febrero 23, 2026

Trump y Rubio: un binomio para respetar

La actual Administración de Washington ha dado muestras de gran sabiduría en sus políticas contra “el socialismo del siglo XXI”.
Donald Trump y Marco Rubio
Donald Trump y Marco Rubio. Collage: Cubanet

LA Habana.- Este martes captó mi atención, en este mismo diario, un trabajo periodístico de título impactante: “Trump vs. Rubio: el nuevo culebrón del régimen cubano”. Su autor alude a planteamientos que el propagandista castrocomunista Rey Gómez, sin el menor fundamento objetivo serio, formula sobre supuestas contradicciones entre los dos destacados políticos norteamericanos.

La idea que, de manera infundada y arbitraria, intenta transmitir Gómez es que el secretario de Estado pretende engañar al presidente para que, supuestamente, lleve adelante políticas contrarias al régimen de La Habana. Le doy la razón al autor del artículo: únicamente el pánico que embarga a los castrocomunistas ante las efectivas políticas estadounidenses puede explicar el aventurado planteamiento de su agitador estrella.

Porque, si hay algo que solo un orate intentaría negar, es la tremenda efectividad de las políticas que, para enfrentar al “socialismo del siglo XXI”, ha aplicado la actual Administración washingtoniana. Ahí están, para demostrarlo, la admirable operación de tipo quirúrgico que terminó con el dictador Nicolás Maduro y su mujer en cárceles neoyorquinas.

Y también —forzoso es decirlo— los pasos conciliadores dados por la nueva “presidenta encargadaDelcy Rodríguez” de Venezuela y su equipo, con vistas a normalizar relaciones con el gran país norteño. Aquí tendríamos que incluir el proyecto de Ley de Amnistía y la rápida reforma de la legislación sobre hidrocarburos, encaminada a normalizar las relaciones en ese rubro fundamental con el gobierno de Washington.

Pero todo indica que, al menos de dientes para afuera, el régimen castrista no desea darse por enterado de los cambios sustanciales escenificados en Caracas, los cuales son evidentes para quienquiera que no esté cegado por el fanatismo. Pero, bueno, también es verdad que el régimen de La Habana enfrenta medidas que lo afectan de manera mucho más directa.

Me refiero, claro está, a la efectivísima advertencia trumpista de elevar los aranceles a aquellos países que en lo adelante suministren petróleo a Cuba. Esta medida, sumada a la virtual desaparición de los envíos desde Venezuela, ha cerrado aún más las perspectivas del régimen imperante en nuestra Isla.

El panorama interno de Cuba es desolador. El transporte masivo ya no existe; las tarifas de los taxis se han hecho prohibitivas. La gasolina se encarece de manera constante y, aun así, no es fácil conseguirla. La única perspectiva razonable es que, ante las dificultades del transporte, los precios de los productos agropecuarios, de por sí altísimos, crezcan aún más.

Pero, al menos por el momento, la dirigencia castrocomunista parece haber optado por mantener las políticas tradicionales. Sus jefes siguen hablando de “continuidad”, de “resistencia creativa”. Actúan como si toda esa palabrería insulsa pudiera resolver los gravísimos problemas concretos que enfrentan los ciudadanos de a pie…

Por el momento no se observan contradicciones internas dentro del aparato castrocomunista. Aunque eso no quiere decir mucho: tampoco eran evidentes las fisuras dentro del chavismo cuando Maduro aún despachaba en el Palacio de Miraflores… Además, es evidente que, dentro del rico arsenal de Trump, nada impide que se repita en Cuba una operación similar a la realizada en Venezuela contra Maduro y su esposa.

Mientras tanto, hay que destacar que las herramientas de las que dispone la actual Administración norteamericana no son solo de carácter bélico. El propio secretario de Estado, Marco Rubio, hace apenas unos días, en la Conferencia de Múnich, hizo gala de un uso admirable de las herramientas de la alta diplomacia. Su discurso mereció el aplauso entusiasta de los aliados europeos allí representados.

Como comentó el colega uruguayo Washington Abdala en Infobae, “Marco Rubio acaba de pronunciar, acaso, el discurso más impresionante de la era Trump que hayamos presenciado”. Y en el bajante: “Sin estridencias, con franqueza quirúrgica, se perfila como el doctrinario pragmático que el mundo necesitaba escuchar”.

De manera que las perspectivas son variadas. En última instancia, el empleo de un golpe quirúrgico de gran maestría y absoluta efectividad —como el enfilado contra el dictador Maduro— o, por el contrario, de herramientas de carácter diplomático —también merecedoras del uso del adjetivo “quirúrgico”, según Abdala— dependerá fundamentalmente del camino que decida tomar el régimen de La Habana.

No debe faltar demasiado tiempo para que se tomen las decisiones correspondientes. Felizmente, tras dos tercios de siglo de control totalitario castrocomunista, el pueblo de Cuba, ¡por fin!, tiene elementos para confiar en que pueda comenzar a salir de la situación catastrófica en la que está metido ahora mismo. ¡Ojalá!

ARTÍCULO DE OPINIÓN Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.

Hipólito Echegoyen

Periodista independiente radicado en Cuba.