Victimismo político: Cuba, en el umbral de la guerra

Cuba podría no estar a las puertas de una invasión directa, pero sí al borde de una operación militar limitada en medio de las actuales tensiones con Estados Unidos.
Participante en un "Día de la Defensa" convocado por el régimen
Participante en un "Día de la Defensa" convocado por el régimen (Foto: MINFAR)

PUERTO PADRE, Cuba — Designado por el nonagenario general Raúl Castro como “sobreviviente”, según dijo, el gobernante Miguel Díaz-Canel declaró, en una entrevista con el periodista brasileño Breno Altman para el programa 20 Minutos, que es posible que Estados Unidos “intente agredir a Cuba”. Suena a victimismo político, ¿no?

Aun así, interpelado por legisladores, el jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan, negó que Estados Unidos estuviera modelando o preparando la toma y ocupación de Cuba mediante fuerzas bajo su mando o por ninguna otra fuerza militar que él conociera.

Pero el general Donovan dijo, en un comunicado oficial del pasado 21 de abril, que “desde el fondo marino hasta el espacio y a través del dominio cibernético”, Estados Unidos tiene todas las intenciones de aprovechar la “clara superioridad del ecosistema estadounidense” mediante el despliegue de “innovación de vanguardia”, en colaboración con los aliados de la región, para superar a quienes amenazan “nuestra paz y seguridad colectiva”.

Cuba está a solo 90 millas de lo que el general Donovan llamó “ecosistema estadounidense”, y ya en octubre de 1962 fue escenario de la Crisis de los Misiles, ocasión en la que se emplazó en el territorio cubano una base de misiles nucleares soviéticos, apuntando directamente a las principales ciudades de Estados Unidos. Pero, solucionado ese conflicto, rápidamente se produjo otro cuando fue instalada, en 1964, por el GRU —el Departamento Central de Inteligencia Militar de la extinta Unión Soviética—, la base de espionaje radioelectrónico de Lourdes, en las afueras de La Habana.

La instalación se mantuvo durante 38 años, hasta agosto de 2002, proveyendo a Moscú, y según admitió en mayo de 1993 el propio Raúl Castro, del 75% de toda la información estratégica. Sin embargo, según dijo a la CIA el coronel del KGB Stanislav Lunev, desertor en 1998, el espionaje a Estados Unidos fue aún mayor, pues, por citar un ejemplo, Rusia conoció la Guerra del Golfo en tiempo real: antes, durante y después, en todo momento de ese conflicto.

Las anteriores son solo dos muestras históricas de la situación de peligro concreto que ha representado el régimen castrocomunista para Estados Unidos, conflictos que desde 1959 hasta el presente mantienen vigencia, con antecedentes jurídicos, políticos, sociales y de influencias bélicas cubanas en África, Centro y Sudamérica, así como de subversión izquierdista influenciada por La Habana, no solo en las Américas sino también en todos los países donde posee representación diplomática, o del ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos), entiéndase, de inteligencia.

Son esfuerzos en los que participan Rusia, China y todos los regímenes contrarios a Washington; precedentes de hechos y de derechos que he recordado por estos días a quienes reiteradamente me han preguntado:

“¿Está Cuba a las puertas de una invasión militar de Estados Unidos?”

A esa interrogante he respondido diciendo: “Depende de lo que usted entienda por invasión, porque si se piensa en un desembarco de marines, o en una incursión aérea con paracaidistas, o de fuerzas especiales helitransportadas, para tomar o hacerse con tal o más cual objetivo o persona, yo no digo que no, pero veo esa posibilidad remota, pues, como dice el dicho, ‘el águila no caza moscas’, Aquila non capit muscas, dice el latín”.

Ahora bien, cabe una pregunta lógica en estas circunstancias: ¿qué misión cumplió un avión no tripulado, de última generación, utilizado por la Marina de Estados Unidos en tareas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, que el pasado 16 de abril, sin ocultarse —pero muy bien pudiendo hacerlo dadas sus prestaciones operacionales—, durante 16 horas voló frente a las costas cubanas, públicamente, al alcance de las plataformas civiles de rastreo aéreo y como diciendo: “¡Pues por aquí voy yo retratando todo allá abajo!”?

