
El nuevo negocio que florece en La Habana
LA HABANA.- Un pregón recorre ahora mi barrio a cualquier hora del día: “¡La basura!” Quienes lo lanzan caminan por las calles empujando carretillas sobre

LA HABANA.- Un pregón recorre ahora mi barrio a cualquier hora del día: “¡La basura!” Quienes lo lanzan caminan por las calles empujando carretillas sobre

La falta de combustible y el deterioro de los servicios comunales han multiplicado los vertederos improvisados en la Isla, donde el humo de la basura quemada agrava la crisis sanitaria y ambiental.

La basura en La Habana escala como montañas, lo mismo al lado de una casa que en cualquier esquina.

Hoy es la República de Chikungunya y quienes la gobiernan, quizás conociendo lo que significa la palabra “chikungunya” en lengua Makonde (“doblarse por el dolor”), no están ni estarán jamás dispuestos a ofrecernos otra cosa.

Aunque los carteles de “no botar basura” se multiplican, la gente continúa arrojando desechos en espacios públicos: hay pocos contenedores, la mayoría está roto, y el servicio de recogida es irregular o inexistente.

En cada cuadra, manzana, barrio, pueblo o ciudad, familias enteras yacen abatidas, sin fuerzas para mover un miembro.

El vertedero improvisado genera preocupación entre vecinos y trabajadores del centro educativo.

En algunos puntos, los desperdicios llegan casi hasta las casas, ya sea por su frente o por el lateral. La fetidez se siente desde lejos.

En el corazón mismo de la capital pueden verse monumentales lomas de desechos sólidos que invaden las calles, entorpeciendo la circulación vehicular.

El cortocircuito en los cables ocultos bajo la basura se extendió hasta los cajeros automáticos ubicados en el Bulevar de San Rafael.

LA HABANA.- Un pregón recorre ahora mi barrio a cualquier hora del día: “¡La basura!” Quienes lo lanzan caminan por las calles empujando carretillas sobre

La falta de combustible y el deterioro de los servicios comunales han multiplicado los vertederos improvisados en la Isla, donde el humo de la basura quemada agrava la crisis sanitaria y ambiental.

La basura en La Habana escala como montañas, lo mismo al lado de una casa que en cualquier esquina.

Hoy es la República de Chikungunya y quienes la gobiernan, quizás conociendo lo que significa la palabra “chikungunya” en lengua Makonde (“doblarse por el dolor”), no están ni estarán jamás dispuestos a ofrecernos otra cosa.

Aunque los carteles de “no botar basura” se multiplican, la gente continúa arrojando desechos en espacios públicos: hay pocos contenedores, la mayoría está roto, y el servicio de recogida es irregular o inexistente.

En cada cuadra, manzana, barrio, pueblo o ciudad, familias enteras yacen abatidas, sin fuerzas para mover un miembro.

El vertedero improvisado genera preocupación entre vecinos y trabajadores del centro educativo.

En algunos puntos, los desperdicios llegan casi hasta las casas, ya sea por su frente o por el lateral. La fetidez se siente desde lejos.

En el corazón mismo de la capital pueden verse monumentales lomas de desechos sólidos que invaden las calles, entorpeciendo la circulación vehicular.

El cortocircuito en los cables ocultos bajo la basura se extendió hasta los cajeros automáticos ubicados en el Bulevar de San Rafael.
