enero 4, 2026

Caída de Nicolás Maduro y consecuencias para el régimen cubano

Chavismo, madurismo y castrismo son una misma entidad. De modo que, si una parte mínima de ella sobrevive, el cuerpo entero pudiera reconstituirse.
Dictadores, dictaduras
Nicolás Maduro, Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel y Evo Morales en La Habana (Foto: Juvenal Balán)

LA HABANA.- Posiblemente la captura de Nicolás Maduro sea la gran noticia de 2026, pero apenas comienza el año y, teniendo en cuenta la importancia estratégica que el chavismo y luego el madurismo han tenido en la articulación desde La Habana de un eje de influencia política desestabilizadora para los gobiernos de la región, incluido Estados Unidos, los efectos de lo sucedido en Caracas pudiera desencadenar otros acontecimientos igual de significativos, sobre todo en Cuba.

Con las evidencias que existen no es acertado referirse a los vínculos entre Caracas y La Habana como una simple relación entre aliados políticos cuando las evidencias —incluida la fuerte presencia e influencia militar del castrismo en las fuerzas del régimen venezolano y en la estructuración de su policía política, la existencia de corredores falsamente “comerciales” para el trasiego de armas, efectivos, dinero, petróleo (y probablemente drogas) que conectan a La Habana tanto con el crimen internacional como con otros regímenes aliados, sobre todo en Asia— están demostrando que tanto el madurismo como el chavismo han servido de mucho más que de “complemento” u “apoyo”. Son en realidad una extensión de la dictadura cubana, la materialización del viejo proyecto de Fidel Castro de expandir y ejercer su poder en todo el continente americano.

Chavismo, madurismo y castrismo son una misma entidad. De modo que, si una parte mínima de ella sobrevive, el cuerpo entero pudiera reconstituirse. Tengamos bien claro —amén de las regalías— que no es La Habana la que se subordinaba a Caracas sino esta a un régimen al que se plegaba como garantía de gobernar a perpetuidad, siendo el de acá experto en sobrevivir a las “malas rachas”, en buena medida por su extensa red de influencias externas que se interna bien profundo incluso en Europa y Washington.

De ahí lo confiados que se mostraban tanto Nicolás Maduro como Diosdado Cabello con esa verborrea pseudopacifista y populista aprendida por acá. Y por eso, igualmente, lo limpia que fue la operación militar de los Estados Unidos, cuyos militares pudieron haber contado, para el factor sorpresa, con ese exceso de confianza que La Habana les contagiara a los dictadores venezolanos.  De modo que la caída de Nicolás Maduro —que en breve se traducirá en la recuperación de la democracia para Venezuela—  tendrá efectos devastadores para el régimen cubano, y acá lo saben muy bien, tanto que probablemente no puedan dormir tranquilos a partir de ahora.

Primero, porque la operación militar ha dejado bien claro que la “invulnerabilidad militar”, el “apoyo popular”, y la “guerra de todo el pueblo”, tan pregonados con golpes en el pecho tanto aquí en Cuba como allá en Venezuela se han revelado como el bulo que son.

Segundo, porque refugiarse a la sombra de Cuba y sus alianzas externas se hizo evidente que no es garantía de nada, igual que confiarse en un apoyo militar de Rusia que, como hemos apreciado, jamás se materializa y no pasa de las “reacciones diplomáticas” en tanto Moscú tiene asuntos más graves y urgentes que resolver por allá.

Tercero, la asombrosa precisión quirúrgica de la acción en Caracas, su brevedad y bajísima letalidad, desmonta el mito, la mentira, de que una acción bélica contra Cuba traería caos y destrucción, de modo que la opción ahora cobrará sentido entre los más reacios en la Isla a los cambios violentos. Lo cual dividirá aún más las fuerzas al interior del régimen y, por supuesto, las diezmará. (Cuando veas las bardas de tu vecino arder…). 

Cuarto, la dictadura ha perdido una importante fuente de financiamiento externo regular y se verá obligada a tomar dos decisiones frente a la disyuntiva de tocar o no sus reservas de divisas: o impulsará cambios económicos que, además de hacerla lucir mejor a los ojos del mundo, terminarán por conformar un sector privado no auténtico (pero sí más creíble que el actual) y que, a largo plazo, pasaría a ser fuerza con la capacidad de provocar algún tipo de transición política. O, la decisión más probable, elevará a partir de este minuto el grado de represión a niveles nunca antes vistos, con cortes de internet y electricidad aun más prolongados (con el fin de restringir aún más el acceso a la información, así como la fuga de esta), que igual desembocarán en estallidos sociales. Esta vez más difíciles de controlar, en tanto la experiencia venezolana viene a aportar ese elemento esperanzador tan necesario en medio de los discursos de desaliento promovidos por la dictadura durante años.

Hay más cosas en juego para un castrismo plagado de grietas profundas en su interior y que atraviesa ahora por su peor crisis económica y política. Más allá de lo que ha venido sucediendo con las entregas de petróleo venezolano- un elemento importante, no tanto por el combustible en sí mismo sino por el contrabando y la corrupción —, con la pérdida de Caracas como extensión de La Habana, los comunistas cubanos y en especial los militares se verán obligados a repensar, en circunstancias muy difíciles, cómo resignarse a lo ocurrido o reconstruir —tarea altamente improbable— más de dos décadas de “conexiones” materiales e inmateriales. Las cuales ahora quedan colgando en el aire, con el alto riesgo de ser expuestas al escrutinio público, o al menos a los servicios de inteligencia “enemigos”.  

Hay muchísimo por arriesgar con esta caída de Maduro. Probablemente hayan logrado rescatar buena parte de la información y el dinero que tenían por allá —de ahí quizás los vuelos privados y comerciales tan sospechosos y frecuentes que se registraron entre La Habana y Caracas estos meses finales— pero igual el golpe, por sí solo, es el preludio y la certeza de otras cabezas por rodar. Nos esperan días de tensión y de intensa represión en las calles cubanas. Ojalá sean los últimos de la dictadura.

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Efraín González

Bajo este seudónimo firma sus artículos un colaborador de Cubanet, residente en la isla por temor a represalias del régimen.