Cuando viví de niño en un pasaje en el número 61 de la calle Zequeira, en el barrio El Pilar, en Centro Habana, colindante a mi habitación vivían tres catalanes, solteros y muy vinculados a la Iglesia Católica, a quienes todos conocían por Esteban, El Baturro y Juan.
Un día, Juan nos dijo que se mudaba como custodio para la Ermita de los Catalanes, construida en una loma del kilómetro 8 y ½ de la carretera Rancho Boyeros, frente al centro recreativo Río Cristal, cerca del Reparto Fontanar.
Juan nos invitó a que fuéramos allí algún domingo, para mostrarnos el templo y comer unas exquisitas empanadas gallegas, como él las llamaba, que se encargaba de hacer a su gusto, rellenándolas con chorizo español y jamón (aún se me hace la boca agua al recordarlas).
La Ermita estaba toda cercada y tenía un paseo escalonado, dos calles laterales, con bien atendidos jardines a su alrededor. Allí, además de asistir a las misas, se podía disfrutar de la naturaleza y respirar aire puro.
En una esquina del amplio parqueo trasero, Juan tenía una modesta casa de madera donde moraba.
Yo andaba a mis anchas por todo aquel sitio e incluso empinaba papalotes, algo que me gustaba mucho.
Cierta vez, en una visita, corriendo por el paseo central que conduce hasta las puertas del templo, me caí y hubo que llevarme al médico con un ojo hinchado por el fuerte golpe que me di.
El primer emplazamiento de un santuario dedicado a la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, que hubo en Cuba fue en la calle Monserrate, frente a una de las puertas de la muralla que rodeaba La Habana. Inaugurado el 8 de septiembre de 1865, posteriormente tuvo que ser demolido por obstruir la entrada de la puerta de la muralla y mudado a la calle Galiano, donde aún se conserva.
En 1886 se proyectó hacer una ermita diferente, pero distintos obstáculos hicieron que durante más de tres décadas no se pudiera concluir la obra. Finalmente fue inaugurada el 24 de junio de 1921 en la llamada Loma de Tadino. Pero en 1951, al elegirse la zona donde estaba enclavada la ermita para construir agrupados los centros del gobierno, se demolió una vez más. Hoy se encuentran allí el obelisco y el monumento dedicado a José Martí, en la entonces llamada Plaza Cívica, rebautizada después de 1959 como Plaza de la Revolución.
Al demoler la ermita, conservaron los vitrales, el retablo y otros elementos de la construcción, que se trasladaron a la actual ubicación.
En esa zona, desde el siglo XIX, rodeado de fincas y abundante vegetación, existía un sendero que conducía a donde se enclavó el templo, al que llamaban el Camino de la Ermita. Así surgió la calle hoy conocida con ese nombre, Ermita, que tiene el trazado de la antigua senda.
Desde hace 64 años vivo a una cuadra de la calle Ermita. Esa palabra siempre me recuerda una canción española que gustaba mucho a mi madre y que decía: “Por el camino verde que va a la ermita…”.
El 12 de diciembre de 1952 se celebró la primera misa en la nueva edificación, que los arquitectos Vicente J. Sallés y Francisco G. Padilla hicieron a semejanza de una que existía en S’Agaró, Cataluña.
El santuario, que forma parte de los siete Tesoros del Patrimonio Cultural de la Cataluña Exterior, pertenece a la Sociedad de Beneficencia Naturales de Cataluña y fue construido gracias a las donaciones de familias catalanas radicadas en Cuba.
Hace varios años fui en dos ocasiones a la Ermita de los Catalanes, primero con una excursión organizada por los Hermanos de San Juan de Dios y luego cuando trabajé durante un año en la embajada de España. Ambas veces fue para asistir a las romerías que se celebraban cada 27 de abril, llamadas Día de las Rosas, antes de que el gobierno cubano se apropiara de ese festejo católico, lo rebautizara como Romerías de Mayo y lo trasladara para Holguín, despojándolo de su sentido original.
Recientemente, pasé en ómnibus por la Ermita de los Catalanes y he visto su verja de hierro cerrada. Antes el sitio estaba siempre abierto a cualquier visitante.
No sé si aún dan misas allí. Mi colega y amigo Luis Cino me comentó que hace once años, cuando el mayor de sus nietos fue bautizado allí, el lugar todavía se mantenía bien atendido. Hoy parece un sitio abandonado.









