Pastora Méndez, una habanera católica de 54 años, no quiere sonar pesimista, pero dice que, cuando piensa en el porvenir de La Habana, solo se le vienen a la mente imágenes de ruinas, de una destrucción total. Cree que no serán únicamente la antigüedad y el abandono estatal los que acabarán con el patrimonio material de la ciudad, sino también el irrespeto y la pérdida de valores cívicos y morales.
Para esta residente en el barrio de Los Sitios, tardarán todavía muchas décadas en extirparse lo que identifica como otro de los males heredados del comunismo cubano: la indiferencia y el irrespeto hacia la fe cristiana y hacia los espacios sagrados.
Su queja nace de una serie de incidentes que han alarmado a la comunidad cristiano-católica de la Arquidiócesis de La Habana. En distintos barrios de la isla, el abandono urbano y la desesperación cotidiana están dejando huellas preocupantes en lugares que, durante generaciones, han sido refugio espiritual y punto de encuentro comunitario: las iglesias. Ya no se trata solo de la acumulación de desechos en las inmediaciones de los templos religiosos; en varios casos, además, se han registrado quemas de basura que han puesto en riesgo el inmueble.
El caso más reciente fue el de la parroquia Nuestra Señora de Monserrate, ubicada en la popular calle Galiano, en Centro Habana. En la noche del 11 de abril fueron incendiados los desechos acumulados durante días alrededor del templo, y los bomberos tuvieron que presentarse por la magnitud que alcanzaron las llamas. Aunque la zona del templo no llegó a comprometerse, el incidente, sumado a otros ocurridos con anterioridad, reaviva el reclamo de soluciones que reduzcan la basura en las calles y eviten conductas que terminen afectando a toda la comunidad.



Antes, el foco estuvo en la Parroquia San Judas y San Nicolás, también en Centro Habana, de la cual Méndez es miembro, y donde es habitual la acumulación de basura en los alrededores. Pese a los años de luchas, quejas y gestiones con el Gobierno y con la comunidad para lograr una solución, la situación no ha hecho sino empeorar. Ya antes, tanto las montañas de residuos como los descuidados métodos de recogida habían comenzado a dañar las paredes del templo.

Un comunicado emitido por los Padres Escolapios informó que en la madrugada del 9 de abril “desconocidos prendieron fuego a la basura acumulada en la calle San Nicolás. Las llamas alcanzaron la puerta de nuestra iglesia, dañándola”.
En el mismo texto, los religiosos reconocieron que estas quemas no son casuales y que, en muchos barrios, algunas personas encienden desechos como forma de protesta por los constantes cortes de electricidad que afectan a Cuba y por la nula o insuficiente recogida de basura.
“Esa desesperación es real y entendible, pero eso no justifica que nuestra casa de fe, un espacio de encuentro y paz, resulte dañada”, afirmaron en el comunicado.
Estos hechos ocurridos en Centro Habana no serían los primeros. En su publicación, los propios sacerdotes recordaron que el 15 de marzo también prendieron fuego al antiguo claustro anexo a su iglesia, en Guanabacoa. Hasta la fecha, afirmaron, se desconocen las causas y no han recibido explicaciones.

Asimismo, aseguraron que han acudido a todas las instancias pertinentes, incluyendo reuniones con instituciones del Estado, y que se acordaron soluciones y se trazaron planes, pero que no se ha materializado un cambio real, por lo que el proceso ha quedado en “planificación y reuniones sin reflejo en la realidad”.
Anteriormente, denunciaron robos tanto en la iglesia de los escolapios, en Guanabacoa, como en la histórica Ermita del Potosí, del mismo municipio. Esta última, pese a ser reconocida como Patrimonio Nacional, por tratarse de una de las edificaciones más antiguas de la isla, ha pasado a convertirse en un lugar de saqueo, basurero y profanación dentro del cementerio que la alberga.
El reclamo de fondo: ni la crisis social excusa el daño, ni la inacción lo resuelve
En medio de una crisis que afecta a toda la población, los religiosos subrayaron que, si bien no solo el Estado tiene responsabilidad, ya que “son responsables quienes prenden fuego sin medir consecuencias y quienes ensucian sin control”, el origen de fondo, afirmaron, es la inacción sostenida ante problemas que llevan años denunciándose: basura sin recoger y ausencia de soluciones claras.
“Como comunidad, ya no sabemos a dónde más acudir. La paciencia se agotó. Las reuniones no sirven si no hay hechos”, concluyeron.
Para Méndez, la afectación en los templos no es un daño menor: se trata de espacios de peregrinación, culto y memoria, cuya conservación requiere protección constante, tanto por las autoridades religiosas como por las del Gobierno.
“Pero tenemos una Oficina de Asuntos Religiosos por gusto. Solo sirve como Departamento de Seguridad del Estado, pero en el ámbito eclesial”, plantea. A la famosa frase que afirma que a un país o a una sociedad se le puede juzgar por la forma en que trata a los animales, dice que debe añadirse también la manera en que cuidan —o destruyen— los lugares de culto, peregrinación y respeto colectivo.
De igual forma, considera justo recordar que, más allá de ser espacios de fe, tanto la Parroquia de San Judas y San Nicolás como la sede de los Padres Escolapios en Guanabacoa ofrecen desde hace décadas importantes servicios a la comunidad: encuentros de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos, guardería, repasos escolares, cursos de idiomas y talleres de artes e informática para niños y adolescentes, entre otros.
“No es justo que la rabia la estallemos contra las iglesias. Debemos recordar que la Iglesia siempre ha estado del lado del pueblo”, enfatiza la mujer.










