana es uno de los impactos más visibles de la apuesta de Estados Unidos por impedir que el petróleo llegue a la Isla. Pero si le preguntan a Marbelis Suárez, dirá que, hasta sus 26 años, “siempre ha vivido entre la basura”.
“¿Eso quién no lo sabe? Eso no es nuevo”, afirma la joven residente en el barrio de Colón, en Centro Habana.
Desde hace años, en Cuba se ha convivido con deficiencias y retrasos frecuentes en el servicio de recogida de basura. Es habitual que los desechos permanezcan durante semanas, e incluso más tiempo, en esquinas y en contenedores desbordados, lo que atrae roedores, moscas e infecciones.
Según datos citados por Reuters, menos de la mitad de los camiones recolectores de la ciudad están operativos debido a la escasez de combustible. Las autoridades también atribuyen esta afectación a la rotura de varios de estos camiones y a la falta de piezas de repuesto; pero, sobre todo, al embargo estadounidense.
También desde que tiene uso de razón, dice Suárez, está escuchando “el mismo cuento”.
“En Cuba no hay nada por culpa del bloqueo, pero sí hay carros y combustible, por ejemplo, para reprimir a las Damas de Blanco cada semana”, denuncia la joven, quien se reconoce admiradora de este movimiento pacífico de mujeres opositoras.
Aunque no existan registros de este tipo, la basura en las calles debe ser una de las preocupaciones y quejas más frecuentes entre quienes viven en La Habana, para quienes el reporte de Reuters constituye una ofensa.
“¿Dónde estaba esa prensa internacional antes de que Trump presionara más al régimen? ¿Nunca vieron los basureros y los barrios infestados [de mosquitos y roedores]?”, se pregunta. “El problema real nunca ha sido el bloqueo ni Trump. Es que nunca han tenido el combustible suficiente porque vendían el que les regalaban”, concluye, tajante.
Si bien la policrisis que atraviesa el país —la peor desde el llamado “Periodo Especial”— se ha agravado tras la orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump el pasado 29 de enero, que amenazaba con imponer aranceles a quienes le suministraran petróleo a la Isla, cuando el régimen tuvo margen para emprender transformaciones e inversiones necesarias, optó por más trabas económicas y por mantener el control de la población a toda costa.

Raúl es un emprendedor de 35 años que, aunque reside en el municipio de Diez de Octubre, tiene su negocio de charcutería en el barrio de Jesús María, en La Habana Vieja. Denuncia que la basura que se acumula casi a las puertas de su establecimiento ahuyenta a los clientes y daña la imagen de su tienda.
“Lo que yo vendo es comida. De nada vale que adentro esté limpio y climatizado si los clientes tienen que pasar por ese vertedero para venir a comprar. Yo puedo encargarme de los desechos que genera mi negocio, pero no los de todo el barrio”, dice.
Los más jóvenes se muestran indiferentes, mientras que a mujeres como Ana les preocupa el panorama que están viendo. “La basura nos va a alcanzar”, dice.
De hecho, ya hay quienes, no muy lejos de allí, han sido alcanzados por las montañas de desperdicios.


En el barrio de Los Sitios, los montículos de basura forman parte del paisaje cotidiano. Han aparecido “microvertederos” que antes no existían. Justo en la esquina donde vive una pareja de ancianos, cada día vecinos de la zona dejan decenas de jabas con basura. Los desechos han escalado por la pared lateral de su vivienda, al punto de que se ha hecho imposible abrir las ventanas.
“No tienen a nadie que vele por ellos. Viven ahí y la peste invade la casa. Tampoco hay conciencia de que son personas mayores”, lamenta una vecina. “Hasta lugares emblemáticos de esta ciudad, ya sea por abandono o por estar en peligro de derrumbe, se han convertido en vertederos”, añade.
Una de las denuncias más reiteradas en la zona proviene de la parroquia de San Judas, ubicada en el corazón de Los Sitios. Vecinos, fieles y representantes de la parroquia —un importante centro de fervor religioso atendido por los Padres Escolapios— han alertado sobre la basura y los escombros que se acumulan a su entrada, y han denunciado el uso inadecuado de los equipos de limpieza y excavación, que han dañado las paredes del templo. CubaNet ha recogido las denuncias en varias ocasiones.
El pasado 23 de enero, los Padres Escolapios volvieron a quejarse en su página de Facebook no solo por el deterioro de su patrimonio material, sino también por “el daño profundo” a las personas que viven en la zona.
“Estamos cansados de ser invisibles. Cansados de que nuestras quejas caigan en oídos sordos. Esto no es solo un problema estético o patrimonial: es un problema humano, ético y de justicia social”, expresaron.
Como si con la basura no bastara, ahora los residentes de la capital se enfrentan a una nueva práctica que pone aún más en riesgo su salud: debido a las dificultades de recogida de desechos, muchas personas han optado por quemar residuos en las áreas municipales, lo que genera humareda, provoca alergias, empeora enfermedades respiratorias preexistentes y aumenta la contaminación local.
Esta tendencia preocupa a personas como Nadia, de 57 años, asmática y con una madre postrada, también asmática. “A veces no puedo abrir ni las ventanas, porque el humo se mete en la casa, se impregna en las ropas y en el pelo”, se queja.
Teresa, enfermera jubilada, advierte sobre las consecuencias: “La quema libera gases que afectan, sobre todo, a niños, ancianos y personas con problemas respiratorios. Esto ya es un asunto de salud pública”.

Nadia añade que no sabe quién le otorgó el título de “maravilla” a una ciudad cuyo paisaje es, desde hace tiempo, la suma de montones de basura, columnas de humo y gente que camina hambrienta.
En este escenario, que amenaza con todo tipo de enfermedades y afecciones pulmonares, los dirigentes han vuelto a hacer lo que mejor les sale: reunirse para hablar de “problemas” sin proponer soluciones efectivas, o soluciones cuya responsabilidad no recaiga en la población.
Según Granma, lo principal que se necesita para solucionar el problema de la recogida de residuos es “la cooperación y la participación de la población”. El medio oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC) puso de ejemplo a los municipios Habana del Este y Boyeros, donde nada más y nada menos ya “se han identificado un número significativo de equipos de tracción animal, las rutas y los mapas de donde debe recogerse la basura”.
No obstante, el reporte especificó que el mayor desafío estará en Centro Habana, Habana Vieja, Plaza de la Revolución, Playa y Diez de Octubre, áreas cosmopolitas con alta densidad de población y residuos.







