LA HABANA, Cuba ― Los gobernantes cubanos expresan con bombo y platillo que Cuba no está sola cada vez que reciben alguna donación de arroz, leche en polvo o insumos médicos provenientes de gobiernos amigos o “grupos de solidaridad” con la Isla. Pero, de lo que realmente necesita el país en este momento para salir del atolladero en que se encuentra, y en el que el pueblo asume la peor parte, nada.
Después del arribo varias semanas atrás de aquel buque ruso con un cargamento de petróleo, no ha entrado al país ―al decir de los gobernantes― ni una gota más de petróleo. La poca energía eléctrica que se genera, al menos para la población, procede de la escasa producción nacional de petróleo, los paneles solares y las destartaladas termoeléctricas nacionales.
Al margen de cualquier impedimento objetivo para que un barco petrolero entre en los puertos cubanos, ha faltado la intención de los amigos del régimen para enviar petróleo a la Isla. ¿Por qué países petroleros como Brasil, México, Venezuela o Angola no han intentado hacerlo? El caso de este último es significativo. Se ha rumorado que con su producción petrolera es capaz de pagar su deuda comercial con China en pocos años. Sin embargo, no manda petróleo a un país que tantas vidas perdió en su guerra civil. ¿Es que acaso lo que se dice en Cuba es falso y las tropas cubanas en Angola eran vistas como mercenarias o colonizadoras, y no como internacionalistas que combatían por asegurar la independencia de ese país?
Por otra parte, algunos de los rubros económicos que le proporcionaban ingresos al régimen están hoy en franca caída. La firma española Meliá, que administraba importantes hoteles en la Isla, se ha retirado, y la cantidad de hoteles cerrados por falta de demanda es muy significativa, lo cual genera un amplio desempleo entre los trabajadores que laboraban en el sector turístico.
Los servicios médicos que el régimen presta en el exterior también se han visto mermados últimamente. Son varios los países que han decidido dar por terminada la presencia de médicos cubanos en su territorio. El más reciente de estos casos fue el de Guatemala.
Por otro lado, el hipotético prestigio del castrismo va desapareciendo en la región. A la reciente decisión de Ecuador de expulsar a todo el personal diplomático de La Habana, se une ahora la determinación del presidente electo de Colombia de no mantener abierta su embajada en la capital cubana.
Por último no podemos dejar de mencionar la reciente Cumbre Antiterrorista convocada por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la que tanto el convocante como el resto de los asistentes se comprometieron a luchar contra toda manifestación de terrorismo promovido por la izquierda internacional, y en la que señalaron al régimen castrista como un baluarte importante en la concepción y realización de actividades que erosionan las libertades y la seguridad de Occidente.
Claro que no diríamos que Cuba se está quedando sola para no incurrir en esa espuria práctica de los gobernantes de la Isla de identificar a su régimen con la patria cubana. En realidad es el castrismo el que va quedando a la desbandada.








