MIAMI, Estados Unidos ― Un empresario emiratí firmó con el Gobierno cubano una carta de intención para desarrollar un complejo turístico de lujo en Cayo Santa María que podría llamarse “Trump Island” si obtiene el derecho de emplear la marca del presidente estadounidense. El régimen no ha descartado una eventual inversión de Donald Trump o su compañía, aunque hasta ahora no existe ningún acuerdo con la Trump Organization ni autorización para usar su nombre.
La propuesta fue presentada por Ali Abdullah bin Haidar, presidente del grupo familiar Abdulla Ali bin Haidar Group, con sede en Dubái y presencia en los sectores inmobiliario, comercial y de inversiones. The National informó que la empresa suscribió con las autoridades cubanas una carta de intención relacionada con terrenos en el cayo, donde pretende levantar el complejo.
El vicecanciller cubano Carlos Fernández de Cossío fue cauteloso cuando The New York Times le preguntó por el proyecto el 30 de julio. Primero respondió: “Diría que no estamos considerando nada de ese tipo en particular”. Sin embargo, sostuvo que La Habana no excluiría a Trump o su organización como potenciales inversionistas y afirmó: “Lo que impide a Donald Trump invertir en Cuba son las leyes estadounidenses”.
La iniciativa salió a la luz el 17 de junio, cuando The National publicó los resultados de una visita a La Habana durante la cual asistió a una presentación formal de inversiones organizada por grupos hoteleros estatales. El encuentro con empresarios internacionales, celebrado el 4 de junio, contó con la participación de altos funcionarios del turismo cubano.
Los documentos examinados por el periódico emiratí muestran dos torres coronadas por cúpulas doradas y con el apellido Trump en sus fachadas. No obstante, describen “Trump Island” únicamente como una opción de nombre bajo estudio y recalcan que no existe aprobación de marca, autorización comercial ni relación contractual con la Trump Organization.
Bin Haidar aseguró que su equipo contactó a representantes de la compañía estadounidense para solicitar los derechos de denominación. “Hablamos con la oficina de Trump y se mostraron receptivos. Presentamos la idea, pero todavía no ha sido aprobada por la parte estadounidense”. The National pidió una respuesta a la Trump Organization, pero no la había recibido cuando publicó su reportaje.
La primera fase incluiría un núcleo hotelero, una torre emblemática, espacios públicos y servicios asociados a un destino turístico integrado. El empresario sostuvo que las obras podrían comenzar antes de concluir 2026 si se obtienen las autorizaciones, pero reconoció que aún no existe un presupuesto definido. Según su versión, la construcción emplearía trabajadores e ingenieros cubanos bajo la supervisión de especialistas extranjeros.
La participación de la empresa de Trump afrontaría obstáculos legales más amplios que el permiso para utilizar la marca. La Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC, por sus siglas en inglés) establece que las personas y compañías sujetas a jurisdicción estadounidense no pueden hacer negocios ni invertir en Cuba salvo que la operación esté autorizada. Tampoco pueden, como regla general, comprar o arrendar propiedades en la Isla sin una licencia de esa agencia.
La propuesta surgió mientras el régimen intenta atraer capital extranjero ante el desplome de su industria turística. Durante la presentación presenciada por The National, funcionarios cubanos reconocieron que las terminales de cruceros estaban vacías y buena parte de los 18 aeropuertos internacionales y 10 marinas permanecía sin utilizar. Grupos estatales como Cubanacán ofrecieron decenas de instalaciones para contratos de administración, arrendamientos o inversiones conjuntas.
El embajador cubano en Emiratos Árabes Unidos, Norberto Escalona Carrillo, declaró al periódico que La Habana no veía obstáculos para conversar de negocios con representantes de Trump, debido a la trayectoria de su familia en el turismo y el entretenimiento. Las relaciones económicas entre Cuba y Emiratos incluyen un comité bilateral que ha identificado el turismo, la infraestructura, la energía y la agricultura entre sus áreas prioritarias.
El economista Ricardo Torres, exinvestigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana y profesor de la American University, consideró que las urgencias de la crisis han condicionado las medidas recientes del régimen. “Para salir de este atolladero, Cuba necesita capital, y una parte mayoritaria de este tiene que venir de fuera”, declaró a El País.
Cayo Santa María es una franja de aproximadamente 16 kilómetros de playas al norte de Villa Clara, comunicada con tierra firme mediante un pedraplén de unos 48 kilómetros. Forma parte de la Reserva de la Biosfera Buenavista, reconocida por la UNESCO desde 2000 y considerada un área de elevada sensibilidad ecológica y biodiversidad.