Entonces, a quienes me han preguntado: “¿Está Cuba a las puertas de una invasión militar de Estados Unidos?”, ahora digo: no.

Pero sí puede que esté en el umbral de una operación militar de alcance limitado. Lo que es parecido, pero no exactamente igual.

Una operación militar de alcance limitado —lo que no quiere decir que sea de objetivos menores— se caracteriza por: empleo de capacidades conjuntas; duración de tiempo y espacios limitados; alto nivel de precisión; elevado poder letal “asperjado” sobre el terreno; y elevada dependencia de la supremacía tecnológica.

Y según dijo el general Donovan, “desde el fondo marino hasta el espacio y a través del dominio cibernético”, Estados Unidos tiene todas las intenciones de aprovechar la “clara superioridad del ecosistema estadounidense” mediante el despliegue de “innovación de vanguardia”.

Esto quiere decir que, desde el punto de vista aeroespacial y con suficiente antelación como para permitir la planificación de las operaciones posteriores, la cosecha de radar estará dirigida al mapeo radioelectrónico de los objetivos propuestos, lo que llevaría a la supresión de todas las defensas aéreas y antiaéreas, de fuerzas navales o terrestres con capacidad de respuesta, así como de los medios de comunicación y los mandos y sus cuerpos de estado mayor, integrados por coroneles y generales, sí, pero protegidos por unidades de reclutas, sobre las cuales se dirigiría una “aspersión” de fuego.

Por supuesto, es una lluvia de metralla desde el aire, “rociando” el suelo. En estos primeros cuatro meses de 2026 así se ha mostrado. En Caracas murieron más de 30 cubanos en unos segundos; y en Irán, el alto mando político y militar ha sido dado de baja.

Los sobrevivientes lo saben. Y en este caso, es una clara desventaja de las fuerzas cubanas frente a las estadounidenses.

Esto no es secreto, es verdad de Perogrullo, y lo saben todos los jefes del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC), por ser egresados de las escuelas llamadas de “defensa”, y, por supuesto, lo saben por oficio los altos mandos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior.

Que ellos —Raúl Castro, Díaz-Canel y los generales del Buró Político del PCC— no busquen una victoria militar, sino una masacre de cubanos, es otra perspectiva, quizás, de victimismo político al enfrentar a jóvenes oficiales, soldados reclutas y a viejos milicianos cuasi inermes y hambrientos frente a fuerzas profesionales estadounidenses, armadas, entrenadas y avitualladas conforme a los principios de la guerra de vanguardia, con escasos flancos.

Es esa la que transformó el teatro de operaciones con el arte de la guerra posmoderna, donde gana uno, solo uno: el “dominio cibernético”, a decir del general Donovan, y no todos, a decir del eslogan de la “guerra de todo el pueblo”.

Dicho de una forma más simple: Estados Unidos no busca la guerra con Cuba. Pero no la evitará a costa de sacrificar sus prioridades políticas y de seguridad nacional en las Américas.

Y esa realidad, aunque no la sabe el llamado “Líder Histórico de la Revolución Cubana” por quienes debían saberlo —Díaz-Canel y los generales del Buró Político del PCC—, Raúl Castro sí la conoce a través de las personas que parecen ser las únicas en quienes confía, que no son sus subalternos ni sus compañeros de años, sino su familia: su hijo, Alejandro, alias El Tuerto, y su nieto, Raúl Guillermo, alias El Cangrejo.

¡Pobre Cuba! ¡Pobres los cubanos! En los umbrales de una guerra inútil, haciendo de víctimas como si fuera por la patria, cuando, como es sabido, el victimismo político es la última arma, el último reducto de una política y de un Estado fracasado: el totalitarismo, más de familia que de dictadura del proletariado.

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