Jorge Mañach: un demócrata a toda prueba

A 65 años de su muerte en el exilio, la trayectoria de Jorge Mañach confirma su compromiso con la democracia frente a las dictaduras de Machado, Batista y Castro.
Jorge Mañach (Retrato tomado de La Jiribilla)

LA HABANA, Cuba — Este año se cumplió el 65.º aniversario del fallecimiento, durante su exilio en Puerto Rico, del pensador y ensayista cubano Jorge Mañach, intelectual de ideología liberal cuya prosa figura entre las más profundas y elegantes del siglo XX cubano.

Mañach nació el 14 de febrero de 1898 en Sagua la Grande. En 1923 se incorporó al Grupo Minorista y participó en la Protesta de los Trece contra la deshonestidad y la corrupción imperantes en el manejo de los asuntos públicos.

Muy pronto se destacó como un escritor de primer nivel. Entre 1925 y 1928 publicó dos de sus ensayos más conocidos: La crisis de la alta cultura en Cuba e Indagación del choteo. En 1927 fundó, junto con Juan Marinello, Francisco Ichaso, Martín Casanovas y Alejo Carpentier, Revista de Avance, uno de los principales órganos de la vanguardia literaria y artística cubana.

Se opuso a la dictadura de Gerardo Machado y fue una figura clave de la organización política ABC, con la que participó en muchos de los acontecimientos que sacudieron la isla durante la convulsa década de 1930.

En 1949 sostuvo, desde las páginas de la revista Bohemia, una interesante polémica con el poeta José Lezama Lima acerca del significado de la poesía y del papel de los intelectuales ante los problemas de la nación. Frente a la posición del principal representante del grupo Orígenes, Mañach defendió el vínculo del escritor con la vida pública y cuestionó la actitud torremarfileña que atribuía a Lezama y sus seguidores.

Mañach se opuso al régimen de Fulgencio Batista desde el mismo 10 de marzo de 1952 y utilizó los espacios de libertad que aún subsistían en la prensa para denunciar al gobierno que había quebrado el orden constitucional.

Esa oposición a Batista lo llevó a apoyar inicialmente la Revolución de 1959, cuando el nuevo proceso aún no se había declarado socialista. Sin embargo, durante la segunda mitad de 1960, al hacerse cada vez más visible la orientación comunista de las autoridades, Mañach rompió con el castrismo. Para entonces, Diario de la Marina había sido clausurado y Bohemia había pasado a manos del gobierno tras la salida del país de Miguel Ángel Quevedo; Mañach había colaborado asiduamente con ambas publicaciones. El 8 de septiembre de ese año, la Junta Superior de Gobierno de la Universidad de La Habana dispuso su jubilación forzosa.

Tras recibir una invitación de la Universidad de Puerto Rico para impartir un ciclo de conferencias, Mañach abandonó Cuba el 2 de noviembre de 1960 y se trasladó a Puerto Rico, donde enseñó en el recinto de Río Piedras.

El escritor, que padecía desde hacía años una grave enfermedad, murió en San Juan de Puerto Rico el 25 de junio de 1961.

Cinco días después, el 30 de junio, Fidel Castro pronunció el discurso conocido como “Palabras a los intelectuales”, en el que fijó los límites dentro de los cuales debían desarrollar su obra los artistas e intelectuales cubanos y formalizó la subordinación de la creación a los intereses de la Revolución.

En Tumbas sin sosiego, el ensayista Rafael Rojas reproduce declaraciones de Mañach recogidas en la entrevista “Habla para Bohemia Libre el Doctor Jorge Mañach”, publicada el 18 de junio de 1961, una semana antes de su muerte. El pasaje pone de manifiesto el repudio del pensador cubano a la dictadura comunista que se había establecido en Cuba:

“El establecimiento de una República Socialista Popular de Cuba es una doble traición. Primero, a la vocación histórica de Cuba, asociada a la de todos los países americanos bajo el signo de la libertad, consagrada en nuestra isla por más de medio siglo de luchas heroicas y por el designio democrático de nuestros padres fundadores. Después, es una traición al mandato tácito que Fidel Castro recibió cuando peleaba en la Sierra Maestra y a los convenios explícitos que firmó con otros grupos de la oposición. El pueblo de Cuba —todas las clases sociales y muy especialmente la clase media— le apoyaron moral y materialmente para que liberara al país de la satrapía batistiana, y después, con la autoridad de esa victoria, convocase a unas elecciones, que sin duda habría ganado abrumadoramente, poniéndose así en condiciones constitucionales de hacer efectivas las grandes reformas y rectificaciones que la Constitución del 40 había ya contemplado. A lo que no estaba autorizado el fidelismo era a cambiar radicalmente, por sí y ante sí, la estructura institucional y social de la nación cubana sin el previo y el explícito consentimiento de nuestro pueblo, otorgado mediante un proceso de amplia decisión pública y en un ambiente de plena libertad. El asentimiento de una muchedumbre fanatizada ante una tribuna, no da autoridad bastante para alterar el destino que un pueblo se ha ido forjando desde sus propias raíces culturales e históricas”.

Biografía del autor:

ARTÍCULO DE OPINIÓN Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.