Billetes cubanos de hasta 5.000 pesos: “Por más que impriman, seguimos en la miseria”

La entrada en circulación de las denominaciones de 2.000 y 5.000 pesos choca con una realidad de precios altos, salarios que no alcanzan y el miedo a las estafas en el vuelto.
Un barrio de La Habana
Un barrio de La Habana (Foto: CubaNet)

“Los nuevos billetes no resuelven nada”, Leonardo Castillo lo dice sin rodeos. Para este holguinero, la realidad está a la vista de todos: “hay poca producción, hay pocas ofertas, lo único que sube son los precios y un salario que no alcanza. Por más billetes que impriman, seguimos en la misma miseria”.

Las opiniones de Castillo parten del anuncio realizado este 31 de marzo por el Banco Central de Cuba (BCC) sobre la puesta en circulación de billetes de 2.000 y 5.000 pesos. Estos últimos comenzaron a circular en La Habana el 1ro de abril. Ambas denominaciones luego se extenderán gradualmente al resto del país.

BCC justificó la medida con la idea de “facilitar las transacciones en efectivo, responder a las necesidades reales de la economía que demanda altas cantidades de dinero en efectivo, facilitando reducir los costos por la logística del efectivo y ganar en agilidad en la operatoria en los momentos actuales de inflación por la que atraviesa el país”.

Lejos de aliviar la falta de liquidez, la emisión de denominaciones más altas refleja la desigualdad entre un sector privado que necesita mover cantidades grandes de efectivo y, por otro lado, una mayoría de trabajadores atrapados entre salarios de miseria, precios altos y un mercado que rechaza el dinero expresado en menudo.

“Eso de los billetes nuevos suena bonito en papeles, pero en la calle la cosa es diferente”, advierte el holguinero Yosvani Montalvo. “Si el salario sigue igual y los precios suben cada vez más, ¿de qué me sirve a mí tener un billete de 2.000 o 5.000 pesos? El pueblo está cansado de medidas de las que no se ven resultados”, recalca.

Los datos económicos muestran números críticos: el Producto Interno Bruto (PIB) cayó un cinco por ciento en 2025 y hay una contracción superior al 15 % desde 2020, según un informe del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Por su parte, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei) fijó la inflación oficial de 2025 en 14,07 %.

Sin embargo, varios economistas independientes estiman que la inflación real en la canasta básica ronda el 70 % interanual.

“Lo de los nuevos billetes la gente lo ha tomado como una burla porque ya está cansada de promesas”, afirma Yanelis Torres. “Cada anuncio viene con una muela (explicación técnica), pero al final hay que seguir inventando para vivir”, añade.

Las cifras del mercado informal respaldan esa percepción: en Holguín el dólar cotiza a 530 pesos cubanos y el euro, a 590. Esta diferencia refleja una depreciación del 47,8 % en doce meses, pues en marzo del año pasado el dólar se cambiaba a 345 pesos.

Al cambio informal actual, un billete de 5.000 pesos equivale a casi diez dólares, mientras el de 2.000 pesos representa unos cuatro dólares. El salario mínimo estatal está congelado en 2.100 pesos desde 2021 y el salario medio mensual ronda los 6.989 pesos.

Ese ingreso apenas cubre entre el 15 % y el 22 % del costo de una alimentación básica, estimada en más de 50.000 pesos.

Jorge Luis Batista, vecino del reparto Peralta, cuestiona tanto la utilidad como la inequidad de la reciente medida bancaria. “El banco saca billetes de 2.000 y 5.000 pesos para que los dueños de las mipymes puedan comprar dólares sin tener que cargar con una carretilla llena de dinero”, ironiza. “En cambio, al pueblo nos dan billetes de cinco, de diez, de 20 pesos que muy pocos vendedores aceptan, y eso nos hace pasar trabajo”, añade.

Por su parte, Yudith Zaldívar habla a CubaNet sobre el rechazo generalizado de los comerciantes a los billetes de baja denominación. “Los billetes chiquitos (baja denominación) ya nadie los acepta. Vas a cualquier timbiriche (puesto de venta) y rechazan los de cinco, los de diez pesos; hasta los de 20 pesos murieron. Los dueños de negocios no quieren saber de menudo”, afirma la holguinera.

Sin embargo, pagar con un billete de alta denominación crea inconvenientes en las compras del día a día. “Lo de los billetes nuevos tiene sus pros y sus contras. Lo bueno es que ya la gente no tiene que andar con un fajo de dinero abultado”, opina Sofía Hechavarría. “Pero ¿qué pasa, por ejemplo, cuando vas a comprar el pan de la cuota que cuesta un peso? Si pagas con un billete de 5.000 pesos, al dependiente le será difícil darte el vuelto”, explica. “Y si por un milagro te da el vuelto, será en billetes de cinco, de diez y de veinte pesos y ahí mismo es donde están las estafas: a los ancianos que ya no ven bien los engañarán fácilmente, dándoles mal el cambio o pasándoles billetes falsos”, advierte.

El diseño del nuevo papel moneda incluye imágenes de mujeres con impresión a alto relieve. El billete de 2.000 pesos muestra a Mariana Grajales Cuello, con colores violeta y rosa, y el monumento del cementerio Santa Ifigenia. El de 5.000 pesos muestra a Celia Sánchez Manduley en color azul, junto al Memorial del Parque Lenin.

El Banco Central explicó las características de fabricación. “El papel que se utiliza en la confección es especial de seguridad para billetes de banco, con características acordes a los estándares internacionales, respetando su dimensión de 150 por 70 milímetros”. También describieron los elementos visuales. “Integrado al papel en sentido vertical en la parte derecha del billete, se ubicará un hilo de seguridad con efecto de movimiento donde se observarán, por el anverso, las siglas BCC y el número de la denominación”. Además, tienen marcas para personas con debilidad visual y una mariposa con efecto arcoíris.

“Creo que será muy difícil falsificar los nuevos billetes porque tienen muchas medidas de seguridad”, dice Ramón Oropesa. “Vi las fotos que publicaron y hasta por el reverso hay marcas de seguridad. Parecen billetes difíciles de falsificar. Pero el cubano inventa, y hay gente que ha utilizado impresoras láser para falsificar billetes”, apunta. “En una ocasión, recuerda Oropesa, tomaron billetes de cincuenta pesos, los lavaron con cloro para borrarles la tinta y aprovecharon ese papel que ya trae marcas de agua y relieves para ciegos y, encima de eso, les imprimieron el valor de 500 pesos”.

Los expertos financieros alertan sobre los efectos colaterales. El economista cubano Elías Amor Bravo analizó la intervención monetaria y la definió como una “operación más demagógica que otra cosa”.

El especialista argumenta que la estrategia del Banco Central responde a un entorno con un efectivo circulante igual al 50 % del PIB. Señala además que 5.000 pesos resultan insuficientes para las transacciones grandes. Advierte que, si el Estado no reduce el déficit público, fijado en un 11 % del PIB, la inflación continuará.

Por su parte, la holguinera Susana León cuestiona la utilidad práctica de estas altas denominaciones impresas a la hora de adquirir los alimentos básicos diarios. “Quizá para contar el dinero sea más fácil sacar los billetes de 2.000 y 5.000. Pero para el día a día de una madre que tiene que alimentar a los hijos, como yo, eso no resuelve nada”, puntualiza Susana León. “Lo que resuelve es que bajen los precios y que el salario alcance”, finaliza la joven madre.

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