LIMA, Perú — La persistente crisis del suministro de agua en la capital cubana ha impulsado la expansión de prácticas informales y de un mercado paralelo en el que el acceso al recurso depende, cada vez más, de la capacidad económica de los hogares, según denunció en redes sociales el proyecto independiente Food Monitor Program.
En un reporte difundido este fin de semana, la organización resumió el escenario con una frase contundente: “El que no roba no tiene agua en La Habana”, al describir la proliferación de bombas ilegales y la compra de pipas privadas como mecanismos de supervivencia frente al deterioro del servicio público.
De acuerdo con el informe, la situación se ha agravado desde la caída del Sistema Eléctrico Nacional en octubre de 2024, lo que extendió los ciclos de desabastecimiento incluso a municipios históricamente mejor abastecidos, como Centro Habana y La Habana Vieja.
“Todo febrero y marzo en mi barrio el agua ha estado con problemas… los vecinos que resuelven son los que se compran un ladrón de agua”, relató una residente citada por el reporte.
El llamado “ladrón de agua”, una bomba que succiona directamente el recurso desde las tuberías, se ha convertido en una alternativa frecuente para muchas familias, aunque su uso reduce aún más la presión del sistema.
“Como cada vez más personas los usan, la fuerza baja más… el que no roba, no tiene agua”, añadió la misma fuente.
Según el informe, estos dispositivos pueden alcanzar precios de hasta 36.000 pesos cubanos en el mercado negro, en un momento donde recibir agua cada tres o cuatro días ya se percibe como algo habitual.
Otra vecina de Centro Habana afirmó que en su edificio han permanecido hasta 15 días sin suministro, lo que obliga a depender de tanques de reserva o de la compra de agua transportada.
“Usamos tanques interiores para resistir hasta una semana, pero si no llega hay que comprar pipas”, explicó.
El costo de estas pipas, de entre 8.000 y 10.000 litros, oscila entre 18.000 y 26.000 pesos cubanos, cifras que representan una carga considerable para la mayoría de los hogares.
“Eso encarece todo y dificulta lavar, limpiar, vivir”, señaló la residente.
El reporte también apunta a problemas en el suministro institucional, atribuidos a la escasez de combustible y a la falta de medios de transporte, mientras que en el circuito informal el servicio aparece disponible para quienes pueden costearlo.
“Hay que salvarlos (pagarles) para que te salven (ayuden)… ellos se arriesgan trayéndote el agua”, indicó otra de las voces recogidas.
Para Food Monitor Program, la combinación de salideros, corrupción y control estatal ha consolidado un sistema en el que el agua “fluye, pero no llega”, y donde el acceso al recurso depende crecientemente del poder adquisitivo de los ciudadanos.
Durante una conferencia con la prensa oficial del régimen, Yosvany Rubi Bazail, director general de Aguas de La Habana, y Abel Fernández Díaz, director de Acueducto, reconocieron que las afectaciones por la falta de agua alcanzan prácticamente a todos los municipios de la capital, con la excepción relativa de Plaza, Marianao y Centro Habana.
Incluso en esos territorios, admitieron, existen barrios y zonas puntuales con marcada inestabilidad del servicio.
Alrededor de 200.000 residentes de La Habana enfrentan actualmente afectaciones en el suministro de agua potable. Aunque la cifra representa cerca del 11 % de la población capitalina, el impacto es particularmente severo debido a la ausencia de alternativas reales para suplir un recurso esencial.










